Las limpias son el primer paso para purificar el cuerpo y el alma

- 12 de enero de 2019 - 00:00
Germán Nantipia vive en el sector de Santa Cruz, su especialidad es curar a base de la planta ayahuasca.
Fotos: Gabriela Alvarado / para El Telégrafo

En el cantón Gualaquiza, provincia de Morona Santiago, los curanderos o chamanes practican la medicina ancestral utilizando hierbas propias de la zona. Germán Nantipia sana a sus pacientes con la planta de ayahuasca.

La medicina ancestral no ha perdido vigencia en la provincia de Morona Santiago. Julio Tiwiran y Germán Nantipia se han convertido en líderes y médicos de sus comunidades.

La casa de Julio está en el sector conocido como Copriambitza, parroquia Mercedes Molina, cantón Gualaquiza. Para llegar a su hogar hay que pasar muy cerca de un árbol florido de Iñaco, que tiene un sabor similar al aguacate.

En su vivienda se observan fotografías con su familia, una de él con su título universitario, mientras que en una habitación contigua está una mesa de madera con diferentes implementos, tales como: huevos de gallina, piedras, preparaciones a base de plantas de la región y frascos.

Julio Tiwiran, curandero de la zona de Copriambitza, utiliza elementos como el huevo, piedras y ungüentos.Julio Tiwiran, curandero de la zona de Copriambitza, utiliza elementos como el huevo, piedras y ungüentos.

Julio es el sanador de la comunidad, aunque prefiere no tener denominaciones, “cuando me preguntan: ¿qué clase de médico eres?, ¿eres chamán?, ¿eres brujo?, ¿eres curandero? Yo les digo que trato de hacer medicina pura”, indica.

A sus 66 años utiliza el tensiómetro y el estetoscopio “solo para comprobar”, ya que detecta los males de una persona solo utilizando un huevo que -según él- es equivalente a los rayos X. También revisa las huellas dactilares de los pacientes y así obtiene un diagnóstico.

Para sus terapias emplea medicinas hechas a base de ayahuasca, peyote, san pedro, hongos y piedras. “Los ancianos shuar utilizaban el huevo, la gallina negra, el cuy negro, de vez en cuando el cuy blanco y, sobre todo, el agua, este último elemento era para todo”, menciona.

Cuenta, entre sonrisas, que nadie se le ha muerto, y añade “yo estoy muy contento, vienen mis clientes a veces en camilla y regresan caminando”.

Admite el curandero que este “camino” es sacrificado, porque se inicia con una “búsqueda de visión”, durante 15 días y 15 noches de ayuno y abstinencia, que es complementado con el humo del tabaco y el té de ayahuasca, que purifican el cuerpo.

Tiwiran asegura que la clave para conseguir el objetivo “está en que la sabiduría humana sea igual a la sabiduría espiritual”. El hombre planea ponerse un puesto de medicina integral. “Traeré un hombre que hable quichua, un shuar con técnicas de medicina shuar, un farmacéutico, un médico americano, boliviano y peruano”, explica.

Mientras tanto en el sector de Santa Cruz, del mismo cantón, vive Germán Nantipia. Él es un uwishin (chamán), que trabaja exclusivamente en rituales o ceremonias de sanación con la planta ayahuasca.

Cuenta que a raíz de un problema de salud en su juventud, recurrió a un pariente de su madre que era uwishin para que lo sanara.
“Él me curó de ese problema, y luego me dijo  que en la medicina me había puesto una semilla, para que fuera igual que él”, recuerda.

Con el pasar del tiempo, según él, esa semilla creció, comenzó a florecer y dio frutos. “En mi propia energía, en mis manos sentía algo que se calentaba, era como un imán que me llamaba a otro cuerpo”, manifiesta.

Desde los noventa empezó con limpias a niños, luego a adultos; actualmente se considera un catalizador de energía en los rituales del ayahuasca.

Dice que estas sanaciones por lo general, producen vómitos, hacen orinar o sudar. “Son rituales en los que uno elimina la carga negativa”.

A sus 60 años recibe a personas shuar, a turistas nacionales de Loja, Cuenca, Guayaquil, Quito, a europeos y estadounidenses. Para él, hay como una comunicación interna espiritual entre la persona y la planta.

La ayahuasca, según el curandero, se prepara en grandes ollas y en las ceremonias se usa su esencia.

El hombre realiza sus rituales en una casa shuar de 12 metros de diámetro con una innovación: en el centro de la casa se instaló un tubo de metal para que sostenga toda la estructura. “Cuando estoy en mi trance, de manera automática me viene la melodía y le canto a los seres de luz”.

Por medio de una pintura narra su cosmovisión, el sol como generador de la vida, Arutam como el gran espíritu, los seres de luz, tigre y pantera, finaliza. (I)

En la parroquia Mercedes Molina, cantón Gualaquiza, los curanderos son personas muy respetadas.En la parroquia Mercedes Molina, cantón Gualaquiza, los curanderos son personas muy respetadas.

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