El poder no se anuncia: se ejerce
El Maquiavelo real -no el de manual- sino el analista del poder, en su plan de trabajo, habló de construir el nuevo Ecuador, a través de la justicia, equidad y participación. La problemática de inseguridad, guerra al narcotráfico y corrupción, en su lucha diaria, lo enfrenta con arrojo. En dos años, constató la realidad. Observa cómo se construye autoridad, cómo se neutralizan adversarios, cómo se sostiene el mando en contextos inestables. Daniel Noboa, aprendió rápido una lección central: no se gobierna solo con convicciones, se lo hace con poder.
Se perfila como un líder en ejercicio, consciente de que el poder necesita relato, aliados y timing. Más estrategia y real politik. No habla solo a sus seguidores, lo hace al sistema. No se arrodilla. Cambió de idioma, ritmo y tono; de estética y de escenario. Vive en el algoritmo y en la polarización. Entendió que la provocación permanente carcome, mientras la ambigüedad estratégica, consolida.
Claro y firme al expresar que Ecuador enfrenta una ‘’guerra’’ no solo contra el narcotráfico, sino contra un método que afecta al tejido social del país, en respuesta a la inexistencia de una política de seguridad fronteriza de su homólogo colombiano, en medio de tensiones comerciales y políticas entre ambos países. El presidente de E.U. ofrece mediar.
Pragmático. Guste o no, las inversiones y negocios están en Medio Oriente y Ecuador busca posicionarse en Emiratos Árabes. Su práctica se alinea con el nuevo conservadurismo global, encarnado en figuras como Donald Trump. Nacionalismo económico selectivo, enemigos comunes, polarización como herramienta de cohesión. Liberal en el mercado, conservador en el poder. Una síntesis extraña, pero muy eficaz en el nuevo orden geopolítico mundial.
No está solo. En el nuevo mapa del poder global hay algunos príncipes contemporáneos: Trump en Estados Unidos, Bukele en El Salvador, Meloni en Italia, Musk desde las plataformas. Un Estado fuerte requiere un líder capaz de defender su poder a toda costa, sentenció Maquiavelo. Líderes distintos pero con un rasgo común: todos entendieron que gobernar ya no es solamente administrar, sino crear una nueva identidad en la sociedad. No buscan consenso: quieren lealtad.
En nombre de la seguridad, construye una narrativa de cooperación internacional, eficacia y orden. En nombre del mercado, refuerza liderazgos personalistas y en el de la anti - política, hace política en estado puro. El príncipe moderno necesita redes, épica y enemigos. El verdadero poder no se anuncia: se ejerce.
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