Los saltasaurinos se parecían a los elefantes y se alimentaban de plantas

- 06 de diciembre de 2019 - 16:48
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El hallazgo de los restos de un dinosaurio en Loja, al sur de Ecuador, ha despertado el interés de la comunidad científica internacional y desde luego, de la sociedad ecuatoriana.

El equipo de paleontólogos, liderados por el argentino Sebastián Apesteguía en compañía de  John Soto Luzuriaga, Pablo Gallina, José Tamay Grandab y Galo Guamán Jaramillo, asegura que los restos encontrados pertenecen a una especie que habitó en la Tierra hace 85 millones de años.

En diálogo con EL TELÉGRAFO, Sebastián Apesteguía explica que los restos del dinosaurio pertenecen a la especie al grupo de los saltasaurinos, que medían hasta seis metros de largo, eran robustos y poseían una coraza. “Eran básicamente como unos elefantes”.

“Eran relativamente pequeños para ser dinosaurios de cuello largo, tenían el tamaño de un elefante, pero a eso hay que adicionarle una cabeza pequeña y una cola larga”.

Apesteguía explica que estos animales vivían en manadas, eran herbívoros, es decir, que se alimentaba de plantas. “Tenían dientes pequeños y un lomo completamente acorazado, lo cual lo hacen muy especial porque tenían placas metidas en el cuero, eran como escuditos muy pequeños que los protegían de los diente de sus predadores”.

Otra de las características de esta especie es que no tenían dedos. “Sus extremidades eran como las de un elefante, eran redondas y tenían las caderas anchas. Sus patas traseras estaban separadas por lo que se cree, podían pararse en dos patas. Tal vez para comer de los árboles”.

Desde argentina, Apesteguía explica que esta especie tenía entre las vértebras unas bolsas de aire, es decir, parte del sistema respiratorio tenía prolongaciones que los volvían más livianos. “No podían volar por si acaso, eran como unos elefantes”, agrega.

Las hembras se dirigían a un lugar de anidación donde iban dejando los huevos en grupos separados. Las hembras depositan los huevos en diferentes lugares, de forma que tenían una mayor esperanza de supervivencia, pero las madres abandonaban los huevos y las crías del interior a su suerte. Una vez que los huevos estaban puestos, las madres los cubrían con hojas.

Aporte a la ciencia y sus riesgos

El científico asegura que con este hallazgo, se pone en evidencia que esta especie estaba esparcida por toda Sudamérica, algo que hasta antes del suceso se creía que solo había en la zona sur del continente, es decir, en Argentina.

El que hayan restos en Loja se debe- según comenta- a que antes que se formaran Los Andes, el Pacífico (Océano) había formado una especie de brazo marino hacia dentro del continente. “La presencia de rocas marinas en estas zonas han permitido este hallazgo porque las piedras cretáceas conservan estas especies, algo que es difícil porque en esa zona lo que más existe es piedra de origen volcánica que no permite la conservación. La geología del Ecuador es muy compleja”.

El científico argentino explica que las autoridades lojanas y ecuatorianas deben tener “mucho cuidado” en el acceso a esta zona de personas que quieran inspeccionarla con otros fines ajenos a los estudios.

“Lo malo de revelar el lugar del hallazgo es que hacen que otras personas quieran ir a buscar elementos y estos muchas veces son sujetos o comercializados en el mercado negro. Más allá del aporte a la comunidad científica es que también surgen estas situaciones”.

Sebastián Apesteguía aseguró que tiene planes de volver a Ecuador para seguir con las investigaciones, aunque por el momento no existe una fecha concreta.

El investigador

Apesteguía es paleontólogo, investigador independiente de la Fundación Azara (Universidad Maimónides, Argentina) y profesor de Herpetología de la Universidad CAECE.

A los 18, preparó los fósiles para el famoso paleontólogo José Bonaparte, el científico responsable de que Argentina se convierta en el sexto país del mundo con más especies de dinosaurios.

Desde 1999, Apesteguía ha dirigido campañas para buscar fósiles, especialmente en Río Negro y Neuquén, parte de la Patagonia argentina. A lo largo de esos años, descubrió 11 localidades fosilíferas, publicó unos 60 trabajos científicos y nombró 30 especies nuevas.

Recibió su título de doctorado por el estudio de reptiles del período Cretácico de la Patagonia. Ha participado en unas 40 campañas paleontológicas en la Patagonia, Cuyo, Salta, Bolivia, los Estados Unidos, Hungría y Francia, con subvenciones de la fundación The Jurassic Foundation, National Geographic y CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas).

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