En Chillogallo, una mujer sobresale en la fabricación de ataúdes. Ella es Gloria Calero, de 58 años, quien tomó la batuta de una vieja carpintería de su padre hace dos décadas.
Recuerda que Jorge Calero, su progenitor, inició con el negocio hace 50 años, a través de la elaboración de pequeños cofres.
“Me enamoré y me casé con un trabajador de mi papá. Por tal motivo él decidió cederme el negocio. Años después me divorcié y mi exesposo ahora es mi competencia”, sonríe la quiteña.
Con ello, tomó las riendas de la carpintería, al punto que actualmente, elabora ataúdes para funerarias reconocidas a nivel nacional.
Para elaborar estos ‘muebles de la muerte’, Gloria dice que son necesarias siete tablas. “Hay una canción famosa que dice que son cuatro tablas y eso es mentira”.
Dice tener estadísticas ‘informales’ sobre el número de muertos en la capital.
“Octubre, noviembre, diciembre y enero son los meses en los que más ataúdes se venden. Unos 70 cofres en cada mes”.
Agrega que también existen devoluciones. Al respecto, Gloria prefiere desecharlos o quemarlos, pues “eso permite mantener las buenas energías”. (I)
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