Ecuador / Domingo, 11 Enero 2026

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“Jay Kelly” o el deseo de tener una nueva vida

El director norteamericano Noah Baumbach tiene un nuevo filme en las redes. Se trata de “Jay Kelly” (2025), un ejercicio de dirección y de examen de la realidad del mundo humano del cine.

La película toma la vida del ficticio actor de cine Jay Kelly, el cual, pese a tener familia y una red de amigos, se da cuenta, quizá muy tarde, de que había vivido la realidad del cine, de las obras que interpretaba, más que su propia realidad. Baumbach enfatiza la tensión entre haber vivido una realidad ficticia y el no haber vivido el mundo de la realidad misma, la cotidiana.

Como las películas de este consagrado director (tan solo recordemos de él: “Historia de un matrimonio”, “Los Meyerowitz” o “Ruido de fondo”), “Jay Kelly” es el examen de los comportamientos humanos, es decir, es un cuidadoso perfilamiento de las intrincadas personalidades de personajes que, aunque las veamos lejanas, son, en realidad, muy parecidas a cualquier otra de la cotidianidad que nos rodea. En este caso, no importa si lo que vemos es a un famoso actor de cine, sino a cualquier ser humano que ha descuidado su entorno familiar por entregarse plenamente al trabajo. En otras palabras, “Jay Kelly” observa las complejidades de las relaciones humanas y esas verdades silenciosas, esas que no se dicen, pero que las envuelven.

En su película, Baumbach entonces ausculta las sutiles tensiones de dichas relaciones humanas, que implican delicadas negociaciones con los egos, la vulnerabilidad pese a las corazas de cuerpos encumbrados de fama y cierto poder, al mismo tiempo que el desesperado, pero también no expresado (tal vez, por vergüenza) deseo de conexión. Aunque seguimos la vida de un actor de cine, de un famoso, en realidad, nos damos cuenta de que, como él, cualquier persona tiene una serie de capas de identidad que muchas veces resuenan trágicamente: es decir, como ellos, nosotros nos aferramos a identidades que aseguran nuestra pervivencia, pero que en un momento estallan cuando nos confrontamos con nosotros mismos y con la presencia de los demás. En este sentido, “Jay Kelly” podría verse como un interesante ejercicio de etnometodología.

El tema central de “Jay Kelly”, con todo, es el autodescubrimiento en el contexto de las relaciones humanas que permanentemente cambian y de las cuales nos damos cuenta quizá tardíamente. El protagonista (interpretado por George Clooney), de este modo, poco a poco comprende que una es la realidad del cine, de la fantasía, y otra, la del mundo real que le rodea: un complejo terreno de amistades, envidias, apuestas, amores y desamores, ambiciones personales, además de identidades otras que igualmente se presentan como especies de espejos que reflejan las diversas facetas que muchas veces funcionan como caretas exteriores. Solo se puede saber cuándo se ha estado viviendo por fuera de la realidad cuando los espejos son dispares a la imagen que uno cree proyectar.

De esta tensión emerge finalmente lo que uno ha estado ocultando todo el tiempo: quién se es. La clave en el filme está dada desde el principio cuando Jay Kelly, queriendo ser falsamente perfeccionista, repite las escenas de sus películas. Pero ¿en la realidad de la vida cotidiana tenemos la posibilidad de repetir de nuevo la escena o el momento que hemos vivido, quizá con el afán de corregir aquello en lo que nos equivocamos? Baumbach nos devuelve a la realidad: aunque deseáramos hacerlo, no es posible la vuelta atrás.

“Jay Kelly”, en este sentido, es honesta: captura esa incomodidad del darse cuenta de que, aunque todo ser humano se invista de poder y tenga un manto inexpugnable, es siempre vulnerable porque está hecho de una serie de olvidos y errores (sin descontar los aciertos). La cuestión es mirar hacia adentro, es observar, con humildad, que finalmente la cáscara de todo poder personal tiene que ver siempre con una intimidad o con una oscuridad que hay que subsanar. Es por ello por lo que la película de Baumbach es reflexiva, introspectiva, pero también contemplativa: apelando al giro afectivo, hace que el espectador también sienta en su interior que hay emociones no expresadas escondidas bajo una superficie. Insisto, es la cuestión de la careta, de la personalidad, es decir, de la persona, si es que esta se entiende todo lo que un/su ser implica.

En momentos en que necesitamos volver a comprender lo que debe ser el ser humano, “Jay Kelly” pienso que es imprescindible. Baumbach, de este modo, aparte de hacernos conscientes de la realidad íntima del ser humano, hace un trabajo de notable dirección. Desnuda el mismo mundo del cine, de las estrellas que por fuera son objeto de admiración, pero que por dentro son seres con una intimidad que muchas veces se pasa por alto. Contrario a las tesis de la sociedad del espectáculo (alguna vez analizadas por los situacionistas como Guy Debord), Baumbach parece decirnos que hay una sociedad donde, tras el espectáculo, hay una sociedad de sentimientos que todos nos encargamos de obviar. Su película es un posicionamiento muy sugerente para tomar en cuenta.