La feria da vida a Simiatug una vez por semana

- 12 de julio de 2018 - 00:00
Mientras la temperatura sube gradualmente, la parroquia va tomando vida. Allí se expenden ropa, calzado y herramientas, además de comidas.
Fotos: Roberto Chávez | EL TELÉGRAFO

Cada miércoles en esta apacible parroquia rural de Guaranda se expenden frutos, cereales y verduras; además de prendas para etnias de la región.

Calles totalmente vacías, viento gélido y ruidoso, un eco que replica hasta el más mínimo tintineo, y casas centenarias. Ese es el panorama en el centro de Simiatug.

Es miércoles y el reloj marca las 07:00. A partir de esa hora, las densas nubes que se posan sobre esta parroquia rural de Guaranda, en la provincia de Bolívar, ceden paso ante la imponente presencia del astro rey.

Como una flor que súbitamente se abre durante la fotosíntesis, este típico pueblito andino cobra vida mientras la temperatura va subiendo algunos grados.

A las 07:30, atrás ha quedado el ambiente silencioso y de desolación, aunque no del todo el frío. “Con Dios de nuestro lado y la fuerza de nuestro ganado, saldremos adelante con fe, esfuerzo, mingas y talante”.

Este corto pero emotivo mensaje matutino se difunde a través de un añejo y rudimentario parlante ubicado en lo alto de una casona de inicios del siglo XX.

“Es el llamado a la feria semanal. Mis abuelos contaban que esta frase la inventaron e instauraron unos misioneros jesuitas que aquí se radicaron por varios años. Antes de marcharse, y luego de participar en las tareas de reconstrucción de las casas que destruyó un fuerte sismo,  lo enseñaron a todos los vecinos”, explica con voz entrecortada Ruperto Yacchirema, octogenario agricultor del pueblo.

Él, como el 70% de las 12.000 personas que residen en Simiatug, es indígena, de la etnia tomabela. Esta nacionalidad se caracteriza por sus vestimentas tradicionales de color rojo y negro, tanto para hombres como para mujeres.

La feria, el “motor” del pueblo
Allí, como en las otras ocho parroquias de Guaranda, existen tradiciones, casas, paisajes y sistemas de comercialización a los que no parece afectar el tiempo ni las modernas tendencias sociales.

Quien llega por primera vez seguro piensa que se trata de una localidad fantasma, pues el 85% de la semana sus calles, portones, iglesias, plazas, parques y viviendas lucen casi vacías.

Tras una semana de labores agrícolas, los comuneros esperan con ansias el miércoles para vender sus verduras, frutas, animales menores, artesanías, prendas de vestir y herramientas agrícolas, entre otras mercancías.

Fina Godoy, presidenta de la Asociación Siembra Andina, encargada de la venta y compra de hortalizas, destaca el evento comercial.

“La feria de San Simón y esta son muy conocidas en Guaranda y la región. Desde Tungurahua y Chimborazo llega gran cantidad de compradores, muchos de ellos dueños de comedores, quienes adquieren productos libres de químicos, acompañados de vendedores de zapatos, ollas, ropa, ponchos y otros textiles”.

El expendio masivo tiene lugar en la plaza principal, muy cerca a la iglesia.

Empieza a las 08:00, hora en que además se ofertan platos típicos de Bolívar, como chigüiles, tamales y hornado.

El nombre del pueblo fue acuñado antes de la llegada de los colonos españoles. Pese a que no hay una teoría oficial sobre esto, se cree que fue impuesto debido a la presencia de lobos y otros mamíferos caninos en la zona.

“Nuestros abuelos nos contaban que en siglos pasados en nuestras colinas habían muchas madrigueras de lobos pequeños, denominados ‘lomo plateado’ y zorros colorados. Estos evitaban que  aves como la tórtola y el pájaro cebadero, devoraran las plantaciones de cereales; en su honor se nombró al pueblo Simiatug, palabra que proviene de los vocablos kichwa ‘simi’ y ‘atuq’, que en español significan ‘boca’ y ‘lobo’, respectivamente”, explicó Ernestina Saltos, comerciante del pueblo.

Al igual que en la parroquia Pasa de Ambato, aunque en menor cantidad, en Simiatug se elaboran camisas y pantalones para etnias indígenas de la Sierra centro. (I) 

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