Se abrió la caja de pandora

- 09 de agosto de 2020 - 00:00

Colectivo Las Hijas de Pandora

Cuenca es una ciudad históricamente conocida por su cultura y belleza patrimonial. Pero también es el escenario de lealtades familiares y de un discurso conservador que ha sido cómplice de callar por décadas las voces de niñas, adolescentes y mujeres que han sido violentadas por hombres cercanos, de su propia familia; o por desconocidos.

Esta realidad -en Azuay 8 de cada 10 mujeres ha experimentado algún tipo de violencia (ENVIGMU, 2019)- es un espejo de lo que sucede en todo el Ecuador y Latinoamérica. De este lugar nacemos Las Hijas de Pandora.

Hace unos días, el 30 de julio, el testimonio personal sobre violencia de género de una joven cuencana fue publicado en Instagram. Esto bastó para que en cuestión de horas se sumaran nuevas voces de mujeres que hacían públicas vivencias similares que sufrieron en algún momento de sus vidas.

En menos de dos días el testimonio inicial contaba con más de 20 mil reproducciones a las que se sumaron nuevos casos. En tan sólo cinco días se recopilaron aproximadamente 500 testimonios.

Esto generó la iniciativa de un grupo de jóvenes feministas cuencanas, vinculadas a la lucha por los derechos humanos de las mujeres, a crear una plataforma en Instagram para receptar testimonios de víctimas de violencia de género. Toda aquella mujer que quiera compartir su historia de violencia puede hacerlo ahí. Puede hacerlo incluso en forma anónima. Es un lugar seguro.

Los testimonios se recolectaron a través de un formulario. Las cifras son impactantes. Al inicio fueron solo jóvenes cuencanas, pero pronto se sumaron mujeres de Quito, Ambato, Guayaquil, Loja. Incluso llegaron jóvenes mujeres del exterior que alguna vez vivieron en el Ecuador y que fueron víctimas de distintos tipos de violencia: psicológica, sexual, física y simbólica.

Existen varios factores que les impidieron a estas mujeres el acceso a la justicia. Entre ellos el machismo que existe en las instituciones y los operadores de justicia de juzgados y fiscalías, así como el abandono y revictimización que las mujeres sufren por parte de la sociedad y del Estado.

Por ello, nuestro compromiso también radica en visibilizar que, si bien es cierto que la mayoría de las mujeres sufre violencia de género, esta no es la misma siempre; pues opera de distintas formas que deben ser cuestionadas y erradicadas.

Muchas de las voces relatan violencia intrafamiliar, indican que el agresor estuvo en su círculo cercano, bien sea como familiar, amigo o compañero de clases. Estas agresiones se dieron dentro de sus hogares, en reuniones de amistades y giras estudiantiles.

Alrededor del 70% de casos relatan violencias ejercidas sobre jóvenes cuando ellas tenían menos de 18 años. El 25% de las jóvenes abusadas o violadas tenían entre 18 a 25 años y cerca del 6 % tenían más de 25 años al momento en que vieron vulnerados sus derechos.

Para la mayoría de las victimas esta es la primera vez que rompen el silencio y se atreven a hablar. En este espacio ellas se han encontrado con otras mujeres que pasaron por situaciones similares y han recibido el reconfortante apoyo de sus pares.

Muchas nunca pudieron expresar lo que pasaron ni lo que sentían ni en sus propios hogares, por lo que a través de estos testimonios existen familias que recién están conociendo lo sucedido. Casi todas habían decidido callar por temor a ser señaladas, por las represalias, las potenciales amenazas o porque se sentían avergonzadas o culpables de ser víctimas. Ahora estos silencios se abrazan entre sí para salir de la caja y para encontrar fuerzas con las que resistir.

Entre los primeros pasos que ha dado esta red denominada las Hijas de Pandora está buscar ayuda psicológica para las víctimas. Gracias a la confluencia de profesionales que de manera gratuita se han ofrecido a brindar contención a estas mujeres, a apoyarlas para su empoderamiento, y a trabajar para fortalecerlas haciendo una realidad el lema con el que se viene manejando la campaña: YO Sï TE CREO, MI VOZ ES TU VOZ.

Hay casos en los que de manera personal las sobrevivientes de violencia han tomado la decisión de avanzar a la instancia judicial. Para esto, abogados voluntarios se encuentran brindando asesoría legal con la finalidad de encaminar las acciones correspondientes.

La caja de Pandora, como su nombre lo indica, ha logrado destapar cientos de silencios y evidenciar una situación que hasta ahora no había sido visibilizada y abordada desde ninguna instancia. Estas jóvenes disidentes de un sistema que las vulneró, se han atrevido a actuar unas acompañadas por otras. A esto se ha sumado el apoyo social y de colectivos, organizaciones, y autoridades con las que se han ido encontrando espacios de confluencia.

Las Hijas de Pandora sabemos que esta caja no puede encerrar más silencios. Por eso, nuestra indignación, dolor y sufrimiento contenidos, se han convertido en pensamientos políticos para exigir ser actoras de un cambio, para contar todas estas historias.

En esta red que se ha fortalecido día a día, nosotras vamos a abrazar a todas las voces que vayan surgiendo y vamos a multiplicarlas. Vamos a hacerlas resonar alrededor del mundo. Para nosotras no eres tan sólo una cifra, para nosotras tu voz y tu historia valen.

Hoy te acompañamos y nos organizamos desde la sororidad en nombre de Yuri, Martina, Antonia, Martha, Sofía, Sol y por todas las que nos faltan, y que viven en las voces combativas que se levantan cada vez que hay una injusticia, cada 8 de marzo, cada 25 de noviembre. Cada vez que una nueva voz que ha permanecido amordazada decida gritar. Romperemos cuantas cajas sean necesarias para que los agresores nunca más tengan la comodidad de nuestros silencios.

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