El llanto y lamentos forman parte del "alabao"

- 06 de junio de 2018 - 00:00
Estos pueblos son muy solidaridarios en los momentos duros.
Foto: cortesía diario El Tiempo

Las verdaderas raíces africanas se muestran cuando en todas las casas de la comunidad apagan las luces y empieza el rito festivo del “alabao”. Hay bailes, cantos, marimba y más baile. Una creencia muy arraigada.

El llanto y las congojas son comunes en Esmeraldas cuando nace un niño, pero si se trata de la muerte de un mayor hay una celebración con música y trago.

Desde la perspectiva occidental es extraño, pues se celebran los nacimientos y se lloran las muertes, pero la cosmovisión afro muestra una realidad muy distinta.

En el libro La Cultura Popular en el Ecuador Tomo IV, Esmeraldas, el coordinador de la investigación, Marcelo Naranjo, explica que los miembros del pueblo negro lloran cuando alguien nace porque pasará por las dificultades de la vida. En cambio, la muerte es el paso a un mundo “mejor”. A pesar de este concepto, en el libro también señalan que en Esmeraldas existe la concepción del cielo, el purgatorio y el infierno, una visión evidentemente católica.

Es por esto que, según María de Lourdes León, se hace el ritual de ayuda a la muerte. Así como las comadronas asisten a las embarzadas a traer al mundo a los niños, hay quienes se encargan de orar para aliviar a que el agónico muera.

“Una vez que muere llevamos el cuerpo a bañarlo, al igual que toda la ropa”. Esto, aunque se ve como parte de una tradición esmeraldeña, tiene raíces de la religión africana yoruba.

Se trata de un encuentro entre la persona que abandona la tierra con la deidad de las aguas que es Yemayá.

“Está asociada con los ríos y desembocaduras y es la diosa de la fertilidad”.

Esto quiere decir que de ella venimos y hacia ella volvemos. “Estas tradiciones las mantenemos a pesar de que el catolicismo predomina”, asegura León.

Luego de su sepelio, durante nueve noches los familiares más cercanos y algunos de los participantes del velorio rezan la novena en el mismo lugar donde se realizó el velorio. En la novena noche se realiza el “novenario”, una réplica del alabado quizá con mayor fuerza dramática que este.

El objetivo de la novena es, una vez más, asegurar la partida del alma del difunto y ayudarlo a encontrar su buen destino.

El buen tránsito
En el libro de Esmeraldas también se aclara que las prácticas de orden funerario se reflejan en claras expresiones festivas, se ajusta también a una reglamentación cuyo sentido es el de celebrar y alegrarse por el buen tránsito y el mejor destino de las almas.

“Se piensa que el alma de los niños va al cielo, alcanzan la gloria, y ello constituye un motivo de alegría. El alma de un niño fallecido tiene como única morada el cielo; por el contrario, no hay alguna certeza de lo que ocurre con el alma de un adulto muerto, aunque su más probable destino es el purgatorio donde paga sus malas acciones terrenales antes de alcanzar el cielo”, puntualiza el texto.

Es por esto que los alabados y novenas, que son los rituales funerarios cuando muere un adulto, son más largos y dramáticos, pese a su toque alegre, y son más solemnes que los chigualos y otras expresiones ante el fallecimiento de infantes.

Un momento de reflexión
Las marimbas, que acompañan el canto, también están presentes en el ritual funeral.

Las voces de las mujeres son las protagonistas en estos cánticos, mientras que los hombres son quienes ponen color con el sonido que emiten las marimbas.

Aquí la muerte se celebra porque es el momento del encuentro de aquel que acaba de morir con los dioses o deidades, por ello se lo despide y se acompaña a los familiares cercanos para encomendar el alma a Dios.

Cuando el fallecido pasa de los 18 años, los familiares y la comunidad hacen el rito del “alabao”.

Pero no son solo los familiares de consanguinidad quienes lo hacen sino también los miembros del pueblo afroecuatoriano. (I) 

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