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La neuroeducación: el encuentro de las ciencias con la escuela

30 de agosto de 2020 00:00

Una de las debilidades del sistema educativo ecuatoriano es la ausencia de políticas y líneas de investigación, en los ámbitos de la educación, la pedagogía y la didáctica. Si bien las inversiones en la educación en los últimos años son ostensibles por el financiamiento que ha incrementado la cobertura escolar, la calidad constituye una debilidad de origen estructural por los factores complejos que entran en juego.

Fortalezas y debilidades 

Los datos oficiales demuestran avances cuantitativos importantes, especialmente en cobertura, pero en los cualitativos –asociados a la calidad- todavía se reconocen falencias. El Ecuador se ubicó en la media regional en los resultados TERCE, según la última medición de la UNESCO denominada LLECE (SERCE y TERCE).

Para el Instituto Nacional de Evaluación (INEVAL), si se comparan los resultados entre las pruebas TERCE ejecutadas en 2013 por el LLECE de la UNESCO, y también la prueba precedente –SERCE 2006-, ‘el Ecuador se encuentra entre los países con más avances en los aprendizajes’. Y subraya que ‘es importante destacar que el incremento de los puntajes en el desempeño educativo de Ecuador va acompañado de una mejor distribución de la riqueza, lo cual se evidencia con el índice Gini que pasó de 0,53 en el 2006 a 0,46 en el 2011; y de un incremento en el gasto público destinado a la educación que pasó de 2,6 % en el 2006 a 5 % en el 2013. En el caso del Índice de Desarrollo Humano (IDH) de 0,687 (2005) a 0,711 (2013). Lo que significa que se ha alcanzado un desarrollo humano medio alto.’

Políticas educativas: paradojas

Un punto importante digno de mencionarse es la ejecución de las ocho políticas educativas de Estado contenidas en el Plan Decenal de Educación 2006-2015, que fueron aprobadas en referendo por el pueblo ecuatoriano, que constituyeron una guía significativa para el desarrollo de los planes, programas y proyectos en marcha.

Pero lo paradójico del proceso estriba no solo en la poca o ninguna participación de los actores sociales, sino la ausencia de las universidades y sus centros de investigación, en el diseño y ejecución de las políticas públicas en educación, así como en la fundamentación científica de las reformas.

Necesidad de interconexiones

En el Ecuador existen pocos estudios sobre las neurociencias y sus relaciones con las escuelas y los procesos de aprendizaje de los estudiantes.  Las escuelas –salvo excepciones- actúan sobre sistemas formales, anclados a modelos tradicionales, donde la gestión del currículo –lo administrativo- supera a las teorías pedagógicas, así como a los fundamentos curriculares, que deberían formar parte de la actualización de los docentes, y a los estándares de aprendizaje de los estudiantes, sobre la base de sistemas de evaluación y calidad sustentados en parámetros científicos.

Tracey Tokuhama-Espinosa, investigadora estadounidense, ha identificado las interconexiones entre la psicología, el cerebro y la educación como ejes de sus investigaciones y publicaciones, que contrastan con los intentos de innovación desde el aparato escolar dirigido por el Ministerio de Educación, en el que prevalecen las estadísticas en financiamiento y cobertura, mientras que la calidad de la educación todavía es una deuda pendiente.

Y cuando nos referimos a la escuela nos encontramos ante un vacío no solo legal sino conceptual y pedagógico. La escuela responde a una cultura organizacional, que privilegia la cantidad de “materia”, en nombre de un currículo rígido, y donde los sistemas de evaluación compulsivos fomentan la incertidumbre, unidos a la falta casi absoluta de programas de investigación asociados a la educación, la pedagogía y la didáctica, para la toma de decisiones. Las neurociencias y la programación neurolingüística no pasan de ser espacios que se estudian en cursos especiales, sin mayor incidencia en las políticas públicas.

La neuroeducación, una transdisciplina

La educación y la psicología, consideradas ciencias siamesas, tienen como objeto de estudio la formación de los seres humanos y sus comportamientos, de manera especial en relación con los aprendizajes. Una rama especializada –la didáctica-, inventada por Juan Amón Comenio contribuyó a mejorar “el arte y la ciencia de enseñar”. También tienen su estatus propio otras ciencias afines: la sociología de la educación, la antropología, la estadística y la ecología de los aprendizajes, entre otras.

En la actualidad la neuroeducación es considerada una disciplina -o mejor, una transdisciplina- que integra varias ciencias de la educación, cuyo núcleo central es el estudio del cerebro como constructo interdisciplurocognitivo de los seres humanos.

Los gestores

En 1971, Arthur Benton publicó el libro “Introducción a la neuro psicología”. De ahí surgieron otras investigaciones sobre neuropsicología infantil y sus derivaciones: la neuropsicología del aprendizaje, la neuropsicología escolar, la neuropedagogía y la neurodidáctica. En 1988, Gerhard Preiss, investigador de la Universidad de Friburgo, introdujo la neurodidáctica como ciencia autónoma encargada del estudio de las relaciones entre el cerebro y la pedagogía.

Los recursos de alta tecnología han permitido el desarrollo extraordinario de la neuroeducación en los últimos años, a saber: las imágenes cerebrales, las pruebas genéticas, las simulaciones computacionales, entre otras, cuya utilización va más allá de los trastornos del aprendizaje, discapacidades, dislexia, autismo y defectos de atención. La neuroeducación intenta articular las ciencias del cerebro –conocidas como neurociencias- con las ciencias de la educación.

La doctora Tracey Tokuhama-Espinosa es una propulsora de las investigaciones sobre la neuroeducación, en el Ecuador. El libro  “Ciencias de la educación, mente y cerebro: una guía completa a la nueva enseñanza basada en el cerebro” (W.W. Norton), está basado en más de 4.500 estudios y contribuciones de los líderes del mundo, en la nueva educación centrada en el estudio del cerebro. (I)

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