¿De qué deberían hablar empresarios, sindicatos y Gobierno?
Si le hacemos caso al prefecto del Azuay, Paúl Carrasco, o al rector de la U. Andina, Enrique Ayala, nuestro país debería voltear la página y cambiar todo para que solo sus ideas, posturas y programas se instalen como verdades absolutas. Si, en cambio, oímos a las Cámaras de la Producción y Comercio, el diálogo serviría para aplicar solo sus demandas. Y algo parecido ocurre con la Conaie y el FUT.
En otras palabras: cada corporación o asociación quiere que su agenda sea la del resto. Así ha sido casi siempre. Por eso tiene sentido el llamado al diálogo hecho por el Gobierno central para hablar de lo fundamental: la causa de la pobreza de Ecuador. O sea: para hablar de inequidad, desigualdad y riqueza.
En eso deberían estar todos de acuerdo y también en la búsqueda de la solución de fondo, histórica y estructural a esa causa, que no nació ahora ni tampoco se resolverá del todo en estos años. Ecuador necesita un acuerdo para convertirse en una sociedad igualitaria, equitativa, justa y solidaria. Y para eso el diálogo franco, sin segundas intenciones, pasa por participar del llamado sincero del Gobierno. (O)
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