¿Estándares de calidad en la educación, en tiempos de pandemia?

La pandemia ha obligado a autoridades y actores efectuar ajustes, en contenidos, procesos, métodos y evaluación.
04 de octubre de 2020 00:00

Un tema poco conocido es el de los estándares de calidad en la educación. En esencia, los estándares son parámetros o sistemas de comprobación de los logros académicos establecidos en la programación escolar. Y cuando se habla de calidad educativa estos estándares deben ser, necesariamente, medibles. La calidad es un concepto amplio, complejo y polisémico, que tiene relación directa con el rendimiento escolar en cuatro áreas básicas: Lenguaje, Matemática, Ciencias y Resolución de Problemas.

Calidad educativa

La Constitución establece en el Art. 26 que “la educación es un derecho de las personas a lo largo de su vida y un deber ineludible e inexcusable del Estado”, y en el Art. 27 agrega que “la educación debe ser de calidad”.

Para establecer qué es una educación de calidad –dice el MinEduc- “necesitamos primero identificar qué tipo de sociedad queremos tener, pues un sistema educativo será de calidad en la medida en que contribuya a la consecución de esa meta. Adicionalmente, un criterio clave para que exista calidad educativa es la equidad que, en este caso, se refiere a la igualdad de oportunidades, a la posibilidad real de acceso de todas las personas a servicios educativos que garanticen aprendizajes necesarios, a la permanencia en dichos servicios hasta la culminación del proceso educativo.

Los estándares

Los estándares de calidad educativa son descripciones de los logros esperados de los diferentes actores e instituciones del sistema educativo. En tal sentido son orientaciones de carácter público, que señalan las metas para conseguir una educación centrada en la satisfacción de las necesidades básicas de aprendizaje y como garantía de derechos y deberes correlativos.

Los estándares de aprendizaje son “descripciones de los logros de aprendizaje esperados de los estudiantes, y constituyen referentes comunes que deben alcanzar a lo largo de su trayectoria escolar”.

Así, por ejemplo, cuando los estándares se aplican a estudiantes, se refieren al conjunto de destrezas del área curricular que el estudiante debe desarrollar a través de procesos de pensamiento y que requiere reflejar en sus desempeños. Cuando los estándares se aplican a profesionales de la educación, son descripciones de lo que los docentes deberían hacer para asegurar que los estudiantes alcancen los aprendizajes deseados. Y cuando los estándares se aplican a las escuelas, se refieren a los procesos de gestión y prácticas institucionales que contribuyen a que todos los estudiantes logren los resultados de aprendizaje que requieren.

Componentes e indicadores

Los componentes de los estándares de aprendizaje son: 1. Destreza o habilidad propiamente dicha, (actuación o conjunto de actuaciones/saber hacer). 2. Contenidos en el sentido amplio e incluyente del término (un conjunto de saberes que pueden ser de naturaleza diversa). 3. Exigencias (precisión, exactitud, ajuste, complejidad…) que debe cumplir la actuación o actuaciones asociadas a la destreza o habilidad para ser considerada aceptable. 4. Contexto, condición o práctica que hacen referencia a las situaciones en que ha de manifestarse la actuación o actuaciones.

Los indicadores de calidad educativa “son enunciados que señalan qué evidencias se consideran aceptables para determinar que se hayan cumplido los estándares de calidad educativa”, según el Art. 14, numeral 2 del RLOEI.

Los indicadores de calidad educativa del estándar de aprendizaje establecen los niveles de logro: No alcanzado / No alcanza lo básico imprescindible. Nivel de logro 1 / Alcanza lo básico imprescindible. Nivel de logro 2 / Alcanza lo básico imprescindible y lo deseable. Nivel de logro 3 / Supera lo básico imprescindible y lo deseable. Más información: https://educacion.gob.ec/

¿Estándares en pandemia?

Para los docentes formados en el sistema presencial, los estándares de calidad son conocidos y aplicados, pero esta nueva situación creó un camino diferente. En casos hubo que improvisar, en otros prepararse sobre la marcha para incorporar las imágenes y sonidos, y componentes informáticos llamados aplicaciones, que terminaron de un plumazo el “dictado” y la clase tradicional, donde el profesor era el protagonista. Ahora el estudiante es el eje de la educación digital. ¿Y los estándares de calidad?

Se ha dicho en más de una ocasión que docentes y padres de familia tienen que reinventarse, porque, sencillamente, el modelo ha cambiado. La pantalla es ahora un recurso didáctico, y las aplicaciones, las herramientas más recursivas. A lo anterior se unen problemas como el exceso de “materia” o contenidos, períodos muy largos de clases virtuales, la falta de atención por parte de los estudiantes, y la ausencia de los padres –cuestión comprensible-, y en muchos casos la falta de conectividad.

Los expertos subrayan la importancia de trabajar con los niños máximo una hora al día, y con los adolescentes dos, siempre con el acompañamiento de un adulto. Pero hay puntos de vista diferentes.

La Sociedad Pediátrica Internacional y la Unesco han sugerido algunos puntos en relación a los tiempos de permanecer en pantalla. Los expertos subrayan la importancia de trabajar con los niños máximo una hora al día, y con los adolescentes dos, siempre con el acompañamiento de un adulto.



Otros pedagogos piensan diferente: que las videoconferencias como horas de clase son antipedagógicas, por lo que han diseñado otras opciones: compactar el currículo, incorporar experiencias de aprendizaje de los estudiantes, mediante actividades sincrónicas y asincrónicas. Al parecer, un sano equilibrio entre los dispositivos digitales y las actividades de apoyo es necesario.

En suma, los estándares de calidad en tiempos de pandemia son difíciles de controlar, pero hay que hacer esfuerzos. No olvidemos que el acto educativo se perfecciona cuando los estudiantes logran aprender; es decir, desarrollar destrezas y competencias para comprender los conocimientos y aplicarlos en la resolución de problemas. Esto se conoce como la meta cognición. (O)