Ecuador / Domingo, 22 Febrero 2026

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“Bugonia”: el problema humano

Yorgos Lanthimos de nuevo nos pone ante una película que perturba: “Bugonia” (2025). En este contexto, recordemos de este director griego “Canino” (2009), “Alpes” (2011), “El sacrificio del ciervo sagrado” (2017) o “Pobres criaturas” (2024), entre otras, las cuales siguen el modelo de la comedia negra inquietante con sello propio.

“Bugonia” es un filme de ciencia ficción, aunque no en el tono que uno esperaría respecto a este género, porque nos sitúa en el presente, en algún lugar donde la vida es satisfactoria y en la que la interacción entre personas de una planta de agroquímicos y la gente del pueblo es el retrato del mundo contemporáneo industrial: todo parece estar en pleno equilibrio, siendo el trabajo cotidiano, pese a sus sesgos, soportable.

Lo cierto es que dentro de ese mundo hay tres personajes: una solitaria alta ejecutiva; y dos hombres, obsesionados, uno más que el otro, por teorías conspirativas acerca de que vivimos rodeados por alienígenas andromedianos que están destruyendo a la Tierra y a la humanidad. La evidencia es la muerte de las abejas, aunque pronto caemos en cuenta de que uno de ellos quiere vengar a su madre, que está en estado de coma, resultado de los productos fabricados por el laboratorio de agroquímicos. En este sentido, Teddy y su primo Donny, primero se castran químicamente y luego secuestran a Michelle Fuller, llevándola a su modesta casa fuera del pueblo. Ellos piensan que ella es una alienígena, la torturan y aspiran a subir a su nave andromediana para destruirla desde su interior y salvar a la humanidad. Puesto que no quieren sentir nada con la raptada, el autocastramiento es patentemente su forma de asegurar que su acto salvífico será un éxito.

El argumento, contado así, es delirante. Lo que parece en principio la historia de un secuestro realizado por unos individuos, pronto se torna en la cruda puesta en escena de conductas paranoicas. Es decir, lo que inicia como un interrogatorio errático de unos obsesos, poco a poco se transfigura en un duelo psicológico entre secuestradores y secuestrada, donde Lanthimos demuestra que se puede borrar la frontera entre la locura y la revelación; incluso en este contexto, el poder y la verdad llegan a ponerse en duda. El espectador queda entre la sospecha de que hay una oscura cuestión irresuelta y la duda de si la presencia de los andromedianos en la Tierra es una tomadura de pelo.

Sin embargo, tras todo lo que vemos, nos surgen algunas preguntas. La principal tiene que ver con la condición humana, en el sentido de que Lanthimos nos estaría planteando que todo ser humano es abyecto, es decir, tal condición es la abyección. La filósofa Julia Kristeva definió a la abyección en “Poderes del horror: ensayo sobre la abyección” (1980) de esta manera: “Abyecto. Es algo rechazado, del que uno se separa, del que uno no se protege de la misma manera que de un objeto. Extrañeza imaginaria y amenaza real, nos llama y termina por sumergirnos”. Para Teddy y Donny, ¿no es abyecta la figura de la empresaria, alta ejecutiva, dirigente de la industria agroquímica que mata las abejas y, con ellas, la vida misma en la Tierra, razón por la cual deben eliminarla al mismo tiempo que toda la sociedad capitalista que representa? ¿Con esta señalación y acto, no es cierto que quieren separar de sus vidas y las de su generación lo que consideran peligroso, por lo cual el argumento de que los empresarios o los industriales son andromedianos, es decir, alienígenas, es una elaborada justificación?

Con Kristeva diremos que Teddy y Donny pretenden librarse de lo abyecto; su extrañeza imaginaria los vuelve obsesivos al punto que la amenaza real ellos la identifican con claridad: son entidades ajenas a la vida misma. Pero hay algo más en el planteamiento de la filósofa búlgara: pese a que lo abyecto es algo que se quiere rechazar o que se quiere ver de forma externa, también, dice ella, este nos llama y vuelve a sumergirnos. En otras palabras, la abyección no solo está en el Otro, sino también en cada ser humano, en cada uno de nosotros. De acuerdo con ello, ¿la motivación y el acto de los dos hombres que implican crueldad (incluida su autocastración) contra una mujer, por más que esta sea una ejecutiva, no es, al mismo tiempo, una violación? Hay una perversa tensión entre la necesidad de volver al seno de la madre y el deseo de quebrantar totalmente a la joven ejecutiva, casi desnudándola, obligándola a bañarse en crema, imponiéndole usar un vestido rojo, además de someterla, ya sea en el camastro o el piso, transformando el acto sexual con tomas de “asfixiamiento”, como si fueran escenas de asfixia erótica. Lanthimos juega con la violencia excesiva y los deseos abyectos. Y no solo eso, la alta ejecutiva, Michelle Fuller, también muestra abyección y perversión. Ella es manipuladora, sabe de su poder seductor, conoce cómo llegar a los afectos por más que estos estén coartados, al punto que obliga al suicidio de uno de ellos, y lleva a que el más perverso del grupo, Teddy, termine envenenando realmente a su madre.

Basta decir, con estos apuntes, que Lanthimos logra una tensión interpretativa y psicológica marcada. De un lado, Emma Stone (la ejecutiva, con su perfil de controladora corporativa) y, del otro, Jesse Plemons y Aidan Delbis (los obsesos), escenifican una polaridad incómoda que se mantiene a lo largo del desarrollo del filme donde, a su vez, Plemons está retratado con una especie de vulnerabilidad violenta y una ambigüedad moral que engaña (porque luego nos enteramos de que es un asesino en serie). Contribuye a esto el sonido y la atmósfera (en cierto sentido surrealista), paradójicamente, con tonos brillantes, que crea el director. La tensión, a la par, se remarca con los silencios y ciertos ruidos ambientales, además de una música que enfatiza la estridencia, porque la intención es crear la sensación de claustrofobia, hecho muy característico en el cine de Lanthimos.

Pero hay algo más que no podemos dejar pasar por alto: la ciencia ficción. Es una ciencia ficción extraña, inquietante, desprovista de alguna parafernalia tecnicista. Y ese es el giro interesante de “Bugonia”. Podríamos seguir hurgando el tema de las relaciones en el seno del capitalismo, es decir, quién es el verdadero secuestrador y cuál el secuestrado, dadas las definiciones de poder, pero el problema que está de fondo es quién es el que provoca el desastre medioambiental y ecológico. Para los conspiranoicos, son los que tienen en sus manos las economías mundiales; o para los críticos sociales, los mismos seres humanos. Cabe decir que Lanthimos aprovecha la trama del filme coreano “Save the Green Planet” (2003) de Jang Joon-hwan; su película es una especie de “remake” de esta obra donde se perfilaba la cuestión de que hay algo exterior, algo incomprensible, que causa el deterioro medioambiental y que había que descubrir y combatir. El trauma del presente es precisamente este asunto y la película “Bugonia” es, digamos, una actualización en tono de sátira social mordaz. La ciencia ficción de Lanthimos (más allá de la de Joon-hwan) es la crítica a la realidad actual permeada por las teorías conspirativas, la desinformación y la polarización social. El hecho es que el filme de Lanthimos aprovecha todos estos elementos, además de los miedos colectivos,

para plantear una trama en la que aparece la percepción de la realidad deforme, donde los monstruos externos (los alienígenas) podrían ser espejismos.

Pero hay algo que debemos reconocer y es que Lanthimos en “Bugonia” toma partido. Su película, en efecto, es una crítica respecto a lo ecológico y lo medioambiental. No niega que el desastre planetario, del que somos parte, es producto del poder financiero y tecnológico de las corporaciones que pasan por alto las voces que alertan el peligro y la degradación que vivimos. El problema es que este hecho se presenta como un asunto familiar y personal, muy a tono del cine comercial anglófono. Pero, más allá de ello, en todo caso, la metáfora del alienígena es la del “impacto ecológico”, es decir, los otros son los culpables, o sea, los capitalistas, los que se han vuelto extraños a la realidad de la vida cotidiana. En este sentido, el relato sugiere una ironía cruel: si la gente es capaz de imaginar “seres externos” (aliens, es decir, extranjeros) que vienen a destruir el hogar (la casa, la propiedad privada), es quizá para evitar que se acepte que el sistema de consumo y la estructura social humana son los verdaderos motores del desastre y de la real extinción de la vida. “Bugonia” entonces sugiere que el desastre medioambiental no es solo un accidente, sino el producto de nuestro modo irresponsable de habitar el planeta. No importa si la amenaza (lo abyecto) viene del exterior (dígase de otro planeta, de otra civilización o cultura), sino el daño que toda la humanidad hace continuamente mientras, de forma irónica, mira al cielo buscando culpables.

“Bugonia”, así, es una crítica perturbadora a la responsabilidad humana sobre su propio desastre. En este marco, Lanthimos plantea una solución radical en tono apocalíptico: es necesario que la humanidad sea desconectada para que la naturaleza y la animalidad vuelvan a prosperar y, con ellas, la vida plena. El filme, en este sentido, si bien de ciencia ficción, es extraño, con un halo de horror misterioso: el verdadero virus es el ser humano. Lo único salvable es esa la propia naturaleza que el ser humano quiso dominar violentamente por lo menos los últimos trescientos años.

Finalmente, alguien preguntará: ¿qué tiene que ver el título del filme, “Bugonia”, con lo tematizado en este ensayo? Se sabe que, en la mitología griega, el hijo del dios Apolo y la ninfa Cirene, Aristeo, el cultivador de abejas, intenta raptar a Eurídice, la cual muere y, por dicho efecto, surge una maldición: que las abejas también empiezan a desaparecer. En su intento de reconciliarse con lo divino, Aristeo recoge el consejo de Proteo en el sentido de que debe sacrificar y dejar en la intemperie el ganado muerto. Se cree, entonces, que las abejas podrían renacer a partir de la descomposición de la carne de bovinos; en otras palabras, la vida resurge después de la muerte. Eso es “bugonia”, la generación espontánea de vida a partir de la carne muerta. Lanthimos, de este modo, le da un giro al filme del coreano Jang Joon-hwan y hace una versión más rica y mítica con un mensaje muy agudo: la humanidad debe ser cambiada y, con ella, todo su sistema que la mantiene. Un nuevo planeta esperanzador debe nacer de sus cenizas por más abyectas que sean. La naturaleza, en todo caso, será la encargada de sanearlas.

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