Grandes plumas: Ernesto Noboa y Caamaño

- 03 de febrero de 2019 - 00:00
Semana Gráfica, 1932, página siete, con la ilustración de E. Kingman.
Foto: Archivo / El Telégrafo

El joven que irrumpió en el mundo literario y que junto a otros referentes, como Silva, Borja y Fierro, pertenecieron al grupo de poetas denominado “Generación decapitada”, nació el 11 de agosto de 1889 en Guayaquil. Sus padres fueron Pedro José Noboa y Carbo, y Rosa María Caamaño y Gómez Cornejo. Colaboró con sus poesías en diario EL TELÉGRAFO. Falleció el 7 de diciembre de 1927, a los 38 años.

Romanza de Verano

Medio día de verano -oro y azul- que pones
tanta nueva alegría, tanta ansiedad secreta
como un florecimiento sobre los corazones!
Bajo la brisa inquieta
el parque rumoroso de nidos y canciones
es como un armonioso corazón de poeta.

Sed de amor en las almas que humedecen los ojos,
la divina locura de divinos excesos,
en los cálices rojos
de los labios traviesos,
como tábanos de oro, revolotean los besos!
Por las sendas brillantes
de mullidas arenas,
las parejas amantes
entretejen con hilo de los dulces instantes
el manto de las horas propicias y serenas…
Y pasan rondas frágiles, ramilletes fragantes
de románticas rubias y ardorosas morenas.
Sobre el escudo heráldico del azul se diseña
como prócer cimera
la arrogante palmera
que enamorada sueña
con el pino del norte como cantaba el verso
melodioso de Heine; y el lago terso
como un espejo ustorio, se estremece
con las alas de seda
de un cisne majestuoso que padece
su galante nostalgia de los muslos de Leda…

Cielo azul, lago y cisne, hacia el frondaje,
decoración de noble señorío
que sugiere la magia de un paisaje
del alma inmensa de Rubén Darío.

Ernesto Noboa y Caamaño

Algo más del personaje
Extracto de sus poemas

MORFINA
Morfina, divina!
De las almas tristes celeste beleño,
fuente inagotable para todo ensueño,
eficaz alivio de todo sufrir.

EGO SUM
Amo todo lo extraño, amo todo lo exótico;
lo equívoco y morboso, lo falso y lo anormal:
tan sólo calmar pueden mis nervios de neurótico
la ampolla de morfina y el frasco de cloral.

EMOCIÓN VESPERAL
Hay tardes en las que uno desearía
embarcarse y partir sin rumbo cierto,
y, silenciosamente, de algún puerto,
irse alejando mientras muere el día.
Emprender una larga travesía
y perderse después en un desierto
y misterioso mar, no descubierto
por ningún navegante todavía.

Obra publicada en la imprenta de la Universidad Central de Quito, en el año 1922. Obra publicada en la imprenta de la Universidad Central de Quito, en el año 1922. Foto: Archivo / El Telégrafo

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