Ganador del premio miguel de cervantes en 2011

Nicanor Parra, 100 años del creador de la antipoesía

- 04 de septiembre de 2014 - 00:00
Nicanor Parra es parte de la celebración que vive Chile por sus 100 años de vida. La exhibición se hizo con su propio archivo de fotografías. Foto: AFP

Ganador del premio miguel de cervantes en 2011

Santiago.-

Es considerado el padre de la antipoesía; el hombre que abrió la puerta al absurdo, al humor, a la ironía y al habla de la calle, al habla popular. Nicanor Parra, el poeta chileno más contrapuesto a Pablo Neruda, cumplirá nada menos que 100 años mañana. Con una salud envidiable, Chile ya comenzó a festejar este hito, mientras él, en su refugio del balneario Las Cruces (a una hora y media de Santiago), resiste estoico el paso del tiempo.

Aunque hace 2 décadas vive completamente alejado de la ciudad, Parra está lúcido y pendiente de la actualidad nacional e internacional. Incluso él mismo maneja su Volkswagen escarabajo gris. Puede también recitar de memoria a Shakespeare, a Nietzsche, a Heidegger y también a su hermana Violeta Parra. Todas estas figuran aún lo obsesionan. En su momento también lo obsesionó, a su manera claro, el Premio Nobel, galardón que nunca le fue entregado. Sí recibió el prestigioso Premio Miguel de Cervantes en 2011, entre muchos otros galardones. Fiel a su estilo, en esa ocasión dijo: “Los premios son para los espíritus libres/ Y para los amigos del jurado/ Chanfle / No contaban con mi astucia”.

Todo lo que dice Parra lo hace ahora a través de pequeños antipoemas o notas breves a modo de “artefactos”. Porque lo que tenía que decir ya lo dijo desde 1954, cuando publicó su más célebre obra: Poemas & Antipoemas, un texto que revolucionó a la literatura en español. Luego, en 1962, fue el turno de Versos de Salón: “Durante medio siglo la poesía fue el paraíso del tonto solemne. Hasta que me instalé con mi montaña rusa. Suban si les parece. Claro que yo no respondo si bajan echando sangre por boca y narices”.

Nacido en San Fabián de Alico, una localidad en el sur de Chile, e “hijo mayor de un profesor primario/ y de una modista de trastienda”, como él mismo escribió, Parra proviene de una familia humilde y numerosa. Todos sus hermanos se dedicaron a la música o al circo. Su hermana más querida fue Violeta Parra, la gran cantautora chilena. Pero solo Nicanor asistió a la universidad.

‘Don Nica’, como le dicen sus seguidores, llegó a Santiago a comienzos de la década del 30 para terminar sus estudios secundarios. Parra quería ser policía, pero cambió de idea e ingresó a la Universidad de Chile, donde estudió Matemáticas y Física. Para financiar sus estudios, trabajó como inspector del Internado Nacional Barros Arana. En esa época publicó su primer libro, que lleva por título Cancionero sin nombre, donde incorporó el desarrollo narrativo de los poemas y el hablante poético como personaje de los versos. Esta obra, influenciada por Federico García Lorca, fue la génesis de la antipoesía.

En 1937 regresó a la ciudad de Chillán (en el sur de Chile) para desempeñarse como profesor de matemáticas en la misma escuela donde asistió de niño. Al año siguiente consiguió su primer galardón: el Premio Municipal de Santiago, pero por su contribución a la física. La vida de Parra cambió radicalmente en 1943, cuando se mudó a Estados Unidos. Ahí profundizó en la obra de Whitman. Un día, cuenta el mismo Parra, miró un retrato de Whitman y reparó en sus barbas de patriarca: “Justo ahí le pillé el lado flaco: Whitman no tenía humor”. La antipoesía estaba a punto de nacer. Pero todavía faltaba algo. Aquello, Parra lo encontró en Inglaterra. Una nueva beca en cosmología le permitió instalarse en Oxford y un día finalmente dio en el blanco cuando en una librería vio el título de ‘A-poems’. Entonces, Parra unió los cabos sueltos y facturó aquello de los antipoemas.

Tras la publicación de Poemas & Antipoemas, Parra fue en ascenso. En los 60 publicó Manifiesto, Canciones Rusas, Los vicios del mundo moderno y Obra Gruesa. En 1969 le fue otorgado el Premio Nacional de Literatura, el más importante del país. En los 70, la obra de Parra se amplió a los Artefactos (pequeñas postales con mensajes de tono irónico y muy provocadores) y con Sermones y Prédicas del Cristo del Elqui. Más tarde elaboraría su antipoema más famoso: El Hombre Imaginario.

Sin embargo, en esa misma época sufrió un golpe al ser desterrado del mundo de la izquierda, que no le perdonó un encuentro en la Casa Blanca con la esposa de Richard Nixon, en plena Guerra de Vietnam. Así, pasó al ostracismo, pero desde esa trinchera se dedicó a atacar a la dictadura de Pinochet. “La izquierda y la derecha unidas, jamás serán vencidas”, diría tiempo después. Luego, salió a flote como profesor de matemáticas en la Universidad de Chile.

Cuando Chile recuperó la democracia, en 1990, la nueva literatura chilena se olvidó de Parra, hasta que a partir de 2000, su poesía volvió a emerger con gran fuerza e influencia en América Latina. Entonces vinieron los homenajes públicos y grandes exposiciones, como Obras Públicas en el mismísimo museo del palacio de La Moneda, donde se atrevió a colgar a todos los presidentes de Chile en clave de marionetas. Esta obra lleva por título El Pago de Chile. Al mismo tiempo, sus libros, que solían encontrarse en librerías de textos usados y ferias de anticuarios, fueron reeditados en el volumen Obras Completas.

Parra, un tipo de vida sencilla, surgió entonces desde las tinieblas, desde su modesta casa de Las Cruces, más vivo que nunca, fresco como una lechuga. “Creo más en el Kino (lotería chilena) que en el Nobel”, ha repetido en los últimos años. El más famoso antipoeta cumple 100 años.

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