Especial La Iglesia católica en crisis

Las misiones acompañaron el proceso de colonización

- 31 de diciembre de 2018 - 00:00
Los franciscanos también se dispersaron por Europa, Asia y África, donde predicaron su evangelio “como extranjeros y peregrinos”.
Foto: John Guevara / El Telégrafo

Junto con los conquistadores españoles también arribaron a América los misioneros católicos bajo la consigna “Ha llegado la hora de Dios”.

El proceso de colonización estuvo acompañado de una impositiva evangelización que no ha parado hasta ahora, aun cuando hay más resistencia a estas costumbres y cada día crece el agnosticismo y el ateísmo.

Según el escritor Julio Tobar Donoso en sus Estudios sobre historia ecuatoriana, fueron cuatro las grandes congregaciones misioneras que trabajaron “constante e infatigablemente en la parte oriental de la Presidencia de Quito”: La Merced, Santo Domingo, San Francisco y La Compañía de Jesús.

El cardenal Antonio González, arzobispo emérito de Quito, señalaba que en la Sierra, en la Costa, con excepción de Esmeraldas, y en la región oriental más cercana a la cordillera se fundaron diversas “doctrinas” que enseñaban a los indígenas la fe católica.

Una empresa que se originó cuando el papa Alejandro VI, mediante la Bula Inter caetera de mayo de 1493, impuso a los reyes católicos “el formal mandato de procurar la evangelización del Nuevo Mundo”.

Desde la Independencia las misiones tuvieron curas nombrados por el propio obispo de Quito, que se desplegaron en Canelos, Quijos, en el Napo y en el Putumayo; algunos fueron religiosos y otros seculares.

Fue en ese período cuando las misiones fueron afectadas por el poder, sobre todo los jesuitas. En 1767 se da el “Extrañamiento del Reino de Quito”, con el que se sanciona a la orden jesuita con su expulsión, por petición del rey Carlos III.

Sin embargo, en 1812, la Corte de Cádiz pide el retorno de los padres jesuitas, por petición de los diputados sudamericanos y, en 1815, se deroga la sanción de Carlos III.

En 1850 se genera el primer retorno de los jesuitas a Ecuador, durante el gobierno de Diego Noboa y 2 años más tarde se da una segunda expulsión desde el gobierno del general José María Urbina.

En 1862 se da el segundo y definitivo retorno de la congregación, durante el gobierno de Gabriel García Moreno, quien propuso solicitar al Vaticano la creación de un segundo vicariato apostólico, aunque esta demanda quedó postergada durante los años en que gobernaron Ramón Borrero e Ignacio de Veintimilla.  

Con la Revolución Liberal la Iglesia católica sufrió un desaceleramiento en la expansión de sus misiones y en la incidencia sobre el gobierno.

Eloy Alfaro estableció un país en el que se marca una diferencia entre Estado e Iglesia y, algunos de sus seguidores, fueron abiertamente anticlericales. Sin embargo, las prácticas religiosas recuperaron terreno durante el siglo XX e incluso hoy existen más confesiones en el país.

Miembros de estas últimas retomaron la misión evangelizadora que habían desempeñado los sacerdotes católicos en la Amazonía. (I)

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Papa sintoniza con la Teología de la Liberación

La Teología de la Liberación, surgida en América Latina en el marco de las luchas por mayor justicia social y arraigada en los movimientos sociales, parece estar amparada bajo el manto del jesuita argentino Jorge Bergoglio, el papa Francisco, una figura identificada con la ideología de izquierda.

El Vaticano históricamente ha visto mal la Teología de la Liberación, pero podría estar “acercándose” a una reconciliación con la iglesia ante los pasos que está dando Francisco, según consideró el jesuita José Tojeira.

“Hay que reconocer que el papa Francisco está dando enormes pasos frente a la Teología de la Liberación, vemos un escenario positivo donde cabe una reconciliación, tomando en cuenta que es una deuda que tiene la Iglesia católica”, recoge la AFP.

Para el sacerdote, quien es exprovincial de la Compañía de Jesús para Centroamérica, con la llegada de Francisco “se abrieron nuevas esperanzas” de tener “una iglesia cercana a los pobres”.

“La iglesia tuvo hasta hace poco una visión muy distinta de la Teología de la Liberación, la vio como una corriente casi revolucionaria de la fe, pero eso está cambiando y es alentador”, sostuvo Tojeira, actual director de la Pastoral Universitaria de la Universidad Centroamericana (UCA).

En años pasados, el papa Francisco recibió en una audiencia privada al sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, considerado el padre de la Teoría de la Liberación.

“El papa Francisco está consciente de que la Iglesia católica debe estar cerca de los pobres, y todas esas acciones que vemos de su parte marcan la diferencia de su pontificado. Es un Papa que no quiere una iglesia separada”, sostuvo Tojeira.

El Vaticano, bajo el pontificado de Juan Pablo II (1978-2005), acusó de marxista a la Teología de la Liberación por resaltar la opción preferencial de Dios por los pobres y sancionó a varios sacerdotes vinculados a ella, como el brasileño Leonardo Boff o el nicaragüense Ernesto Cardenal.

El Papa, percibido como un reformista dentro de la compleja trama de tendencias en la curia, predica la pobreza y la humildad como sus principales banderas desde su elección como sucesor de Benedicto XVI, hace cinco años, en marzo de 2013.

“El papa Francisco recoge las grandes líneas básicas de la reflexión teológica latinoamericana, pobreza y pecado estructural”, dice el teólogo jesuita Ernesto Cavassa, rector de la peruana universidad Antonio Ruiz de Montoya. “Este Papa quiere que la Iglesia recoja la visión de los pobres”, acota Cavassa, para quien Francisco sintetiza los mayores aportes de la iglesia latinoamericana a la doctrina social de la Iglesia. (I)

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