La noche acoge el turismo tsáchila en Santo Domingo

- 05 de enero de 2019 - 00:00
El Municipio de Santo Domingo es la institución que más impulsa los paquetes turísticos que se ofrecen a los viajeros. Los rituales también son parte de los atractivos que tiene esta localidad.
Fotos: cortesía de Gisela Guerrero

Los rituales, la naturaleza y la gastronomía de la comuna Chigüilpe complementan un ambiente misterioso de una nueva propuesta para acoger a los visitantes.

Un ambiente de misticismo acompañado por la oscuridad nocturna es la nueva propuesta turística de la población de la comuna Chigüilpe, ubicada a nueve kilómetros del centro urbano de Santo Domingo, en la vía hacia Quevedo (Los Ríos).

En Mushily, uno de los centros culturales de la provincia tsáchila, se atiende a los turistas durante la noche con el fin de generar un atractivo turístico diferente.

Mushily es una palabra nativa resultado de la unión de dos vocablos en tsa’fiki: Mu, que significa achiote y shily, la corona de algodón que los tsáchilas colocan sobre su cabeza.

Los chamanes se preparan con su indumentaria compuesta del manpe tsanpa (falda tsáchila), un cinturón rojo, bufandas de colores en el cuello y el shily.

Antes del inicio del recorrido se guarda silencio para apreciar los ruidos que genera la fauna tsáchila.

Suenan los tambores y la marimba. Los cantos dedicados a la naturaleza completan el ambiente musical para que los visitantes se sumerjan en el misticismo tsáchila que existe en sus rituales y ceremonias.

El recorrido empieza con una ambientación del lugar: el silencio de la noche y el ruido que generan los reptiles permiten colocar en contexto a los visitantes.

Los guías son jóvenes tsáchilas que fueron capacitados para atender a los turistas, explicó Abraham Calazacón, uno de los poné (curandero) más conocidos del lugar.

Ellos acompañan a las personas por las diversas instalaciones que tiene el centro Mushily, como las cabañas ancestrales que eran usadas por sus antepasados.

La conexión con la naturaleza es una de las cualidades que más resalta de los poné (curanderos) de la comuna Chigüilpe.

Estas construcciones, de caña guadúa y paja toquilla, eran sin divisiones. En un solo ambiente se ubica la cocina, el lugar de descanso y donde se colocaba los animales que cazaban.

El turista puede hospedarse en cabañas para que complemente la estancia y la sensación de la vida rural que llevaban los ancestros tsáchilas. “Lo que buscamos es entregar un turismo diferente, que quienes nos visitan sientan cómo antes vivíamos y puedan comprender nuestra cultura”, indica Mirian Calazacón, miembro del centro cultural.

Uno de los turistas que conoció esta propuesta es Alfredo Pallaroso, quien llegó con su familia desde Quito.

“Cuando uno está fuera del país hay una mayor identificación con lo propio y venir donde los tsáchilas ha sido algo bueno, porque conozco más de mi país”, señaló.

Para impulsar esta iniciativa de turismo intercultural nocturno, el Municipio de Santo Domingo aporta alrededor de $ 30.000 para la promoción de este proyecto y de la visita a cascadas y bosques. Esto es parte de la inversión -de su competencia- que tiene el cabildo. (I) 

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