Un ritual andino ahuyenta los efectos del cambio climático

- 07 de agosto de 2019 - 00:00
En la plaza Primero de Mayo de Ambato, las productoras de quinua, entre ellas América y Rosa, ofertan cada lunes semilla de excelente calidad, proveniente de cultivos orgánicos.
Fotos: Roberto Chávez | EL TELÉGRAFO

En caseríos del norte de Ambato, como La Florida y El Sagrario, los comuneros usan las primicias de quinua como ofrenda a sus deidades con el fin de evitar las heladas, granizadas, e incendios; además de solicitar buenas cosechas.

El maná, la comida de los dioses, el súper alimento, o la miel del cielo son solo algunos de los curiosos nombres que recibe la quinua.

Esta semilla de altísimo valor nutricional y de gran importancia para la conservación del suelo representa, además para los pueblos y culturas autóctonas de Sudamérica, un nexo entre lo divino y lo terrenal.

Especialmente en temporadas del año en que el clima es demasiado variable, áspero, impredecible, dificultando la siembra, poda, cosecha y comercialización de los productos agrícolas.

Según una leyenda antigua, los devastadores efectos  del cambio climático se podrían evitar con rituales y ofrendas dedicados a deidades casi olvidadas de las creencias animistas, propias de las culturas sudamericanas.

Los cogollos de la quinua se comercializan junto con los brotes de la sangoracha (amaranto), dos productos de valor nutricional muy alto.

El presente trabajo “desempolva” los detalles e información más relevantes de dichas tradiciones que tienen lugar en poquísimas y recónditas poblaciones indígenas de la Sierra centro.

La “ira del cielo”
La Florida, ubicada a 40 minutos del centro de Ambato y a un costado de la carretera que conecta con el cantón Salcedo, es una de ellas. Entre las particularidades de las extensas parcelas están sus temperaturas, no mayores a 12 grados, sus suelos arenosos, el escaso recurso hídrico, además de la presencia de fuertes vientos.

América Cóndor, octogenaria agricultora y conocedora de la sabiduría ancestral (sanadora mama), relata que los climas extremos en la región andina, ya sea calor o frío, son señales de enojo celestial.

“Nuestros abuelos y padres nos enseñaron que cuando hay heladas (descenso matutino y extremo de temperatura que precede a la presencia prolongada del Sol), la Pacha Mama (Naturaleza) está enojada por nuestras malas acciones”, explica.

A su juicio, el intenso frío y las lluvias prolongadas que experimenta su tierra natal,  así como localidades vecinas,  se deben a lo antes descrito.

“Por ello hay que escoger al mejor, más destacado y selecto producto de la tierra y ofrendarlo a las deidades. Hay varias, la predominante la Pacha Mama, le sigue la Luna (killa), el Sol (inti), y el cóndor”, dijo Rosa Yacchirema, nuera de América.

Si bien allí se considera a la papa, el maíz y al amaranto productos insignes, ninguno iguala a la quinua.

“Lo que el Maná (alimento dado directamente por la mano de Dios al pueblo hebreo, según la Biblia) representa para la cultura y religión judía y cristiana, es la quinua para los pueblos indígenas”, explica Norma Caluña, antropóloga de la Universidad Técnica de Ambato.

Ofrenda a varias deidades
Con esto en mente los yachak (hombres sabios) y las sanadoras mama, eligen tres veces por año las primicias de la cosecha de dicho comestible para ofrendarlo.

Los meses para esta actividad son enero, septiembre (Luna llena), y noviembre. Este año, la segunda colecta se debió adelantar a finales de julio debido al descenso repentino de las temperaturas en esas fechas.

“Una vez separado lo más selecto del grano, se lo humedece en agua de vertiente. Se usan 2 kilos; en un cuenco de barro especial para esta ceremonia se coloca el producto en una rama del árbol más alto”, aseguró Rodrigo Yancha, agricultor de El Sagrario, caserío cercano a La Florida.

Él explica que el ritual debe ser repetido en cada terreno. No obstante, el acto inicial lo hace el Cabildo (autoridad local), y es seguido en el lapso de siete días por los demás vecinos.

Luego de dicho tiempo los comuneros clasifican la cosecha de quinua y destinan la mayor parte para la venta y una pequeña porción para consumo familiar.

“La ofrenda es exhibida y expuesta a los caprichos del clima. La mayor parte del grano en el cuenco es consumido por aves, empero al final de todo vuelve a la tierra; si el recipiente de barro no cae y resiste en el árbol será usado en la próxima ofrenda”, agregó Yacchirema.

Gastronomía
Todos los lunes América y Rosa expenden quinua en el mercado Primero de Mayo de Ambato. Allí, dueños de restaurantes adquieren el producto de primera calidad.

“Chaulafán andino, chanfainas, ensaladas, coladas, sopas, entre otros platos, se preparan con la quinua. Además hay productos medicinales y cosméticos que se pueden extraer del grano, así como conservas”, dijo Laura Martínez, chef. (I) 

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