La rebelión silenciosa de jóvenes y su consigna: reinventar todo

- 02 de julio de 2018 - 00:00
Los jóvenes buscan mayor participación en las decisiones importantes del país, a través del uso de la tecnología.
Foto: Archivo / EL TELÉGRAFO

La era de los pulgares ha comenzado. A esa conclusión llegó Michel Serres, doctor en filosofía, profesor de La Sorbona y la Universidad de Stanford. Se trata de un relevo generacional que trae nuevas formas de comunicación.

Ecuador hoy es diferente al de décadas anteriores. 3.3 millones de ciudadanos comprendidos entre 18 y 29 años, se alistan a tomar el relevo en el país. Son parte de los “millennials” o la generación que vive a su modo.

¿Qué significado tiene el proceso en el país? Que es una caja de resonancia del cambio global que afronta la humanidad.

“Pulgarcita” en acción

Alvin Toffler decía que el mundo ha vivido tres revoluciones u “olas”: la revolución de la agricultura, la industrial y postindustrial y la del conocimiento (actual). Michel Serres, filósofo francés, habla de dos revoluciones paradigmáticas: la primera, del paso de lo oral a lo escrito y la segunda, la aparición de la imprenta.

El mundo se apresta a recibir a una tercera revolución, guiada por las tecnologías de información y comunicación, que denomina “Pulgarcita”, al aludir al uso extraordinario de los pulgares para comunicarse, a través de una serie de adminículos como son los celulares inteligentes, las computadoras, las tabletas, etc.; que repercuten en todos los ámbitos de la vida.

No hay sector o sistema que quede fuera. Los cambios llegaron, van más allá de las tecnologías o las herramientas digitales. Es que el futuro se vive hoy. Al parecer la paradoja de la revolución de mayo, de París, de 1968, sigue vigente, cuando los jóvenes –los “contemporáneos del futuro”- construyeron desde entonces un nuevo mundo y nuevas realidades signadas por el inconformismo, la indignación y el anti dogmatismo.

Y el reto actual –con el concurso de las tecnologías - es crear esas nuevas realidades donde lo virtual es el corazón de la metáfora de “Pulgarcita” que se reinventa día a día, a cada instante, a través del manejo de los dedos pulgares y otras sensibilidades.

Los jóvenes en escena: reinventar todo

Esta aseveración tiene asidero no solo en los testimonios que vemos todos los días y en las tendencias que se consolidan en las nuevas corrientes de pensamiento, sino en el cambio de mentalidad registrada en un componente nuevo, como afirma Michel Serres: “Vivimos un mundo vertiginoso donde el saber ya no es lo más importante, sino la creatividad”.

La nueva generación es creativa, porque ha hecho de la innovación y el emprendimiento una escuela de formación; ha generado nuevos espacios, se comunica –vive conectado, sería más exacto-, y el mundo es concebido de manera diferente. ¡Ha nacido una nueva disciplina: la ciencia de la creatividad!

A lo anterior se añade un hecho trascendental, poco advertido: las instituciones establecidas ya no responden a los desafíos de la sociedad juvenil en ciernes, que tiene como métodos romper esquemas, generar nuevos aprendizajes, productos culturales y servicios imposibles de ser concebidos y practicados por las generaciones precedentes. La propuesta central es la conectividad –a través de “Pulgarcita”-, con la misión de reinventarlo todo.

Nuevos caminos

La alternativa, entonces, no solo es tecnológica o digital, sino también social y política. Las redes sociales marcan caminos para autoconvocarse y expresar ideas, libres de la sumisión, en procura de nuevos espacios para que la ciudadanía antes indiferente, se exprese.

En ese contexto, el periodismo ciudadano es real por influencia de las redes sociales. Los saberes y las decisiones de las élites ahora son discutidos o debatidos. El absolutismo progresivamente se derrumba. La sociedad conectada opta por lo plural y la democracia, mientras las restricciones quedan como simples dispositivos reglamentarios que no entran en el nuevo esquema, porque no llegan a conjugar con la mentalidad de los jóvenes, casi siempre libres, casi siempre irreverentes, casi siempre creativos.

“Pulgarcita” es, de hecho, “el nuevo genio, la inteligencia inventiva, la auténtica subjetividad cognitiva”, según el pensamiento de Michel Serres.

Nuevos caminos se abren en el mundo, donde la tecnología es la reina de los saberes, y la ética civil su impronta. La imposición, la prohibición, la norma o el dogma dejaron de ser referentes para una juventud que desea paz con alegría, justicia con solidaridad y un ambiente sano. Pide democracia política, equidad económica y respeto a la naturaleza.

¿Estamos frente al fin de la era del saber tradicional? La tercera revolución cultural está en marcha, al decir de Serres.

¿Y la educación?

Cuando los niños y adolescentes manejan los pulgares se convierten en protagonistas de un proceso inédito: descubren, por sí mismos, el mundo. Aparecen ante sí textos, imágenes, sonidos mientras están conectados.  Y la educabilidad –donde se enseña y reproduce el sistema- entra en entredicho, porque las fuentes del saber ya no son las bibliotecas tradicionales, los libros escritos, los profesores que manejaban con destrezas la pizarra, la tiza y el lenguaje oral…

Ahora, la rebelión silenciosa de los jóvenes repercute en la educación, el trabajo, la salud, el derecho y la política y todas las ciencias juntas. Aparecen nuevos lenguajes, nuevos códigos y nuevos espacios de aprendizaje que están en la “nube”. La sociedad libremente conectada reemplaza a las élites dirigentes –sus discursos, doctrinas y paradigmas- por el espectáculo, donde el mercado es un semidiós y la abundancia –de basura informativa- es una ironía.

Es curioso, pero el nuevo escolar, según Michel Serres, nunca vio un ternero, una vaca, un chancho o una nidada. Debe verlos en internet, pese a que seguimos comiendo de la tierra. El horizonte cultural ha variado ostensiblemente. Y lo que más preocupa es que en este escenario, la urgencia de una moral ha decaído. Y la escuela sin clases se torna en una alternativa que no llega al profesorado y al sistema educativo, que repite casi lo mismo todos los años.

La educación –la nueva educación- tiene que reinventarse, a la luz de las nuevas tendencias que surgen de las incertidumbres y desencantos de una juventud que busca encuentros con la naturaleza para defender la vida; encuentros con los otros y las diferencias y, encuentros con los saberes para desarrollar cambios reales y no maquillajes. (O)

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