Perfecta regresó a clases después de 62 años

- 12 de mayo de 2017 - 00:00
Zoila Zambrano (de morado) muestra el aval de culminación de la educación básica media.
Foto: William Orellana / El Telégrafo

El Ministerio de Educación entregó certificados a 800 adultos mayores que cursan el programa de alfabetización.

Perfecta Peláez Vargas, a sus 72 años, es la más longeva de su clase. La mujer, de cabello blanco, retomó los estudios después de 62 años.

Ella, por problemas económicos, solo cursó hasta cuarto grado de primaria en la Escuela 10 de Agosto, en Tarifa, parroquia rural de Samborondón.

La septuagenaria acude, con su mochilita, al mismo plantel para recibir clases de matemáticas, lenguaje y ciencias naturales. Lo hace de lunes a viernes, desde las 13:00. Lleva, rigurosamente, un año y medio.

“Antes uno tenía que transportarse en lancha.  Ahora, cuando me dicen que nos graduaremos, me emociono por lo que he logrado a mi edad”.

Ella y 3.121 jóvenes y adultos mayores recibieron el certificado de culminación de formación básica media y que es parte del programa de alfabetización y posalfabetización del Ministerio de Educación.

María Esther Lemus, subsecretaria de Educación Especializada Inclusiva de la Cartera Estado, precisa que el programa inició en 2011.

A nivel nacional, asegura Lemus, más de 380.000 personas se  beneficiaron con el programa. “El 20% de ellos es adulto mayor. Los que acceden son personas que superan los 15 años y con escolaridad inconclusa”.

De las 3.121 certificaciones entregadas a los estudiantes de la zona 8 (Guayaquil, Durán y Samborondón), 800 son adultos mayores. 

Francisco Ruiz, de 78 años, no sabía leer, ni escribir hasta hace año y medio. Hoy no solo lo hace, además cursa el sexto año de educación básica general.

Él recuerda que por ser analfabeto tuvo que poner su huella digital, en vez firmar, cuando tramitó su cédula de identidad. “Ahora sí sé firmar y cuando me dan un periódico lo leo todo”, expresa emocionado el septuagenario, quien trabaja como guardián de carros.

Por lo mismo pasó Zoila Zambrano. Ella no estudió la primaria, ni  la secundaria. Creció sin padres y fue adoptada por una familia.

La mujer, de 58 años, rememora que cuando era una niña veía partir a sus vecinos hacia la escuela. “A mí me ponían a cocinar o limpiar y por eso no estudié”. Luego se unió a su esposo y se convirtió en madre.

Cuando le propusieron ser parte del programa de alfabetización y pisar un aula por primera vez, dudó. “Mis yernos me decían que estaba muy anciana para que estudie. Pero me dije que iba a probar”.

Desde entonces, Zoila no deja de acudir a la Unidad Educativa Intercultural Bilingüe Santiago de Guayaquil, en Bastión Popular. Lo hace después de dedicarse al reciclaje de botellas de plásticas. De allí saca los recursos para mantener su casa.

Cristian Morocho, profesor del plantel, cuenta que en el salón hay   27 adultos mayores.

Añade que las clases son dinámicas y didácticas para que no se aburran y “los motivamos a que regresen”. Hay un día de reflexiones, otro para compartir experiencias propias  y también realizan juegos.

“No faltan, ni cuando llueve. Son más disciplinados. Su única dificultad es el trabajo, por eso se retrasan en ocasiones”.

Según Lemus, el proceso de oferta  extraordinaria es parte del sistema educativo nacional que cuenta con una malla curricular, aulas, docentes especializados en andragogía, lo que permiten una aplicación del aprendizaje para jóvenes y adultos.

Ginger Pino, de 19 años;  Ignacio Palma, de 66 años, y Agustina Pineda, de 58 (los dos últimos son esposos), tienen un solo objetivo: terminar la escuela y luego continuar el colegio. La primera, incluso, ya tiene planes para ingresar a la U.  (I)

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