Internet: la caverna de los acosadores

La furia de su acosador se desató cuando Carol contrajo matrimonio y empezó a exigirle respeto a su atacante y parar sus agresiones: entonces, él pasó al acoso.
04 de noviembre de 2020 00:00

Carol (nombre protegido) es una mujer quiteña que recibió insultos, amenazas y chantajes en más de mil quinientos mensajes electrónicos desde varias aplicaciones de internet entre las que se incluyen mensajería electrónica y WhatsApp. La furia de su acosador se desató cuando Carol contrajo matrimonio y empezó a exigirle respeto a su atacante y parar sus agresiones: entonces, él pasó al acoso.

A pesar de ser la víctima, Carol enfrenta un proceso legal que le instauró su violentador. Un informe elaborado por la antropóloga Nadia Álava Jurado detalla que Carol fue víctima de varios tipos de violencia en los más de mil quinientos mensajes que le envió el perpetrador: violencia psicológica, violencia sexual, violencia patrimonial, violencia simbólica/dominación masculina y violencia moral. Además, la profesional concluye que en los correos que recibió Carol “concurren a la vez los diferentes tipos de violencia de género de modo simultáneo y en distintos ámbitos”.

Para llegar a estas conclusiones, la antropóloga Álava analizó los correos electrónicos que recibió Carol con un enfoque en la comunicación y el género. Dichos correos contienen insultos como: “puta”, “zorra”, ”no vales nada”, “idiota”, “retrasada”. Los insultos reflejan “posiciones de poder, una convicción de superioridad sobre la mujer, por ejemplo cuando utiliza palabras como ‘animal’, ‘cucaracha’, ‘basura’, ‘escupitajo de perro’, ‘mojigata’, ‘malparida’, ‘cerdo sin sangre’, se hace alusión a algo inferior, subordinado a él, digno de ser desechado”. El emisor pretende decir “como tú eres una cucaracha, yo puedo pisarte y matarte, es mi decisión darte o perdonarte la vida, eres un insecto que produce asco y yo decido cómo matarte”.

La antropóloga Álava agrega que la escritura del emisor es propia de sujetos planos en sus emociones positivas, con necesidad de sentirse admirados y creyéndose “cotizados”. El autor de los correos hace uso de estereotipos de violencia de género, con relaciones asimétricas de poder de tal modo que naturaliza la violencia y refleja odio exacerbado, por ejemplo cuando escribe “cara de verga no sabes como te detesto a nadie nunca le deteste tanto eres menos que la mierda de un perro cabrona”.

Según informes psicológicos de Fiscalía, “se descarta una patología clínica y severa de personalidad, y alguna que pudiera corresponder a un perfil de agresión. Carol no representa un peligro para sí misma o para los demás”. Lo que sí causó en Carol el acoso que sufrió es “rasgos compulsivos y síndromes clínicos con elevados niveles de depresión y ansiedad”.

La legislación ecuatoriana considera al cyberacoso un delito cuando las víctimas son menores de edad. A las las víctimas mayores de edad no las ampara una legislación específica. Según la abogada especializada en género Lissette Pardo Jijón, “el vacío legal actual provoca que este tipo de delitos se dilaten y demoren en resolverse. Por lo tanto, los abogados especializados en género llevamos nuestras defensas amparados en la ley orgánica para prevenir y erradicar la violencia contra la mujer como una ley supletoria al Código Orgánico Integral Penal. Estos delitos son cada vez más frecuentes y no se puede permitir que queden en la impunidad por lo que ya se planteó crear este tipo penal”.

Sería un mensaje funesto para la sociedad y las mujeres en particular, que la violencia que sufrió Carol “de forma sistemática” durante más de dos años, quede en la impunidad. Los operadores de justicia deben velar por las víctimas. No por los agresores

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