La secta

- 23 de julio de 2018 - 00:00

Venezuela entregó a Nicaragua entre 2011 y 2017 más de US$ 3.600 millones entre donaciones y préstamos para proyectos sociales. El dinero impulsó programas como el Bono Solidario y la entrega gratuita de alimentos y medicinas. Pero la crisis venezolana detuvo el envío de recursos y el gobierno de Daniel Ortega ha tenido que retirar beneficios, aumentar impuestos y recalcular la seguridad social.

El resto es conocido: malestar popular y una sangrienta represión callejera sin que resbale el sandinismo. Venezuela mientras tanto, naufraga entre el atropello a los derechos, la corrupción institucionalizada y un régimen coautor de una de las economías más inflacionarias del mundo en la última década.

Y sin embargo hay quienes defienden a Ortega y Maduro. La muestra más reciente es aquella asambleísta que se declara sumisa y que insiste en endosar las culpas a la derecha del mundo.
La irracionalidad, la vehemencia y la obediencia sin cuestionamientos son claras características de los miembros de las sectas.

También forman parte del menú la intransigencia y la solidaridad con el líder a costa del bien común.
Martin E. Marty, autor de varios textos sobre religiones y cultos, dice que quizás el rasgo más sobresaliente de las sectas es su delirio por renegar de las iglesias tradicionales e ir contracorriente. También destaca la poca sostenibilidad propiciada por el endiosamiento del líder. El paralelismo con la política no es forzado. Marty dice que la tierra es fértil cuando la gente es ingenua, poco educada o tradicionalmente ignorada.

En Estados Unidos ya se habla de un fenómeno similar con el presidente Trump y sus dramáticos discursos en los que niega hechos, se atribuye logros y descalifica detractores. Lo teatral es marca registrada de los líderes de sectas.
Pero tarde o temprano enfrentan al sistema judicial y colapsan. Entonces mutan de héroes a víctimas. Entre las décadas del 70 y 90 hubo suicidios colectivos. En años recientes la justicia ha logrado echarles el guante y los pastores terminan sin ovejas y sentenciados. (O)