Pedro Niño, director Nacional del Instituto Radiofónico Fe y Alegría

Pedro Niño: “La Iglesia necesita a las mujeres en el sacerdocio”

- 23 de diciembre de 2018 - 00:00
Foto: Mario Egas / EL TELÉGRAFO

El jesuita, que estudió Filosofía y Sociología en España, señala que la educación, a través de la radio, ha ayudado a que adultos de escasos recursos aprendan a leer y escribir. Esa metodología cumplió 45 años en Ecuador. En su opinión, el clero puede casarse y esquivar la soledad.

Su oficina tiene decenas de fotografías. Son recuerdos que atesora en el corazón. Allí está el jesuita español Pedro Niño, de 87 años, es  Director  Nacional del Instituto Radiofónico Fe y Alegría (Irfeyal). Es Comisario de la Asociación Ecuatoriana de Radiodifusión (AER), socio fundador de la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica (ALER) y de la Coordinadora de Medios Comunitarios Populares y Educativos de Ecuador (Corape). El sacerdote habló con EL TELÉGRAFO sobre la labor de Irfeyal, que ya cumplió 45 años de servicio a las comunidades más pobres de Ecuador y la Iglesia contemporánea.

La Navidad será el lunes. ¿Cuál es su significado espiritual?

Es la invitación de este hombre, que empieza siendo niño, para señalar un camino de fraternidad, de amistad, de cariño y de búsqueda de los demás. Él nos dice: “Lo que quieras para ti, quiérelo para los demás”.

¿Toda la actividad en Fe y Alegría qué le ha dejado?

Tengo satisfacciones súper profundas, de los 11 jesuitas que llegamos a Ecuador, solo quedo yo. A los niños los llevo en el corazón. Pero me dediqué en profundidad a la educación de los adultos, que son hombres y mujeres de la clase popular,  sin posibilidades ni oportunidades de aprender ni de crecer como personas.

Ustedes trajeron el programa de educación que aplicaban en España.

El padre José María Vela, del norte de España, descubrió que los jesuitas de Canarias tenían una metodología para enseñar. Ellos decían: si usted no puede ir a la escuela, la escuela irá a su casa. Cuando se escucha una novela mexicana o venezolana, usted abre su casa y la TV entra en ella. Y eso fue lo hicieron, pero con la radio. La educación, a través de ese aparato, ha dado muy buenos resultados. Lo ideal hubiera sido que los adultos paguen a la emisora, pero no podían hacerlo. Así que les dieron unos folletos para  repetir y unan a lo que les dicen en la radio. Hay tutores que, una vez a la semana, responden las interrogantes de estos radioestudiantes.

¿Cómo funcionó esa metodología en Ecuador?

Era novedosa y de educación integral, especialmente dirigida a los niños. Pero nos dimos cuenta de que los pequeños no tenían ninguna motivación para estudiar. Sus padres eran analfabetos, no tenían una formación, pero sí muchos valores. Entonces, sus hijos no tenían el impulso de aprender. El padre Vela pensó en cómo hacer para entusiasmar a los chicos. Porque los pobres solo tenían la cultura del músculo: sus papás decían que a los 14 años les enseñan a trabajar. En cambio, las madres sostenían que a los 15 años les enseñan a sus hijas a cocinar.

¿Cómo evolucionó ese programa?

Ahora hay libros, es un método activo. Logramos involucrar a gente de corazón generoso y formidable. Son 60 seglares casados, viudos y separados. Yo hice el 20% y ellos me han devuelto el 80%. Los estudiantes se juntan los domingos con nuestros voluntarios, que se  dedican entre dos o tres horas a trabajar y a ayudar a estas personas a aprender a leer y a escribir.

La imagen de la Iglesia católica está manchada por los abusos sexuales de los sacerdotes a niños y jóvenes.

El buen Dios juzgará, pero no podemos ocultar o callar esos hechos, tenemos que ser honestos. También creo que debemos cuidar a los padres para que no se sientan solos. Este problema es demasiado duro.

¿Esos clérigos que han cometido delitos deben ser expulsados de la Iglesia?

Por supuesto, hay que ser radical en estos casos. Esos sacerdotes no pueden estar en la Iglesia, es necesario decirles: ¡Ustedes no sirven para evangelizar! Adiós.

¿Usted cree que las mujeres deben ser aceptadas en el sacerdocio?

Ese tema es un poco más complicado. La mujer es igual al hombre. Debe tener las mismas oportunidades y posibilidades de ser feliz. La distinción entre mujeres y hombres la hacemos nosotros. Hay organismos que son machistas pero, en mi experiencia, las mujeres ecuatorianas tienen valores impresionantes y no veo las razones por las que no puedan ser admitidas en el clero.

¿Usted está a favor de que los sacerdotes se casen?

Sí. Lo importante es que el núcleo de la felicidad está en la familia. Debemos ser libres para escoger el camino más conveniente para nosotros; yo he tenido enamorada. Pero, desgraciadamente, muchas veces nos dejamos llevar por los sentimientos y no por la razón.

Usted es un padre contemporáneo, tiene una foto en motocicleta. ¿Qué recuerdos le trae?

Soy andinista y en Barcelona fui capellán de los scouts. Este despacho es un poco de la familia que he formado en varios países. A esta edad ya no puedo andar en moto. Pero cuando viví en Francia, Bélgica y Holanda usaba la motocicleta para viajar en esos países. Hoy veo esas fotos y me da una envidia tremenda.

¿No piensa en la jubilación?

Después de 38 años me jubilaron de profesor de Filosofía del colegio San Gabriel. Ahora soy asesor de los empresarios ecuatorianos. Soy comisario de Radio y Televisión porque trabajé en España y dirigí una escuela técnica en Gijón, al norte de mi país. Llevo casi 60 años de jesuita y estoy contento, donde estuve conseguí amigos. (I)  

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