Therion conjugó sus clásicos con tres temas operísticos en Cotopaxi

- 25 de mayo de 2018 - 00:00
El compositor y guitarrisa Christofer Johnsson (izquierda) presentó la canción “To Mega Therion” pidiendo a la asistencia que pusiera “cojones”.
Foto: cortesía / Christian Arturo Benavides

En un año en que los conciertos de rock y metal han sido varios, los suecos Therios volvieron por tercera vez al país. El escenario fue el coliseo Julio Sampedro, de Latacunga, en el marco del Festival Kings of Metal, pero las nueve bandas que conformaron el variado cartel apenas convocaron a 600 personas.

El sábado pasado fue un día frío en la capital cotopaxense y a la presentación del par de bandas nacionales que mayor convocatoria han provocado en el país, Bajo Sueños y Basca, le siguieron los ingleses The Devil, en lo que fue su debut en Ecuador.

Con una puesta en escena que tuvo un sonido notablemente mejor que el que usaron los músicos locales (Aztra, Muscaria, Avathar, Mortal Decision, Total Death, Black Sun y el par de cuencanas ya nombradas), el trío de enmascarados británicos hizo un repaso por su discografía ante una audiencia que no provino de todas las regiones del país como se esperaba en el local cuyo aforo es de 4.000 espectadores.

Los estelares, Therion, decidieron subir al escenario antes que los colombianos Erthereal y aunque su más reciente disco de estudio, Beloved Antichrist, requiere de teatros para desplegar su repertorio operístico, interpretaron tres temas (“Temple of New Jerusalem” fue la más destacada de un disco complejo) sin el vestuario que han desplegado en otras partes de su gira -a excepción de Christofer Johnsson y Chiara Malvestiti- un periplo que los ha llevado a 85 países, según contó el primero a su público en un momento de su presentación.

Thomas Vikström se alterna en la voz principal con Malvestiti, soprano italiana que desprende las notas más emotivas de su presentación. Linnéa, hija de Vikström, hace gala de una agudeza vocal que complementa ciertas tesituras sobre algunos estribillos que pregrabados resultan menos increíbles que la ausencia de teclados reales que se extrañarán en temas como “Cults of the Shadow”.

Ethereal vio reducido en número a su público luego de la hora y media de show con incursiones operísticas de los virtuosos suecos. (I) 

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