Literatura escrita por mujeres
El reconocimiento internacional de una literatura escrita por jóvenes mujeres es una noticia esperanzadora para la cultura y para las mujeres: este fue precedido por mujeres pioneras, las que abrieron el camino y pusieron la vara alta para las más jóvenes. Hoy es una generación segura, cosmopolita, atrevida, sin rubor a tratar temas de violencia, de abusos, de desesperanzas; sin temor a adentrarse en un mundo interior oscuro. He leído apenas a tres de ellas, cada una encarna un valor en sí misma, un estilo propio. Mi relato va en mi orden de lectura.
De Mónica Ojeda, Mandíbula, novela cuyo argumento gira en torno a la violencia escolar en un Guayaquil elitista y decadente. El texto atrapa por el efecto de imantación construido a través del horror y el miedo, lo que unido a su ritmo y estructura lo convierte en un texto poderoso. Explora relaciones entre adolescentes, madre/hija, maestra/alumna en un mundo oscuro y complejo, habitado por mujeres.
Pelea de gallos, de María Fernanda Ampuero, un conjunto de cuentos que me costó leer, por lo descarnado del relato. La autora penetra en el mundo de la infancia, la inocencia, junto a la violencia y al terror. Una sexualidad abusiva, el incesto, la crueldad, en el entorno más vulnerable para los personajes: su propia casa, su hogar. Articula un reconocible enfoque de género cuando posiciona la desigualdad de la mujer, la cual estalla junto a la desigualdad de clase.
De Natalia García Freire, Nuestra piel muerta, un texto prodigioso que asocia, con destreza, un lenguaje sutil, delicado, casi mágico, con la monstruosidad de la oscuridad, el abandono, la podredumbre y la muerte. Esta fusión es lo que más me llamó la atención: la capacidad de articular un lenguaje hermoso, unas imágenes delicadas con el desgarramiento de la locura de una madre, la indolencia de un padre, el desamparo del hijo. Todo ello ocurre mientras el protagonista se refugia en un mundo subterráneo, el de los insectos, de una belleza y perfección que contrasta con el humano.
Estamos ante un doble prodigio: literatura ecuatoriana que se visibiliza en el mundo y es escrita por mujeres. ¡Celebremos y leámoslas! (O)
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