El sistema educativo estatal tiene una cobertura de 96%

- 16 de febrero de 2019 - 00:00

El problema de los ataques a niños radica en una enfermedad social (sociopatía). Sus patologías, producto de la violencia, se encuentran en las deformaciones ocurridas en la infancia.

Los casos de violencia intrafamiliar, acoso sexual en plazas y buses y en los escenarios escolares han conmovido a la opinión pública.

Las noticias de supuestas violaciones a los derechos de los niños y adolescentes perpetradas por profesores en algunos centros escolares del país interpelan sobre un punto crucial: la formación de nuestros maestros.

La ciudadanía y las autoridades –judiciales, administrativas y pedagógicas- se han movilizado con declaraciones, gestiones administrativas, diseño de protocolos, instructivos, foros y proyectos de ley para eliminar estos atentados a la integridad moral de nuestros educandos.

 ¿Qué hacer frente a este problema? ¿Qué les parece un programa nacional “Mejores ciudadanos, mejores profesores”?

Ofensas a la humanidad
El problema de fondo radica en una enfermedad social –la sociopatía- de raíces profundas, cuyas patologías se encuentran en las deformaciones ocurridas en la infancia, como secuelas de diversos tipos de violencia intrafamiliar y escolar, que tienden a reproducirse.

Los actos de depravacióncorrupción, perversión y degradación- de ciertos profesores son ofensas a la humanidad y deben ser reprimidos con todo el peso de la ley, junto con medidas preventivas: desde la educación familiar integral, la formación de los profesores y los sistemas de seguimiento y monitoreo de todos los casos.

Los llamados “pases administrativos” o cambios de escuela o plantel no son suficientes. Hay que afrontar el tema de fondo.

La selección de maestros
Las leyes contra los abusos sexuales en las aulas son mandatarias y prohibitivas, pero no bastan; los informes psicológicos son importantes, pero no pasan de ser herramientas; las campañas son oportunas, pero se requieren estrategias permanentes; las guías, protocolos e instructivos establecen procedimientos reactivos antes que proactivos.

Ecuador necesita un Proyecto Nacional de Formación Inicial y Continua de Profesores –de carácter interdisciplinario- que apunte a reconocer lo bueno y positivo de los docentes y también los problemas –los diagnósticos sobran-, a fin de diseñar y ejecutar nuevas prácticas para formar mejores maestros, mejores ciudadanos, mejores personas.

Si no planteamos un esquema de selección de maestros y maestras, con una sólida preparación científica, académica y ética, con mínimos exigibles por entidades certificadoras y evaluaciones independientes, no se superarán los actuales inconvenientes. Los mejores ciudadanos deben ser elegidos para ser profesores.

Cambios estructurales
El sistema educativo del Ecuador ha avanzado en cobertura escolar –que llega al 96%-. El déficit –aunque se ha impulsado algunas estrategias- es la calidad de los aprendizajes que depende de la formación del profesorado y de la universidad que, por antonomasia, prepara a los docentes.

A lo anterior se une la problemática –que no es nueva- denunciada estos meses, cuando se han presentado numerosos casos de abuso sexual por parte de profesores, que devienen en la falta de valores y el irrespeto de los derechos humanos fundamentales.

Las causas son complejas, pero se requiere una institucionalidad básica para proteger a los menores de estos delitos, así como programas activos de prevención.

¿Y los padres de familia?
Una asociación nacional de padres de familia –entre otras estrategias- es urgente organizar desde la sociedad civil. No es justo que los padres seamos espectadores pasivos de estos asuntos que nos conciernen a todos.

Asimismo se deben formar veedurías ciudadanas para realizar un control social del problema y de otros como la drogadicción en los centros educativos, la violencia intrafamiliar, la discriminación, el embarazo prematuro y otros de igual factura.

Y que la educación familiar o escuela para padres se institucionalice en todos los centros educativos.

Derechos humanos
La innovación y el emprendimiento deben dar paso a una estrategia especial: la formación integral de los maestros, unida a la calidad con equidad y a la defensa de los derechos humanos.

Y si es necesario, que todos regresemos a la escuela o la universidad, para prepararnos en los nuevos escenarios de la educación y la pedagogía en el siglo XXI.

La enseñanza y práctica de los derechos humanos, así como los deberes y responsabilidades son necesarios, no como materias o asignaturas, sino como ejes transversales del currículo. Los cambios cualitativos en la educación son prioritarios. La ciudadanización de la educación es urgente.  (O)  

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