Covid-19: ¿es seguro ir a la playa?

- 14 de julio de 2020 - 13:19
Foto: Archivo / EL TELÉGRAFO

Para disfrutar en la playa, los expertos coinciden en que lo más importante es el distanciamiento físico social, tanto en el agua como en la arena y las zonas comunes.

La reapertura de playas anunciada para el próximo 22 de julio en Ecuador causa expectativa, especialmente para las localidades que dependen económicamente de las actividades turísticas. Operadores, prestadores de servicio y comuneros se preparan para recibir a los turistas y sobre todo se capacitan sobre medidas de bioseguridad.

Las autoridades han indicado que el aforo permitido será del 30%, y que las 60 playas seleccionadas son aquellas que cuentan con cámaras de vigilancia, perifoneo e incluso se implementarán drones para el constante monitoreo.

Pero junto con la expectativa y ansias por retomar la actividad, se generan temores. ¿Estamos a salvo de la covid-19 mientras caminamos, trotamos, tomamos el sol en la arena o nadamos en el mar?, se preguntan muchos.

Covid-19 y el agua de mar

No hay evidencia concreta de que haya un mayor riesgo de contraer covid-19 del agua, o incluso de que el virus pueda sobrevivir en agua salada por mucho tiempo. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha basado sus recomendaciones sobre el tema en las evidencias científicas recogidas para otros coronavirus. Y señala que el riesgo se relaciona más con el bajo respeto del distanciamiento social y menos con el virus en el agua.

Marco Coral, docente de Epidemiología de la Universidad de Las Américas (UDLA), indica que en efecto los últimos estudios no son concluyentes sobre la supervivencia del SARS-CoV-2 en el agua de mar, aunque sugieren que el contagio a través de esta vía sería bastante complicado, ya que tomarlo como un factor único de transmisión sería erróneo.

El experto explica que existen otros factores ambientales que entrarían en competencia, tales como temperatura, condiciones del agua de mar- que no son los mismos en todas las playas-, también el origen del agua y si es que ha tenido contacto con algunos desechos, entre otros. 

"Entonces, hablar realmente sobre si el agua de mar puede ser o no un vehículo para contagiarnos, pues todavía quedamos en una gran interrogante y realmente solo culpar al agua de mar no sería muy exacto en este sentido", apunta.

Para Coral, la seguridad de bañarse en las playas va a depender de la densidad de personas que asistan. "En realidad el riesgo mayor en las playas no es tanto el agua, pero sí la forma de transporte, los lugares de hospedaje, los lugares de alimentación, los vendedores ambulantes y el uso de las mascarillas y cómo se va a dar este en las playas".

En mayo, investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España publicaron un informe que recopila el estado actual de conocimiento sobre cómo es la transmisión del virus en espacios destinados al baño y otras actividades acuáticas.

De las posibles vías de contagio en los ambientes a los que se refiere este informe (piscinas, playas, ríos, etc.), la vía de transmisión principal del SARS-CoV-2 es a través de secreciones respiratorias que se generan con la tos y los estornudos y el contacto de persona a persona.

"Las aglomeraciones que pueden darse en las piscinas y playas, así como los objetos de uso común pueden continuar sirviendo de mecanismo de contagio", dice el estudio.

En lo relativo al agua del mar, el efecto de dilución (el virus se disemina en el agua y esto rebaja su poder de infección), así como la presencia de sal, son factores que probablemente contribuyan a una disminución de la carga viral y a su inactivación por analogía a lo que sucede con virus similares.

"Para infectarse, una persona necesita estar expuesta a un número mínimo de partículas virales", expuso Bruce Ribner, director médico de la Unidad de Enfermedades Transmisibles Graves del Hospital de la Universidad Emory, en Estados Unidos.

"Cualquier secreción que vaya al agua, como por un estornudo o tos, se diluirá rápidamente", dijo en una entrevista con The New York Times

Joan Grimalt, investigador del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua de España, uno de los colaboradores del estudio del CSIC, sostuvo a la BBC que "una contaminación dentro del agua es improbable, pero es mucho más improbable en agua salada o en agua de piscina".

"El agua de mar tiene sal y se ha comprobado experimentalmente que este elemento desactiva o destruye la covid-19", afirmó Grimalt.  Añadió que esto pasa con muchos virus.

"Hay muchísimos organismos que no pueden vivir en un entorno salino. El agua de mar tiene una ósmosis, una densidad de iones, que mata muchas de las familias de virus", recalcó. 

El virus que provoca la covid-19 está compuesto por un núcleo de material genético y una cápside de proteínas que lo envuelve y, al igual que otros coronavirus respiratorios, está recubierto por una envoltura lipídica.

Otros virus, como el de la hepatitis A, por ejemplo, carecen de esa envoltura. "Sorprendentemente eso les hace aguantar más en agua dulce o en agua de mar que la covid-19", que muere más rápido, explicó Grimalt.

Sin embargo, la supervivencia del SARS-CoV-2 en agua de ríos, lagos, pozas de agua dulce y no tratada es superior en comparación con las piscinas y el agua salada, y por tanto deben extremarse las medidas de precaución para evitar aglomeraciones, siendo estos los medios acuáticos más desaconsejables en relación con otras alternativas.

Aguas residuales

En el caso de la covid-19 el principal riesgo son las aguas residuales de ciudades que desembocan en el mar. El informe del CSIC advierte que todavía no hay evidencias sobre la inefectividad del virus (la capacidad de una agente patógeno para invadir un organismo y provocar en él una infección) en aguas residuales, donde sí se han encontrado trazas del nuevo coronavirus.

"Esta posibilidad no se puede descartar totalmente porque hay ya tres estudios en los que se describe la presencia del virus infeccioso en muestras de heces de pacientes infectados", indica el informe. 

"Las aguas tratadas o residuales que llegan al mar pueden contener la covid-19 porque las heces de las personas enfermas o asintomáticas tienen una alta concentración de virus", explicó Grimalt a la BBC.

En Ecuador, según Coral, los estudios que han arrojado resultados son algunos que trabajan con las aguas residuales de las ciudades más afectadas por la pandemia, sobre todo en Quito.

En EE.UU., un informe del Centro de Tecnologías Sostenibles para el Agua y la Energía de la Universidad de Arizona señala que "las investigaciones también sugieren que los coronavirus son más sensibles al agua y a los procesos de tratamiento de aguas residuales que sus contrapartes los virus sin envoltura".

"Por tanto, estos procesos probablemente brinden una protección adecuada contra los coronavirus" y deberían ser suficientes, explica el documento.

Arena

Otro de los factores que puede preocupar es la prevalencia del virus en la arena presente en playas o riberas. Aunque no existen estudios experimentales al respecto, la acción conjunta de la sal del agua de mar, la radiación ultravioleta solar y la alta temperatura que puede alcanzar la arena, son favorables para la inactivación de los agentes patógenos.

Además, "la arena no es una superficie lisa. Lo que se ha visto es que en superficies rugosas los coronavirus permanecen menos tiempo", afirmó Grimalt a la BBC.

La brisa de mar

El aire en la orilla del mar, los aerosoles formados por las olas y el viento son abundantes y representan una gran fuente natural de partículas en el aire que podrían transportar el virus por este medio, por lo que una distancia segura sería superior a los dos metros recomendados en ciudad, dice el estudio del CSIC.

Sin embargo, ni la Organización Mundial de la Salud, ni los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), ni las Agencias de Salud locales de EE.UU. u otros países han advertido que el virus pueda propagarse por la brisa marina o la brisa costera.

La probabilidad de que arenas o tierras infectadas alcancen las manos y posteriormente boca, nariz u ojos de algún bañista es baja, pero no inexistente.

Distanciamiento y disciplina son la clave

"Necesitamos que las playas se reactiven, que el turismo esté bien, pero no podemos permitir un abuso y que no se cumpla los protocolos", explicó en una entrevista radial el lunes 13 de julio la ministra de Turismo, Rosi Prado de Holguín. 

"Creo que es el momento de demostrar el cariño que le tenemos al país, a nuestros recursos naturales turísticos", añadió la ministra al tiempo que llamó a la ciudadanía a la corresponsabilidad, porque de cumplir con los protocolos y mantener el distanciamiento depende salir adelante, "si no sucede, habrá que retroceder".

Y es que para disfrutar en la playa en tiempos de pandemia, los expertos coinciden que lo más importante es el distanciamiento físico social, tanto en el agua como en la arena y las zonas comunes. 

Por eso, imágenes como las registradas el fin de semana pasado en la avenida Malecón de Crucita, en Portoviejo, provincia de Manabí, son alarmantes. En ellas se ve grupos de personas junto a botellas de bebidas alcohólicas, otros que caminan sobre la arena y toman el sol, sin cumplir con medidas básicas de bioseguridad.

Afortunadamente, hay varias medidas a seguir para reducir el riesgo de contraer o propagar el virus. El experto en Epidemiología de la UDLA, Marco Coral, indica que los consejos van sobre todo en cuestión al contacto con otras personas y otros elementos en la playa.

Por ello recomienda que quienes asistan a la playa sean las familias que han estado conviviendo durante la pandemia, es decir "que no lleven a otros integrantes como tíos, primos, abuelos, ya que cada vez que se una más gente así sean familiares, aumenta el riesgo de contagio".

Coral indica que hay que asegurarse que la playa elegida para visitar sea la que cuente con todas las medidas de bioseguridad, que no albergue más gente de la que debe y en la que se evite al máximo el contacto con las personas. "Este es un virus que su transmisión más importante es de persona a persona", recalcó.

El experto recomienda que el lugar que se elija para comer debe tener el aforo limitado, los alimentos o bebidas de preferencia de envases sellados. 

Es importante el distanciamiento social, por eso hay que tratar de ubicarse en lugares que permitan "tener sus varios metros cuadrados" alejados de otros y, así mismo, respetar el espacio de otros turistas. Además, evitar las aglomeraciones y no estar en contacto con vendedores ambulantes que no apliquen las medidas de bioseguridad.

 "A las playas, además de la gente que vive cerca, irán personas de otros cantones que talvez estén en situaciones más complicadas" con respecto a la enfermedad, indica el experto.

Coral también recomienda el uso de la mascarilla, a pesar de que en la playa será complicado debido a factores como el calor, la humedad y la arena.  "Yo sé que es extremadamente difícil, pero ahora es parte de la disciplina ciudadana la que nos va a sacar adelante de esta pandemia".

Otras recomendaciones serían quedarse en casa si tiene síntomas sospechosos de covid-19; lavarse las manos con frecuencia, especialmente antes de comer o beber y cuando llegue y salga del área de baño. Si no hay agua y jabón disponibles, usar desinfectante para manos con al menos 60% de alcohol y frotar hasta que sus manos estén secas. 

Además, no compartir ningún objeto con personas con las que no conviva. Antes de alquilar una silla de playa u otro artículo, verificar que haya sido desinfectado. De lo contrario, la recomendación sería no utilizarla. 

Por último, las pandemias no hacen que las preocupaciones ambientales sean irrelevantes. No deje basura en las playas, lleve los desperdicios a casa o deposítelos en los tachos adecuados. (I)

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