Ecuatorianas también buscan la equidad en el fútbol

- 28 de julio de 2019 - 00:00
Foto: Carina Acosta / El Telégrafo

El 7 de marzo la Asamblea declaró el Día Nacional del Fútbol Femenino. Las deportistas piden que su labor se reconozca con salarios y apoyo como sucede con el fútbol profesional masculino.

Se unieron 60.000 espectadores al reclamo. La consigna “Equal Pay!, Equal Pay! (igualdad de salarios) retumbó en el Parc Olympique Lyonnais (Lyon, Francia) durante la final de la Copa Mundial Femenina de Fútbol de 2019. El 7 de julio Estados Unidos se consagró con su cuarto trofeo y exigió equidad en el deporte. Ecuador no escapa de esa realidad.

2019 marca un hito. El 7 de marzo la Asamblea declaró el Día Nacional del Fútbol Femenino. Además de un homenaje, supone un mecanismo contra la discriminación. En abril de este año se inició la Súper Liga, el campeonato en que participan 550 mujeres de 22 equipos con el objetivo de profesionalizarlo a mediano plazo.

¿Qué es profesionalizar? Fernanda Vásconez, propietaria del Club Ñañas, responde: “que una persona reciba dinero por la actividad que hace”. En el equipo que ella dirige, el 80% del plantel cuenta con un contrato por el salario básico unificado, $ 394, más beneficios. Pero esta no es una constante.

Mabel Velarde, exseleccionada y actual capitana de Católica, explica que no todas las jugadoras saben cuáles son sus derechos al ser fichadas.

La entrenadora, que asistió a la reciente Copa del Mundo, enfatiza que se necesita orden y transparencia para que la situación mejore; además de personal capacitado en cuestiones básicas, como salud. Por ejemplo, las futbolistas de la selección estadounidense integran un programa que estudia la influencia de la menstruación en su desempeño.

El campeonato en que se juegan 234 partidos en siete provincias es una iniciativa de la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF), para el cual se destinan $ 350.000. No se trata del primer torneo nacional femenino, pero sí es pionero en el desarrollo de un reglamento para formalizar esta práctica deportiva.

La informalidad es una de las complicaciones. En un equipo hay jugadoras bajo las categorías: profesional y aficionada. Esto implica que no todas perciben un sueldo; ni que tengan cubiertas sus necesidades de transporte, alimentación, vivienda. La escala salarial puede variar entre $ 80 y $ 800. En el fútbol femenino “confluyen distintas realidades y clases sociales”, insiste Velarde.

Hay casos de mujeres que dejan sus familias en otra ciudad para dedicarse al deporte; o que trabajan entre las 08:00 y las 16:00 para entrenar al final de la tarde.

El fútbol femenino vive un cambio y hay aspectos que deben atenderse para fortalecerlo a corto, mediano y largo plazo. Una prioridad es la publicidad y la venta de la transmisión de los partidos, que actualmente no existe. Cerca del 40% del porcentaje de la LigaPro Banco Pichincha (campeonato masculino) proviene de los derechos de televisión.

“Los equipos requieren una inversión fuerte, sobre todo aquellos que sobrevivimos con auspicio y taquilla”, advierte la dirigente de Ñañas. El valor de una entrada a un cotejo de la Súper Liga oscila entre $ 2 y $ 3,50. Además, los clubes deben asumir, entre otros rubros, el de la cancha donde juegan, que puede alcanzar los $ 100.

Al ser escenarios alternos no siempre es posible instalar presencia de marcas, lo que complica la gestión comercial. “Es importante que se revisen las multas que nos imponen. Por ejemplo, a pesar de que no tenemos ingresos fuertes, si no hay seis pasabolas en el partido, la sanción puede ser de hasta $ 300”, precisa la también exseleccionada.

En Ecuador se declaró el Día del Fútbol Femenino en respuesta a las problemáticas que se enfrentan. El asambleísta Sebastián Palacios, de SUMA, habla de un compromiso para visibilizar esta disciplina. El Legislativo discute una nueva Ley del Deporte que plantee política pública para garantizar la igualdad de género, mediante artículos que incentiven la presencia y participación de las mujeres. Ellas sortean prejuicios al incursionar en espacios dominados históricamente por hombres.

“Cuando una niña decide jugar fútbol, ya han pasado varios años en que pudo empezar a desarrollar sus destrezas motrices y coordinación”, señala la representante de Ñañas. El desafío posterior es dónde competir. En el país hay dos campeonatos nacionales: sub 16 y categoría absoluta. Existe un lapso para las chicas sub 12, sub 14 o mayores de 16 años en que no tienen espacio.

Las futbolistas rompen barreras y estereotipos. Se enfrentan constantemente al calificativo de “machonas” por jugar con el balón. Marili Cassis, coordinadora de Happy Feet (escuela de fútbol), concluye que, contrario a los prejuicios, este deporte es un vehículo transformador a nivel social.  

Es una oportunidad para acceder a becas y mejores posibilidades de estudio. “Bajo la disciplina del fútbol se crean grandes cosas. Las niñas se vuelven perseverantes y ganan liderazgo”. (O)

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