Desnudos frente a nuestros hijos ¿sí o no?

19 de julio de 2015 00:00

Cada familia asume la desnudez de una forma diferente. Mientras para algunos padres es natural circular en ropa interior por la casa, para otros resulta inconcebible que los hijos los vean en paños menores. Hay psicólogos que consideran que si los padres ven con normalidad el hecho de que sus hijos los vean desnudos, estos también lo entenderán así y no sentirán ningún tipo de vergüenza.

En este tema, entran en juego muchos factores, como la relación de los seres humanos con su propio cuerpo. De hecho, varias investigaciones sugieren que los niños que han crecido viendo a sus padres desnudos no desarrollan alteraciones emocionales, sino al contrario, es más probable que acepten mejor sus propios cuerpos y se sientan más cómodos con su sexualidad.

Hay familias que están acostumbrados a verse sin ropa; nadie se ríe y nadie se incomoda, pero también hay otras que tienen dificultades para desnudarse en presencia de sus hijos. La razón de esta molestia es la culpabilidad que ha sido inculcada por una educación estricta que considera el cuerpo y los órganos sexuales como algo vergonzoso. Al contrario de esta posición, hay quienes sostienen que el desnudo aporta muchos beneficios físicos y psicológicos. Algunos lo asumen con un aprendizaje para liberarse de la vergüenza, encontrar más autenticidad en la relación con los demás, desarrollar el respeto y una buena relación con quienes nos rodean. Para Deysi Guzmán, sexóloga, especialista en terapia de parejas, este tema está relacionado con la educación sexual.

“La gente pregunta ¿hasta cuándo deben vernos desnudos nuestros hijos? En realidad, no hay una edad determinada, todo dependerá de cómo asumimos nuestra propia desnudez. “Desde que nuestros hijos son pequeños, es posible enseñarles a ver el cuerpo humano como algo normal y natural. Lo importante es abrir canales de comunicación”.

Guzmán recalca que lo principal es que la familia esté cómoda con la situación que decida llevar a cabo.

Además, considera que una correcta educación sobre sexualidad puede ayudar a romper con muchos tabúes.

La curiosidad de los hijos

Un reciente estudio publicado por el diario español ABC advierte que a partir de los 2 años de edad, un niño puede comenzar a observar con interés nuestro cuerpo desnudo y el suyo propio, ya que siente curiosidad. A diferencia de los recién nacidos y bebés, los niños de esta edad ya pueden comenzar a incomodarnos al fijarse en exceso en las partes más íntimas.

Cuando esto ocurre, hay que entender que el niño no lo hace con ningún tipo de morbo, sino que solo necesita comprender el mundo que lo rodea y esto forma parte de ello.

Hay casos en los que el niño no comprende por qué ciertas partes de su cuerpo son consideradas como nobles y otras como vergonzosas. Por eso, es importante que los padres no promuevan esta noción de vergüenza por su propio cuerpo.

Para quienes defienden la desnudez en la familia, es absurdo que los padres se escondan frente a sus hijos, porque los niños sienten que no tienen derecho a su total confianza.

Si crecen bajo esta lógica, seguramente en el futuro no se atreverán a preguntarles y pedirles consejo sobre el descubrimiento de su propia sexualidad.

Deysi Guzmán precisa que el crecer sin taparse favorece las relaciones de confianza entre adolescentes y sus padres.

Venimos desnudos al mundo, concebimos desnudos a nuestros hijos. ¿Por qué entonces la desnudez se piensa como algo antinatural? Los psicólogos advierten que las ideas sobre el desnudo cambian con los tiempos.

La psicóloga clínica Adriana Fornasini indica que una de las ventajas de ver desnudos a los padres, cambiándose de ropa o duchándose, es que los hijos adquieren una noción sobre cómo es el cuerpo humano de manera espontánea. Además, no tienen que aprender a escondidas cómo es el cuerpo de una mujer o de un hombre. Por otro lado, si los padres se comportan con naturalidad les transmiten a sus hijos que la desnudez es algo que no tiene por qué incomodarlos.

De hecho, en los niños, la desnudez se asume de un modo más natural y espontáneo. A muchos niños y niñas pequeños les encanta correr por casa sin ropa, porque se sienten más libres y cómodos.

De padres a hijos

Algunos padres transmiten su propia concepción del cuerpo a sus hijos, sin analizar si esta es o no la más correcta.

Muchos padres tuvieron una educación restrictiva, en la cual, a su vez, sus padres se cambiaban o duchaban tras puertas cerradas.

Para Fornasini, lo fundamental no es que las familias dejen o no las puertas abiertas o cerradas, lo importante es que los hijos vean a sus padres cómodos.

Según la especialista, es durante la infancia cuando los niños aprenden a ver la desnudez como algo natural. Es así que la actitud que ellos tendrán ante un cuerpo desnudo la aprenderán en esa época y la mantendrán por el resto de la vida. Esto es crucial, ya que una persona sexualmente sana debe tener un sentimiento de naturalidad ante un cuerpo desnudo. Lamentablemente, esto no es común, porque la mayoría de las personas tiene un pudor excesivo ante el desnudo y eso, obviamente, inhibe su sexualidad.

“Cuando los niños son pequeños es fundamental ese contacto piel con piel con la madre, porque de esta manera puede percibir el amor y la protección de su progenitora”, explica Fornasini.

El sentido del tacto está muy desarrollado en los bebés, lo que le permite disfrutar sobremanera de sentir el cuerpo de la persona que le ha llevado en su vientre.

A medida que pasa el tiempo —precisa— suelen surgir las primeras inquietudes sobre la sexualidad y, muchas veces, tienen miradas distintas sobre su desnudez. Según la especialista, esta es la etapa de identificarse como seres sexuales. “Hay niñas que hasta los 8 o 10 años de edad no tienen ningún problema en bañarse con su madre y lo mismo les ocurre a los niños con sus padres”, indica.

Fornasini indica que muchos padres se preocupan, porque no saben cómo actuar. Lo importante en las diferentes etapas de crecimiento es que los padres sepan explicarles las diferencias. “Hay que tomar mayores cuidados, cuando los padres perciben una mirada distinta en sus hijos, una mirada que puede ponerlos incómodos”, recalca.

Un artículo publicado en la BBC de Londres, dice que es normal que los niños y niñas alguna vez toqueteen los pechos de la mamá o el pene del papá, porque es una señal de curiosidad. Permitir que los hijos anden sin ropa en la infancia, cuando sea oportuno, es parte de una educación sexual bien dirigida. “Ayuda que los padres se desvistan y se vistan delante de ellos, pero considero ideal hacer del baño un momento para educarlos en este sentido y jugar con ellos”, explica Guzmán.

En ese caso, no existe ninguna connotación sexual. Es precisamente en ese momento, durante el baño, como recomiendan los psicólogos, cuando se les debe explicar las diferencias de la anatomía humana.

Los padres deben estar conscientes de que si no se sienten cómodos de que sus hijos los vean desnudos, les transmitirán esta incomodidad, si no se sienten cómodos lo más saludable es que no lo hagan o que trabajen conscientemente en la aceptación de su cuerpo. Un niño que observe que su madre se sobresalta cuando es visto desnudo puede interpretar que la desnudez es mala en cualquier circunstancia.

Testimonio

“No soy partidaria del pudor ni del recato excesivo”

Aunque no suelo caminar medio desnuda por la casa, tampoco estoy preocupada porque mis hijas, adolescentes, me vean cuando salgo del baño. Creo que tenemos la suficiente confianza para no avergonzarnos cuando estamos desnudas. No hay nada malo con el cuerpo humano.

Varias veces me han hecho comentarios chistosos, como ¿mamá, tienes los pechos caídos? y, por supuesto, yo también les molesto. Les he respondido: así es, mi cuerpo cambió y el suyo también cambiará con los años, así que no siempre tendrán todo en su lugar. Mi esposo y yo no somos partidarios del pudor y del recato excesivo. Muchas veces, él camina por la casa en calzoncillos y con su camiseta de piyama. Mis hijas lo vieron así desde que eran solo unas niñas, así que es totalmente natural. Ellas no se incomodan. Tengo que decir que a medida que crecían, mi esposo sí era más discreto y ya no salía desnudo de la ducha. Tratamos en lo posible de no avergonzarnos por estar en paños menores cuando estamos en familia.

Graciela Paredes, madre de familia

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