En Cojitambo se rememora la arquitectura e inventiva cañaris

- 30 de junio de 2018 - 00:00
El complejo fue un centro ceremonial donde se agradecía al Inti o Sol y a la Pachamama o Madre Tierra por el cultivo en el campo. Cuando un alto mando fallecía también se le rendía culto en el sitio.
Foto: cortesía: Diario El Tiempo

Este sector da fe de lo que fue la civilización antes de la conquista. Se trata de una construcción en la cima del cerro, desde donde se observa cualquier lugar. En el complejo también existen cuevas en las que dicen que hay oro.

En Cojitambo, provincia del Cañar, están las ruinas netamente cañaris, conocidas como el Complejo Arqueológico de Cojitambo, que dan fe de lo que fue la civilización de la zona antes de la conquista incásica.

Se trata de una construcción en la cima del cerro, desde donde se puede ver hacia el norte, sur, este y oeste.

El vicepresidente del GAD parroquial de Cojitambo, Ángel Urgilés, explica que se trataba de un templo de gran altura, un mirador para estudiar el cosmos y una fortificación militar.

En las ruinas se observa  la plaza central, una plaza ceremonial que está en el área superior y más arriba se encuentra el lugar desde donde se adoraba a la Luna.

“También hay unas piedras tacitas, se cree que fueron hechos huecos sobre estas y las llenaban de agua para que sirvieran de espejos para así estudiar la Luna y las estrellas”, asegura Urgilés.

En el museo Edgar Palomeque Vivar, ubicado en la Casa de la Cultura de Azogues, se exhiben piezas que fueron extraídas durante las excavaciones en este lugar, asegura su encargada, Olga Romero.

Aunque resalta que solo se  rescataron vasijas de barro, que tienen valor arqueológico, una parte de las reservas fueron robadas por huaqueros que buscaban oro ancestral y se llevaron invaluables tesoros de la zona.

Dentro del complejo también hay cuevas que, comentan investigadores, se hicieron después del período terciario.

“Una leyenda dice que en esas cuevas está el oro que ocultó Túpac Amaru, el primer inca que llegó a estas tierras, y aseguran que Túpac Yupanqui debía encontrarlo, pero no lo hizo y se quedó ahí”, así lo narra el yachac Santiago Sanmartín, conocedor de la historia del lugar.

Un lugar con historia
Hubo huaqueros que se atrevieron a penetrar en las cuevas en busca de oro, agrega Urgilés y asegura que se perdieron, “tal vez se asfixiaron”, dice, pero en el imaginario colectivo fallecieron porque ahí hay una maldición, y quien se atreva a extraer el oro muere en el intento. Cojitambo también fue poblado por mitimaes que fueron traídos desde otras zonas del Tahuantinsuyo para perpetrar la invasión inca al pueblo cañari.

A unos dos kilómetros de distancia de este centro está el Qhapaq Ñan. “Lo conservamos en buen estado”, asegura Urgilés sobre este patrimonio de la humanidad.

Rasgos de construcción y secretos de este complejo arqueológico
Los miembros del pueblo cañari tenían una manera particular de construir, explica el investigador Gustavo Reinoso Hermidas.

Ellos colocaban piedra sobre piedra, usaban cantos rodados sin ningún tipo de pegamento para que se unieran, dando a sus construcciones una estética particular y diferenciable.

También se observa claramente su experticia al construir escaleras: “Eran dos escalones y un descanso, dos escalones y un descanso, eso no cansa, por eso podían recorrer grandes distancias”, precisa Ángel Urgilés, también investigador de la historia del lugar del que es oriundo.

A pesar de que es sencillo y práctico este estilo de construcción, no ha sido recuperado ni imitado en la actualidad, recuerda.

Expertos afirman que en ese lugar se hacían grandes festividades del maíz, el alimento sagrado que se ofrendaba a los dioses.

“Hemos determinado que los cañaris tenían un calendario y todos los meses tenían nombres relacionados al maíz, cosecha y deshierbe”, detalla Urgilés. (I)   

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