El Inga Palla fusiona el recuerdo de una batalla y la fe a Santa Lucía

- 25 de octubre de 2019 - 00:00

Esta fiesta se celebra a fines de octubre en el cantón Tisaleo, de Tungurahua. Allí se dan cita cerca de 20 mil turistas del país y el extranjero para presenciar la recreación de una cruenta guerra y las loas a la patrona de la urbe.

Octubre es uno de los meses más importantes de los sectores agrícola, comercial y turístico de Tungurahua. En la segunda quincena inicia la temporada lluviosa en los cantones Quero, Mocha y Tisaleo, que es beneficioso para los cultivos.

No obstante en esta última ciudad, octubre ofrece una razón adicional para recordarla y celebrarla.

Se trata del Inga Palla, la fiesta mayor de Tisaleo, que se celebra entre el 18 y 25 de octubre. Fue nombrada Patrimonio Cultural Intangible en 2011 y es parte fundamental de la cultura e identidad de Tungurahua.

El siguiente trabajo describe los pormenores de la festividad y su relevancia en la historia y folclor de la provincia de Tungurahua.

Historia
Columnas de humo blanco, cuerpos de soldados muertos y heridos, gritos desesperados y armamento bélico desperdigados en una extensa explanada, alertan de una encarnizada batalla.

La impactante escena es observada desde la cima de una montaña por un joven atalaya de la etnia Panzaleo.

Es 9 de junio de 1534 y varias tropas españolas provenientes del nudo de Tiocajas, en el sur del país, llegan a un enorme valle, que hoy es conocido como la matriz del cantón Tisaleo.

En su intento por llegar a Quito los ibéricos, al mando de Sebastián de Benalcázar, se encontraron con  12 mil feroces panzaleos, liderados por el cacique Tisaleo, aliado de Rumiñahui. Al tercer día de batalla, mientras el vigía llora impotente al ver a muchos de sus hermanos caer, un ensordecedor estruendo detiene a ambos bandos.

Por la inesperada erupción del volcán Tungurahua huyen  los indígenas que atribuyen el fenómeno natural al enojo de sus dioses, que dio la victoria a los invasores.

Pese a que este capítulo de la historia no tuvo el final esperado, y que casi transcurrieron cinco siglos desde entonces, el relato permanece fresco en la memoria de los habitantes de Tisaleo.

La batalla fue contada  oralmente por el vigía, la cual se mantiene hasta hoy a través de la narración de padres a hijos.

Dramatización épica
El evento más importante del Inga Palla es la representación de la batalla. Cada año tiene lugar en el sector El Relleno, ubicado a 10 minutos del centro cantonal.

Allí cerca de 300 guerreros, comandados por el capitán del pueblo, quien cambia cada año y debe ser un personaje destacado, recrean los esfuerzos de los indígenas puruháes para evitar que los pelotones ibéricos y cañaris incendiaran Quito.

“Es un honor ser elegido  capitán de pelotón. Cada año se elige al afortunado que dirigirá la representación bélica. Además es una singular forma de demostrar nuestros orígenes”, dijo Byron Machado, quien este año fue designado cacique principal.

El lunes, día en que se dramatizó la guerra, desde temprano ambas tropas se alistaban en los hogares de quienes son líderes de los pelotones. Allí se vistieron con ropa de la época, pintaron sus rostros y se equiparon con armas ficticias del siglo XV.

A continuación se alimentó y preparó a los caballos, animales sobre los cuales ambos bandos llegaron al lugar de la confrontación.

Como si se tratara de una guerra real, los espectadores reían, gritaban, aplaudían y vibraban con la llegada de los aguerridos tisaleños que representaban a los indígenas.

“Se debe llegar temprano para observar el espectáculo desde un sitio seguro. La dramatización es realista y demora entre 45 y 60 minutos”, señaló Víctor Zumba, alcalde de Tisaleo.

Tras la batalla, los participantes se retiraron por caminos diferentes. Acto seguido, ellos y los espectadores se dirigieron rápidamente hasta el atrio de la basílica, donde se realizó el segundo evento más relevante del Inga Palla: las loas a Santa Lucía, patrona del cantón. (I)

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