“No se puede escribir si no se ha leído la mejor literatura”

21 de enero de 2012 - 00:00

El libro “Tres whiskys para pasar la borrachera”, de Jota Kintana, fue presentado el martes anterior en la Casa de la Cultura, Núcleo del Guayas. Su autor quiso darle más vida a sus palabras y explicar la obra.

¿Escribir es una profesión, un oficio o una inclinación?

La poesía para mí es una profesión. Y dado que también soy un académico y consultor en el mundo de la empresa, he querido dar identidades distintas a ambas profesiones.  Es una manera de comunicar la seriedad con la que acojo la poesía, el “goce de la palabra”, como diría un ilustre escritor ecuatoriano, Carlos Calderón Chico.
Para Jota Kintana definitivamente es una profesión. Que nadie piense que es un oficio ni una inclinación de Noboa, peor un hobby.

¿De qué manera relaciona la escritura con la lectura?

Están íntimamente relacionadas, como el bolígrafo y el papel. No se puede escribir sin haber leído mucho previamente, por lo menos yo. En mi opinión, en la poesía hay que conocer muy bien a los poetas ecuatorianos, hispanoamericanos y mundiales. No solo su poesía, sino también -y esto es fundamental para entenderlos- el contexto que les tocó vivir y lo más que se pueda de sus biografías. Si se sigue un proceso autodidacta como el mío, también es indispensable un mentor, como lo es Carlos Calderón Chico para mí. Con la lectura entonces uno puede identificarse con ciertos poetas más que con otros y, muy importante, poco a poco ir desarrollando un estilo propio sin negar que fue basado en otros poetas que escribieron o siguen escribiendo. No veo cómo un poeta puede hacerse a sí mismo sin la lectura.

¿Hay algún método para escribir?

No sé si llamarle método, pero sí tengo un proceso para escribir, que nace con la generación de la idea de un poema. Las ideas vienen de fuentes muy variadas. Unas ideas surgen mientras leo a otros poetas, y hay poetas que por razones que desconozco me llegan más que otros y disparan ideas a mi cabeza. Supongo que es normal. Anoto las ideas en los mismos libros y luego las llevo a la computadora.  Otras ideas, y estas son más difíciles porque requieren estar más atento a lo que me rodea, surgen de alguna conversación, de alguna situación que me ocurrió o pasó a alguien más; del periódico, incluso de frases espontáneas que escucho de otras personas, o hasta cuando estoy afeitándome.

Para esto hay que estar con la mente en la frecuencia correcta. El estrés y el barullo mental es el peor enemigo de las ideas. Luego plasmo la idea en la computadora por primera vez y continúo puliendo el poema hasta que siento que está terminado y listo para revisión de otros. Y aunque parezca un cliché, la constancia es un factor importantísimo para mí.

¿Algún hecho puntual o persona  lo ha empujado  escribir?

Fui llegando poco a poco, y hay dos hitos importantes que me llevaron a la escritura. El primero fue cuando mi padre me regaló, antes de irme a España, en el año 2000, donde viví cinco años con mi familia, una copia de “Romanza de las horas”, de Noboa y Caamaño, copia que venía con una dedicatoria de mi abuelo a mi padre, escrita en 1975, con la cual me di cuenta de que el poeta era mi pariente. Leí el libro con gran interés y sentí ganas de escribir, consciente ya que la métrica y las reglas rígidas no existían en la poesía desde hace muchas décadas. El segundo hito fue en  2002, cuando atravesaba un momento trascendente en mi vida, que escribí mi primer poema, “Enemigo fiel”, que consta en el libro “Tres whiskys para pasar la borrachera”.

¿En qué momento se descubrió como un escritor?

Pasaron 7 años entre mi primer poema y la decisión de escribir como profesión. El 2009, después de haber leído poesía, y sobre todo, después de haber estudiado mucho a Bob Dylan, candidato a Premio Nobel de Literatura 2011; y al argentino Pedro Aznar, músico y poeta, decidí convertir la poesía en una profesión. Desde  2009 no paré de escribir hasta tener este primer libro de poemas publicado. Y no he parado hasta ahora, estoy avanzando en el segundo libro… Aspiro a tener una producción constante en el tiempo.

Hábleme de sus primeros textos...

Después de “Enemigo fiel”, que tiene un significado muy profundo para mí, vinieron los demás poemas poco a poco. No recuerdo ya el orden, pero -como mencioné antes- muchas ideas surgieron del estudio de Dylan y Aznar. Luego los demás poemas surgieron de posteriores lecturas de otros poetas y del proceso que narré anteriormente.

¿Cuando termina el texto le da una revisión? ¿Lo leen otros?

Soy casi obsesivo en el proceso de revisión. Mientras no surge una inspiración para un poema nuevo, vuelvo a leer y releer los ya escritos. Cambio, añado o quito palabras. Borro o cambio versos enteros buscando el “menos es más”. Usualmente en el proceso acorto los poemas. También trato de expresarme de una manera propia y sin palabras innecesarias o rebuscadas, ya que siempre es una tentación enredar los poemas más de lo necesario. El primer “termómetro” es mi esposa, con quien comparto mis poemas.

Ella con su propia lectura ha desarrollado un criterio extraordinario para saber si un poema está listo para lectura de otros, o falta pulirse. Me habla sin tapujos. Luego se los doy a mi hermano Roberto Noboa, artista plástico, quien tiene una creatividad inimaginable. Finalmente, cuando me siento satisfecho con los poemas se los doy a terceros. Este primer libro fue revisado a fondo por Diego Alejandro Jaramillo, PhD, quien prologó la obra; Susy Baquerizo, una de las “Mujeres del Ático” y una enciclopedia literaria; y Karina Arteaga, escritora. Recibí las sugerencias de todos y con sencillez adopté todo lo que me dijeron, fueron una guía extraordinaria y una profunda fuente  de aprendizaje para mí.

¿Cuál cree que sea la utilidad de los talleres de escritura?

No he participado nunca en un taller de escritura. Estoy seguro de que son de mucha utilidad si quien los guía tiene la vocación y los conocimientos apropiados para dirigirlos. ¡Ah! Y una mente muy abierta y vanguardista, por supuesto, para animar a los escritores a atreverse, a adoptar una actitud irreverente. El statu quo existe para cuestionarlo y desafiarlo. Con estas condiciones que yo considero adecuadas creo que de talleres de escritura podrían salir escritores extraordinarios.

¿Cómo valora la obra de Kintana?

Con todo respeto, no creo que yo deba opinar sobre mi propia obra. Eso es tarea del lector, de los críticos literarios, del público en general. Este libro ya no me pertenece.

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