Institucionalidad, eterna ultrajada
Institucionalidad es credibilidad, estabilidad y seguridad, también es paz y mayor certeza de cara a un futuro que por ahora es incierto y preocupante. La institucionalidad es la base capaz de sostener una democracia sólida y portentosa, a prueba de intereses mezquinos, también de populistas, dictadorzuelos y caudillos. Algo más, la institucionalidad pasa por someter la política y el poder público a las reglas de la democracia y de los códigos del derecho. Si se fortalece la institucionalidad, los ciudadanos y las empresas elevarán su apuesta y confianza por el Estado y sus autoridades. Institucionalizar el país es el mayor desafío que tenemos, pero para esto se requiere cumplir algunas condiciones particulares.
La primera de ellas consiste en que los políticos, de cualquier tendencia que fueren, saquen las manos de la justicia en todos sus niveles y divisiones, para que los jueces cumplan su papel aplicando la ley como corresponde, administrando jurisprudencia y garantizando los derechos, sancionando sin temor a infractores y delincuentes; esto incluye así mismo, el respeto incondicional a la separación de poderes. Una segunda condición exige a esos mismos políticos, pero también al sector privado, someterse al régimen jurídico vigente, sin dilación, zapadas ni favoritismos que solo generan rechazo social; solo se espera que prediquen con el ejemplo, como se educa en los buenos hogares y escuelas. También construye institucionalidad la transparencia en el ejercicio del poder y en el uso de los sagrados recursos públicos; en este sentido, ya es tiempo de dignificar el servicio público. Otra condición especial supone el respeto incondicional de las libertades y los derechos, así como el fomento a la participación ciudadana, dejando de lado esa perversa tentación de instrumentalizarla.
La institucionalidad es imprescindible e impostergable; puede convertirse en atalaya y luz orientadora que permitirá avanzar hacia un destino con posibilidades de prosperidad reales. La política será siempre respetuosa de la institucionalidad, también será sustancial y estará cimentada en la conexión con los ciudadanos, purgada de mensajes diseñados con el propósito de manipular, además, deberá sacudirse de la pavorosa frivolidad que la caracteriza. Países que han alcanzado mayores cotas de institucionalidad cuentan con condiciones superiores para lograr el mejoramiento efectivo del nivel de vida de sus habitantes
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