¿EN QUÉ LE AYUDO?
"¿En qué le ayudo?", "No le puedo ayudar". De un tiempo acá, esta es una muletilla que se escucha, de parte de servidores, empleados, dependientes, en establecimientos públicos y privados, ante cualquier requerimiento, legítimo, de los usuarios.
¿Es inocente esta nueva forma de relacionarse dichos servidores con el público?
Pensamos que no. Allí subyace una carga de poder, ‘de podercito’, si puede llamarse así al que ejerce cada persona que tiene a su cargo servir al público.
Cuento, a manera de anécdota: Hace algún tiempo acudí, un sábado, a un banco. Dada mi condición de hombre viejo, pregunté por una columna para tercera edad. El guardia me replicó: "Solo de lunes a viernes, el sábado no le podemos ayudar".
¿Ayudar? Es obligación de todo servidor cumplir con su deber, sin pretender que tal servicio es una concesión, una ‘ayuda’ a lo que constituye un derecho de cualquier ciudadano. Parecería que quienes tienen a su cargo el cumplimiento de una obligación, devengando, además, un estipendio, se sienten ellos dueños de una condición de superioridad ante quien demanda los servicios.
Por medio de esta nota, clamo por una campaña a fin de que se erradique esto que, a no dudarlo, constituye una aberración. Y empezando por los servicios del Estado, se eduque a los servidores a asumir -con dignidad, claro, y sin aceptar atropellos ni humillaciones- su papel de tales.
Jaime Muñoz Mantilla
C.C. 1702447747
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