El chavismo cae y la progresía mundial se atraganta
La intervención estadounidense en Caracas, parecía más escena de Netflix que política real, es un hecho que marca un punto de inflexión sin precedentes en la larga tragedia venezolana.
Después de décadas de tergiversaciones ideológicas, protestas sangrientas, fraudes electorales y promesas rojas que solo engendraron miseria y narcotráfico, el mundo ha visto, por fin, la caída simbólica de uno de sus exponentes más patéticos.
Aquella falacia de que el socialismo puede conducir a la prosperidad, es solo un espejismo devastador. Las críticas al estatismo corrosivo de la libertad individual, tienen total fundamento a la luz de los hechos históricos que son irrebatibles y, Venezuela ha sido el laboratorio de esa catástrofe que ha dejado -como en Cuba- solo ruinas y desolación humana.
Las fronteras y carreteras sudamericanas han sido testigos de la diáspora, del sufrimiento de madres pariendo a la intemperie y jóvenes en busca de futuro (8 millones), cifra que resuena y hace entender que, la paz sin justicia es solo mitomanía.
Se habían agotado, una por una, las vías pacíficas para desmantelar el aparato chavista. Diálogos sin resultados, movilizaciones reprimidas con saña, fraudes electorales comprobados y acuerdos rotos una y otra vez, sin contar con los presos políticos (18.305) y torturados (36.800), más ejecuciones extrajudiciales (10.000) en medio de un nivel de pobreza cercano al 90% de la población.
La comunidad internacional tibia, se limitó a discursos de condena, no así la lógica de la intervención gringa, aunque incómoda para los guardianes del “sagrado derecho internacional” que hoy se rasgan las vestiduras, en el sofá de su casa, por la soberanía y el petróleo, respondió al agotamiento de todo intento serio de resolución interna, cada día de negligencia, fue una lápida más en el cementerio de libertades venezolanas que provocaba que millones sufran hambre, exilio forzado y represión cotidiana.
Ahora, con Maduro fuera de juego, su séquito no ha sido desactivado, sin embargo, se abre la peligrosa, pero quizás única, posibilidad de una transición democrática segura.
¿Cómo hacerlo? 1.Desmantelar los resortes de poder del chavismo; judicializar cada crimen de lesa humanidad; desactivar los colectivos armados; abrir las fuerzas armadas y desmilitarizar la economía petrolera. 2. Convocar elecciones libres bajo observación internacional estricta. 3. Reconstruir la sociedad civil, reparar a las víctimas y garantizar un retorno seguro para los exiliados. Y finalmente, desarticular las redes de narcotráfico e integrar a Venezuela en alianzas democráticas regionales.
La caída de Maduro podría ser el final, pero no, es recién el comienzo de una epopeya de reconstrucción, quedan piedras en el camino, mandos medios, asesores económicos y camaradas beneficiarios del dinero del pueblo venezolano, a quienes habría que extraerlos también.
Mientras tanto, los venezolanos solo piensan en abrazar a los suyos, reunirse en familia y volver a ser… Maduro fuera, ¿libertad dentro?...
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