Los CiudadanosDeBien
Causa sorpresa que con cierta frecuencia nosotros, como miembros de la raza humana, seamos testigos de etiquetas; la más reciente: Los Therians. Al respecto, según el diario español El Mundo, esta palabra “(…) viene del inglés ‘therianthropy’. Esta, a su vez, deriva de los términos en griego antiguo ‘therion’, que significa bestia o animal salvaje, y ‘anthropos’, que quiere decir humano.
Se refiere a la capacidad de transformarse en animal no solo físicamente, sino también desde un punto de vista espiritual y psicológico (…) se identifican como un animal no humano desde una perspectiva psicológica y espiritual. No se trata de una tendencia nueva, sino que ya surgió en los años 90 en comunidades digitales”. En ese sentido, y más allá de ejercer mi juicio de valor al respecto, estimo mayormente provechoso intentar pensar y ejercitar etiquetas más antiguas aún que Los Therians: Los Ciudadanos de Bien (Los CiudadanosDeBien).
¿Ha escuchado usted sobre la etiqueta anteriormente mencionada: Los CiudadanosDeBien? De hecho: ¿La ha practicado? Desde el escenario optimista, es altamente probable que usted la haya ejercido sin percatarse, sea porque sus progenitores y/o cuidadores se lo inculcaron, o sea que en alguna etapa de su formación académica se la fomentaron, e inclusive en la universidad de la vida la haya adquirido.
En fin, el accionar de un CiudadanoDeBien implica no solo evitar el mal sino realizar el mayor bien posible, y sin requerir realizar acciones extraordinarias: ceder el turno a quien lo merezca (una persona adulta mayor, o en estado de gestación, por citar dos ejemplos) mientras ‘hace fila’; ayudar a alguna persona con movilidad reducida o con pérdida de visión, a cruzar la calle; cuidar a alguna persona con su salud quebrantada; dar ambas manos (como lo recomendó San Agustín) a quien lo solicite, con vestimenta, con alimento, y hasta con alguna oportunidad (material e inmaterial) en pro de mejora de su situación socio-económica.
Seamos más incisivos, todavía. Si usted no se ha identificado nunca con la etiqueta CiudadanosDeBien, pero se cataloga como cristiano-católico y recientemente participó de la Eucaristía de inicio de la Cuaresma para que le sea impuesta la ceniza (sacramental), es igual a que usted haya acudido a un especialista de la salud, éste le haya diagnosticado alguna afección pero usted se niegue a aceptarla y a seguir el tratamiento prescrito y tomar la medicación en razón de que considera que se encuentra en perfecto estado de salud y no necesita al especialista. Estamos ante una incongruencia o una cobertura superficial, a más de autoengañarse. En buen romance, no está practicando la regla máxima del credo cristiano-católico (y en sí de quien ama a Dios): el amor.
Casi siempre estamos listos o con el “pie en el acelerador de la lengua” para ejercer críticas y hasta lastimar a quienes, por diversas circunstancias, siguen etiquetas que una parte de la sociedad impone, sin conocer que la persona que se identifica con ellas atraviesa momentos de dificultad a nivel interior (en su mente y en su espíritu). Hoy es la oportunidad, dada la etiqueta de Los Therians, para profundizar (o practicar, si no lo hemos hecho) en la etiqueta CiudadanosDeBien, dejando de lado el señalamiento y hasta la exclusión, que ni es cristiana ni peor aún humana.
¿Queremos demostrar que Los Therians están equivocados? Bien, cambiemos nosotros primero para que los otros también cambien. ¿Cómo? Con la práctica diaria de CiudadanosDeBien; la práctica del amor, misma que no duele ni cuesta (aunque sinceramente sí cuesta: aplacar el ego).
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