Despedida y tristeza en la sede de la Vicepresidencia

24 de mayo de 2013 - 00:00

La oficina del saliente vicepresidente Lenín Moreno ayer ya lucía vacía. Solo tres ramos de rosas rojas adornaron las mesas y escritorios del lugar. Los anaqueles ya no tuvieron en su interior los millares de objetos que en los seis años  recibió el Segundo Mandatario por parte de la ciudadanía, entre ellos, lanzas y penachos de la Amazonía, así como artículos decorativos del  Aucas, que es el equipo de fútbol  del cual  es hincha.

Tampoco estuvo ya el cofre secreto de donde el Vicepresidente sacaba las colaciones típicas de la Cruz Verde y ofrecía a aquellos que lo visitaban. Sobre una mesa solo quedaron unos pocos documentos y una pequeña copa de vidrio con el logo del Aucas.    

El resto de  artículos habría sido embalado en el transcurso de esta semana y enviado a la residencia del Segundo Mandatario saliente. Todo quedó listo para que a partir de hoy tome posesión el flamante segundo mantario, Jorge Glas Espinel.  

En la Vicepresidencia de la República, ubicada detrás de la Presidencia, en el Centro Histórico de Quito,  ayer se sintió el ajetreo, marcado por grandes cajas con documentos personales de asesores y funcionarios de libre remoción que salieron. La atención no se detuvo, así como tampoco lo harán los programas para personas con discapacidad, como las misiones Joaquín Gallegos Lara o Manuela Espejo, que seguirán funcionando, pero ahora cobijados por los ministerios de Salud e Inclusión Económica y Social (MIES).

Hubo abrazos entre funcionarios y despedidas. Sobre todo nostalgia de quienes dejan el lugar, pero con el compromiso de haber hecho todo. Así se sentía Liz Giler, asistente personal de Moreno y quien le manejó  la agenda durante los últimos cuatro años.

Ella se lleva varias lecciones de vida del Vicepresidente, como aquella aprendida en una visita a Quevedo, cuando se acercó a saludar a un niño con discapacidad severa que por su problema de salud babeaba mucho. Moreno acarició el rostro del menor y se ensució al hacerlo. Luego subió a su vehículo y le dijo a  Giler, mientras tomaba una toalla húmeda con sus manos: “mira, esto se limpia, pero la suciedad del alma jamás”.  

Álex Camacho, secretario general de la Vicepresidencia, jamás olvidará el trabajo con Moreno, sobre todo su tranquilidad para tomar decisiones en los momentos más críticos.

Rosángela Adoum, quien trabajó cuatro años y medio, fue su asesora y para ella Moreno siempre le enseñaba algo. El equipo de trabajo de Moreno fue pequeño. Además de Adoum, Giler y Camacho estuvo Sonia Robalino, directora de despacho.

Todos ellos pusieron su renuncia y presentaron un informe de sus actividades. Hace un mes atrás, el equipo saliente se reunió con el grupo de asesores de Glas y dejaron  definidos todos los temas de  la transición.

Los que se quedan sienten tristeza, como Enma Ruiz (recepcionista), a quien se le salieron las lágrimas. “Es un hombre noble y justo que nos enseñó a valorar la vida”.

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