Después del tumulto y la violencia, la desolación

- 21 de octubre de 2019 - 00:00

Vladimir Viteri es uno de tantos ecuatorianos que salieron del país tras la crisis financiera de 2000. Como todos los que emigraron, lo hizo con tristeza, pero siempre pensando en el retorno, soñando siempre que el sacrificio de dejar la patria se compensaría al volver.

Soñaba con invertir su capital en un negocio que no solo satisfaga sus intereses y los de su familia, sino también que abra la posibilidad de generar empleo. Con sus ahorros levantó un restaurante en las inmediaciones de la Asamblea Nacional y casi al frente de la Contraloría; pero jamás imaginó que una turba (muchedumbre de gente confusa y desordenada, según el DRAE) en menos de una hora acabaría con su emprendimiento, levantado tras muchos años de sacrificio.

Mientras se incendiaba la Contraloría con todos los documentos y los informes de años de investigaciones y auditorías, el restaurante de Vladimir era saqueado por la turba enardecida. Desde las ventanas, narra el emprendedor, sacaban electrodomésticos, muebles, víveres y lo que no se podían llevar -por peso y tamaño- lo destrozaban.

Trató de impedir la destrucción, le resultó imposible, fue golpeado, maltratado y humillado... lloró de angustia. A sus 43 años, mientras retira los escombros de lo que fue su único sustento económico, Vladimir Viteri agradece que aún tiene vida, porque dos mujeres lo ayudaron en medio de la trifulca.

Vladimir necesita $ 20.000 para reconstruir su negocio. El Gobierno anunció una línea de crédito sin garante de hasta $ 10.000 para quienes perdieron todo durante las jornadas de terror que vivió el país en la primera quincena de octubre, que quedó registrada como una de las grandes tragedias vividas por Ecuador. Restaurantes, cevicherías, talleres de bicicletas, tiendas de víveres... todo fue saqueado y quemado allí en el epicentro de la insensatez.

En otros barrios fueron incendiados patrulleros y motos, ambulancias, camiones, buses y tanquetas del Ejército y autobombas de los bomberos. Viteri afirma que, al igual que muchos ecuatorianos, no se dará por vencido. (O)

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