Fotografía made in Ecuador
El aparecimiento de la fotografía, en el siglo XIX, fue parte de una larga tradición que inició en el Renacimiento con la “camare obscura”. Sin embargo, su llegada no podría ser más oportuna, en un momento en que, como sugiere Walter Benjamin, este invento “es el primer medio de reproducción de veras revolucionario”, nacido en la misma época del socialismo.
“No se trata de una casualidad, sino de una coherencia sincrónica entre una propuesta ideológica para un proyecto democrático de masas y una tecnología radicalmente nueva para la democratización de la cultura de masas”, como se lee en el libro La mirada opulenta, de Román Gubern.
Tampoco es casual que nazca en Francia, en medio del positivismo de Comte, pero también con la arrolladora burguesía que propugna una descripción más científica y exacta del mundo. Así, la fotografía logra algo que después se repetirá en nuestro país: que, al inicio, la clase media pueda tener acceso a un documento visual que antes era literalmente impensable. Lo propio ocurrió en Europa cuando los retratos –únicamente para hablar de uno de los estilos del Arte- eran onerosos para otro tipo de clase social.
Al inicio, fueron los reporteros gráficos, de una industria incipiente de los diarios, quienes poco a poco –muchas veces desde el empirismo- tomaron el pulso visual del país. Y no menos que los famosos fotógrafos de manga fueron quienes obligados por las circunstancias lograron legar a la historia visual documentos imprescindibles. Así, por ejemplo, a Rafael Pérez, quien tenía un oficio de 20 años, le correspondió –mientras retrataba a pocas cuadras del Palacio de Carondelet- tomar la impresionante fotografía del cadáver de Gabriel García Moreno, ultimado por Faustino Rayo, con 14 machetazos y seis balazos, en una conspiración de varios frentes, ese 6 de agosto de 1875.
Lo propio ocurrió con el dantesco asesinato de Eloy Alfaro, en el primer cuarto del siglo XX, donde la fotografía dejó testimonio del arrastre del líder liberal, pero también de una época. Esto a propósito de los jóvenes talentos de la actual fotografía de Ecuador quienes tienen el reto de ser contemporáneos, que van de la mano de centros especializados y universidades que apuestan por la imagen. Hay un real boom de fotógrafos de alta calidad en el país, y se espera –así como en el cine- que ahora las instituciones de cultura promuevan este arte que, en otros lados es parte constante de exposiciones y museos. La otra tarea, como lo hace el Consejo Nacional de Cultura, es recuperar la memoria fotográfica del pasado.
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