Fausto Llerena, el hombre que encontró a George y lo cuidó durante los últimos 40 años, nació en Tungurahua.
Cuando Fausto cursaba el tercer año básico de la escuela, su profesor Manuel le enseñó, a través del libro “Leamos”, los tipos de especies que entonces habitaban en las islas Galápagos: “También nos hablaba de los chanchos, chivos, creo que ahí nació mi espíritu de guardaparques; quería cuidar a los animales nativos de acá, como las tortugas.
Asumo que es algo que siempre estuvo latente en mí”, recuerda.
A los 17 años Fausto crió por primera vez a una tortuga: “Yo nunca supe ni qué era biología, yo aprendí este oficio en el campo y siempre fui aficionado a las tortugas”.
Con otoy y porotillo, plantas que él mismo recogía, Fausto alimentaba a George. Esperaba que la tortuga, algún día, llegara a reproducirse: “Es bueno quedarse solitario un cierto tiempo, pero después uno ya no quiere estar así, pregúnteme a mí que me casé tarde, a los 32, George tenía 100, ya le tocaba”.
(El retrato completo de Fausto, se encuentra en la página web del diario, junto a un especial sobre la tortuga).
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