Malformaciones y patologías daban "estatus" a los aborígenes

- 06 de junio de 2019 - 00:00
Foto: Miguel Castro / EL TELÉGRAFO

Una muestra del MAAC revela cómo las condiciones que padecían nuestros antiguos ancestros les daban ventaja con importantes cargos por ser diferentes. Su aspecto era perennizado a través de figuras de cerámica.

Las antiguas culturas de la Costa siempre personificaban  lo más simbólico de su sociedad en lo que respecta a cuestiones humanas.

“Obviamente, una figura antropomorfa que representaba a una persona importante, y al mismo tiempo tenía ciertas características diferentes, era totalmente interesante perennizarla para la posteridad o divinizarla como símbolo social”.

Christian Leví, mediador cultural del Museo Antropológico de Arte Contemporáneo (MAAC), se refiere así a la exhibición Enfermedades,  registro de las primeras dolencias físicas en América y el mundo, tomando como referencia las antiguas culturas asentadas en la costa del Pacífico, que desde abril está abierta en el Domo y Centro de Interpretación del MAAC.

Entre las 10 figuras que se expondrán hasta mediados de junio están las de chamanes. Leví comenta que generalmente en las antiguas culturas asentadas en la Costa no había rol de género y que simplemente se escogían a las personas para determinadas funciones desde pequeñas porque tenían ciertas capacidades o aptitudes.

“Obviamente las enfermedades o deformaciones desde la niñez eran un símbolo de diferencia y eso les daba estatus. Al tener enanismo, labio leporino, entre otras condiciones, eran escogidos desde pequeños como especiales”, explica el investigador que se basa en estudios propios y de universidades extranjeras.

Esto se observa en tres piezas que representaban a tres chamanes. La de uno con enanismo que tiene cuatro serpientes que posiblemente representen a las cuatro estaciones; la de otro que “nació con labio leporino y paladar hendido y adquirió verruga peruana” en la cara y que porta dos conos, una serpiente y un coquero (para hoja de coca); y la de un anciano extremadamente delgado y ataviado.

“Eran figuras importantes, en el caso del anciano, divinizado por haber sido mayor y  por sus características diferentes, entonces lo ataviaron y lo decoraron”.

La exhibición muestra otras condiciones como la sirenomelia, síndrome de Morquio o jorobado, estrabismo, malformación de maxilar distendido y deformación craneal con síndrome de Down y parálisis facial.

Las figuras del anciano delgado, del niño con sirenomelia, y de otro con malformación craneal, Down y parálisis facial, han abierto intensos debates.

En el caso de la primera, según algunos investigadores, estaba enfermo de raquitismo, pero otro grupo de científicos cree que era su momia porque en sus delgadas piernas tiene tablillas decoradas.

“De la segunda hay la versión de que los aborígenes la usaban como protección. Respecto de la última, algunos estudiosos decían que se trataba solo de malformación craneal, otros sostenían que era síndrome de Down, mientras que Mariela García explica que son las dos condiciones”.

 El concepto de “malestar”, que en la contemporaneidad entendemos como enfermedad, fue representado en las cerámicas de culturas como La Tolita-Tumaco, Bahía, entre otras. (I).  

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