La virgen de la Merced, la patrona de los mantenses y manabitas

- 27 de junio de 2019 - 00:00

Previamente a la conquista española, los residentes de Manta adoraban al sol, los peces, las serpientes y, sobre todo, al mar, que era su proveedor de alimentos y de vida.

Pero entre todos estos elementos que idolatraban, estaba uno en especial. Se trataba del culto a una esmeralda conocida como la diosa Umiña, cuyo templo -se cree- estaba donde se ubica la actual iglesia de la patrona de los mantenses, la Virgen de la Merced, puntualiza el historiador manabita José Elías Sánchez.

En la zona alta de Manta, sobre la Avenida 3 desde donde se observa una panorámica del puerto manabita, está ubicada la iglesia.

Según investigaciones de religiosos residentes en Manabí, las puertas del templo se abrían hacia el oriente y se encontraban siempre cubiertas de una tela blanca de algodón. El templo tenía su fama y era uno de los más famosos de América, tan solo comparable con el de Pachacamac, que era el dios de los peruanos.

Era visitado por peregrinos de todas partes, entre sanos y enfermos. El sacerdote del templo de Umiña -según reseña la historia en el texto sobre la iglesia de Manta- recibía ofrendas en oro, plata y piedras preciosas que fomentaban la riqueza del santuario. Sánchez explica que la diosa Umiña era una gema a la que le atribuían poderes de sanación.

El camino de ingreso al templo estaba ubicado a la altura de lo que hoy es el comienzo de la calle 16, frente al puerto, desde el malecón hacia la avenida 13.

Toda la estructura fue destruida por los españoles cuando llegaron a colonizar Manabí. Para ellos, los monumentos con desnudos eran obscenos y paganos. Entonces, cuando se asentó la población de Manta por ese sector en el siglo XVI, los nativos estaban apropiados del lenguaje, la vestimenta y  la religiosidad de los españoles. Los padres mercedarios (religiosos católicos que inculcan devoción a la Virgen de la Merced) instalaron una capilla para que las celebraciones religiosas fueran al modo de los católicos.

En aquel tiempo, geográficamente era el punto más alto de la nueva ciudad.

Manta, como puerto, recibía barcos que navegaban  entre Panamá y Lima.  

Parte de la ruta era para que se proveyeran de víveres y realizaran el mantenimiento y reparaciones de las naves.

En una ocasión llegó a finales del siglo XVI, un buque que llevaba a la Virgen de Monserrate cuyo destino final era la ciudad de Lima.  Pero a causa de una tempestad tuvieron que descargar a la Virgen en el pueblo.

Una vez cesada la lluvia, la nave volvió a zarpar pero otra tempestad la hizo regresar a Manta, por lo que tuvieron que descargar la imagen de la virgen. Ellos creyeron que era una señal y la dejaron en Manta, destaca el historiador.

Es así como Manta se convierte en un centro de peregrinación una vez más por un tiempo, pero los saqueos e invasión de piratas españoles hicieron que la gente huyera hacia las faldas de Montecristi y se llevaran a la Virgen de Monserrate.

Manta queda solo como servicio de puerto. Cuando retornan a poblar, esta se  vuelve parroquia eclesiástica, la iglesia de la Merced tiene como su primer párroco permanente al padre jesuita Julio Pierregrosse, el 25 de enero de 1923.

La virgen de la Merced,  patrona de Manta
Conocida como la patrona de la Costa ecuatoriana y generala del Ejército Ecuatoriano, La Virgen de la Merced fue ubicada en Manta en 1555.

La  imagen  fue donada por el emperador Carlos V, explica el vicario parroquial Tomás Serrano al relatar la historia de la Virgen.

La fe por la Virgen de la Merced está en tres cantones de Manabí: Manta, Portoviejo y Bahía de Caráquez, debido a que fueron puntos de encuentro de los españoles, quienes llegaron en  la orden de los Mercedarios.

En Portoviejo se celebra a la Virgen con la devoción que termina en fiesta.

 Mientras en la Sierra las conmemoraciones se realizan con mucho fervor.

En Manabí los actos religiosos conllevan mucha alegría y unión de las familias: llega el migrante,  los peregrinos o simplemente son un encuentro de parientes y amigos, agrega Sánchez.

En Manta, la fiesta religiosa y del comercio se efectuaba en octubre de cada año desde principios del siglo XX, pero cuando se declara que la celebración a  la Virgen de la  Merced sea en septiembre, este festejo se separa. 

“Los católicos acudimos a la iglesia a dar gracias a nuestro Padre Celestial y a nuestra madre, la Virgen de la Merced, a la que siempre le pido por salud”, manifiesta Julio César Villarreal, quien recuerda que la estructura del templo era mixta y que al frente de la iglesia estaba la playa. Eran  los años sesenta.

Entre los párrafos de la historia del templo de la Virgen de La Merced en Manta, se detallan cinco iglesias.

La primera, en 1546, cuando Manta apenas tenía unas 27 casas que eran de madera y paja.

La segunda fue construida con el aporte de limosnas a la Virgen de Monserrate en Manta. Fue entonces cuando el emperador Carlos V obsequia las imágenes de la Virgen de Monserrate y La Merced.

La tercera, en 1700, cuando los feligreses regresan a Manta y para 1730 construyen otra capilla. La cuarta fue abierta en 1878.

Mientras que la quinta es cuando Manta se empieza a desarrollar como un caserío, donde empezó a abundar el comercio con sitios establecidos. (I)  

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