Escuelas de manejo piden más control en el pénsum

17 de junio de 2012 - 00:00

Gladys Amaguaya (42 años) eligió  la Escuela de Conducción del Sindicato de Choferes Profesionales de Pichincha, ubicada en el norte de Quito, para aprender a manejar.

La formación en normas y destrezas para conducir está organizada en un pénsum de seis meses, capacitación a la que considera de buen nivel. Del mismo modo califica a los instructores. Por el curso debe pagar 1.150 dólares y su meta es trabajar en un taxi.

“Aquí he aprendido a tener más conciencia y conocimiento sobre seguridad vial, y que la vida y salud de los seres humanos es lo primero. Nos enseñan lo necesario, pero depende de que cada conductor sea más consciente, responsable, paciente y precavido”.

Gonzalo Jácome (50) estudia para aprender a conducir su vehículo de uso particular. Opina que acudir “donde haya un mejor pénsum, maestros e infraestructura, depende de cada interesado, para lo cual es necesario primero informarse y decidir por la mejor opción”.

El ciudadano agrega: “Lo que enseñan para conseguir la licencia sportman no es nada en comparación con lo que nos dan para la del tipo C. Entré a la escuela del sindicato para aprender realmente lo que no pude en la otra. Creo que las 34 horas que dan en esos centros son insuficientes”.

Además, asegura que, pese al buen nivel de conocimientos que les brindan en los centros, depende de cada persona aplicar lo aprendido y ser responsables. “Los accidentes, en su mayoría, son causados por gente que compró sus licencias, lo que hoy ha disminuido mucho”.

Hace unos tres años, el costo de los cursos para conductores profesionales era de unos 2.500 dólares, mientras actualmente se lo ha establecido en 958.

El taxista Christian Obando cuenta que estos cursos antes duraban de tres a nueve meses y “las materias no eran ni son estandarizadas. El control era casi inexistente”.

Por su lado, Fabián Villarreal, presidente de la escuela de conducción Ecaute, asegura que la malla curricular que se aplica en estos lugares es la más idónea, pero se debe poner énfasis en la psicología y en la concienciación del conductor.

“Los ecuatorianos conocen las normas, pero la mayoría las incumple. También influye la falta de control, ya que si esa persona que acá no cumple va a un país, ahí sí se ajusta a todas las reglas”.

Este empresario está convencido de que en la malla curricular determinada por la ANT se debe profundizar en la cultura, educación, concienciación y seguridad viales.

“El formato de los exámenes psicológicos debe cambiar porque data de hace algunos años y falta actualizarlo, puesto que es esencial para saber si alguien está o no preparado para estos cursos”.

El director nacional de escuelas del Automóvil Club del Ecuador (Aneta), Fabio Tamayo, explica que el contenido de los cursos es correcto, pero “es necesario que haya un control más riguroso y frecuente de la malla curricular y de los planes de estudio por parte de las autoridades para asegurar el cumplimiento de la reglamentación”.

17-06-12-act-info2“Esta última administración de la Agencia Nacional de Tránsito (ANT) ha aplicado muchos cambios que antes no se habían realizado, pero falta un seguimiento. Además, los accidentes suceden más por los conductores antiguos, por lo que se les debe controlar mucho”.

Para el experto, se debe poner énfasis en los exámenes de evaluación, sicotécnicos, sicológicos y en la capacitación para  profesionales y para quienes no lo son, cada seis meses para los primeros y cada año para los segundos.

Si hubiera ese control se impediría que funcionen escuelas que ni siquiera dictan los cursos y entregan títulos, asevera Tamayo. “Aún hay centros que venden títulos para profesionales y no profesionales”.

“En Aneta formamos y capacitamos a nuestros instructores, alumnos y peatones permanentemente. No enseñamos solo con memorización, sino con concienciación”.

El peatón Wilson Chicaiza, considera que el problema no es la falta de capacitación en la mayoría de casos, sino la imprudencia, impericia e irresponsabilidad. “Todo esto se supera solo con un cambio de conducta y actitud de todos, no solo de los choferes”.

Para Gorki Obando, gerente de Aneta, lo único que cambiará y bajará los índices de accidentes es la responsabilidad de los conductores y peatones. “Se debe profundizar en la seguridad vial entre choferes”

Según Juan Zapata, ingeniero en Tránsito de la Policía, en el Ecuador no existe una correcta capacitación ni concienciación de los futuros conductores ni peatones o ciclistas, por lo cual servirá mucho la recategorización.

“La capacitación es muy doctrinaria, se apega mucho a la legislación, pero se debe profundizar en la seguridad vial, psicología aplicada. Se deben cambiar las mallas y la metodología si se quiere formar verdaderos conductores, evitar infracciones y accidentes”.

Este experto agrega que esta capacitación debe ser más dinámica, con el uso de simuladoresy videos; y, además,  buscar que los estudiantes conciencien sobre la responsabilidad de conducir.

“Los conductores también deben cambiar sus conductas. Los infractores deben dar charlas y desarrollar actividades cívicas en  instituciones. Y las multas deben ser más fuertes, aunque ahora con la pérdida de puntos la gente tiene un poco más de temor de infringir las normas”.

En cuanto al nivel académico de los instructores de conducción, Zapata señala que es deficiente, ya que en el Ecuador casi no existen profesionales especializados en tránsito y transporte terrestre. “Solo hay gente que sigue algún curso o pasantía en el tema”.

El uniformado opina que hace falta mucho más control y regulación de las escuelas de conducción por parte de la ANT, ya que esta es la parte más importante del tema. “El control de esos centros debe ser firme, mensual y aleatorio. Solo así se podrá hacer que se cumplan la normas respectivas en todos estos centros”.

Aunque la ANT no brindó información, los directivos de los centros de conducción dieron a conocer que este organismo les realizará una auditoría en todo el país en los próximos meses. Este proceso incluirá la calificación de los parámetros de calidad y eficiencia.

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