Puná, la isla que fusionó culturas

- 04 de octubre de 2019 - 00:00
Los estudiantes de la escuela Jhon F. Kennedy, en la comuna Cauchiche, presentaron un baile que mezcló las danzas costeñas, serranas y amazónicas.
David Guerrero / ET

Los habitantes del sur de Manabí y Santa Elena llegaron a la zona atraídos por la producción de madera, carbón y lana de ceibo.

En una camioneta doble cabina de inicios de este siglo, Apolinario Reyes traslada a los turistas que se movilizan entre cuatro comunas de la isla Puná, frente a la parroquia Posorja.

Reyes dejó su natal Portoviejo con el propósito de cultivar plátano en un suelo que, como pocos, no tiene aditivos químicos y aún así es fértil.

“Lo que falta es más agua, pero de ahí el sitio da para todo”, asegura el ciudadano portovejense.

Puná no es solo un lugar fructífero en productos agropecuarios, sino también en historias y leyendas. Una de ellas indica que en el sector habitó una princesa pitonisa llamada Posorjá que predijo la caída del imperio inca.

En su honor, los punáes  (cultura que se asentó  en la isla) bautizaron el lugar que hoy queda al frente de la isla cuando huyeron del emperador Huayna Cápac.

El sitio, desde épocas prehispánicas, es refugio de personas que llegan de otras zonas en busca de prosperidad.

Si bien algunos punáes llegaron a Posorja, otros   decidieron permanecer en la isla y de eso todavía hay vestigios, asegura Roberto Alejandro, director (e) de la escuela Jhon F. Kennedy, de la isla.

Además, los nativos en Posorja mantuvieron contacto con la isla y viajaban frecuentemente en canoas hacia Cauchiche, una de las comunas de Puná.

Entre las culturas que llegaron a fusionarse con los punáes se encuentran Machalilla  (sur de Manabí y Santa Elena) y Tumbes (norte de Perú). “Incluso,  durante la invasión española también nos atacaron los tumbesinos. Puná fue el escudo que impedía el ingreso de invasores a Guayaquil”, afirma Alejandro.

La evidencia del intercambio cultural está en los apellidos de quienes habitan en el sitio. Como nativos del lugar están Alejandro, Anastacio, Cruz, entre otros, aunque también se encuentran algunos que llegaron del continente, como Tomalá, Flores y Pozo.

Alejandro explica que antiguamente las personas de otros lugares arribaron a Puná atraídos por la producción de madera, carbón y lana de ceibo, que se usaba como materia prima de colchones.

La mayor conexión comercial de la isla está, precisamente, en el noroeste, cerca de Posorja.

Actualmente, las principales actividades puneñas se concentran en la ganadería y agricultura. Parte de la educación que reciben los niños de la isla es aprovechar el suelo para cultivo de plantas medicinales y hortalizas, como el nabo y la zanahoria.

Según la enciclopedia del Ecuador del historiador Efrén Avilés, la isla Puná  fue el principal asentamiento de los punáes, grupo liderado por el cacique Tumbalá.

Los nativos hablaban una lengua diferenciada de sus vecinos, que está prácticamente indocumentada por lo que se trata de una lengua no clasificada.

En la época de la conquista española, en abril de 1531, se dio la batalla de Puná, un enfrentamiento, encabezado por Francisco Pizarro, en el cual los conquistadores españoles lucharon con los pueblos nativos que resistieron el embate.

Puná fue declarada área protegida en 2009, ya que cuenta con cinco zonas de manglares. (I) 

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