El matrimonio pierde espacio ante libertad juvenil

- 02 de agosto de 2019 - 00:00

Las relaciones abiertas, las ganas de conocer el mundo, los deseos de prepararse más y otros factores inciden en la disminución de los enlaces.

Elizabeth Chasi, de 23 años, es madre de un niño de dos. Durante casi un lustro convivió con el padre de su pequeño hasta que hubo problemas en la relación.

Antes de que esto ocurriera, él le propuso  matrimonio, pero ella no aceptó.

“Toda mi vida he creído que no es tan importante casarse. Para mí eso no garantiza estabilidad. El matrimonio no te asegura nada”. Hoy Elizabeth vive sola con su vástago.

En la última década el número de matrimonios se redujo el 20%, según el último reporte del  Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

¿Ha cambiado la manera de ver las relaciones en el país? Según Víctor Iza, docente de ética de la Universidad Politécnica Salesiana de Guayaquil, existen tres factores vinculados a esa percepción de los enlaces: individualismo, compromiso y desencanto.

 En el primer caso,  las personas prefieren la realización profesional, conocer el mundo y la conservación de su independencia.

En el segundo caso -añadió- se prefieren las relaciones cortas.  “La vida en pareja sin necesidad de que exista un compromiso indefinido”.

En el tercer caso existe un desencanto  de lo tradicional. Los jóvenes no creen en el matrimonio ni quieren que les impongan un modelo de vida. “Por lo tanto deciden no tener hijos y evitan casarse, sin dejar de amar profundamente”.

La “libertad” percibida para las nuevas generaciones  es como lo más valioso. 

Ante este panorama -explicó Cristian Yong, docente de psicología de la Universidad Ecotec- la institución del matrimonio ha quedado para ellos como “anticuada”, innecesaria e impositiva.

“Ellos consideran que no van a cumplir sus metas, se sienten acosados y anhelan su tiempo libre”.

Pero el fenómeno no es nuevo, sino que proviene de décadas pasadas.

Así lo analizó el historiador Juan Paz y Miño, decano de la facultad de Comunicación, Artes y Humanidades de la Universidad UTE. 

Precisamente en la década del 60 hubo condiciones culturales y mundiales, como el movimiento hippie, el amor libre y nueva música.

Además -explicó- la incorporación de las mujeres a los estudios universitarios y al trabajo rompió con esos conceptos conservadores sobre el matrimonio civil, exclusivamente como forma  de relación de pareja y terminó con la absoluta dependencia con el hombre.

“Las nuevas generaciones piensan en el matrimonio de forma más tardía. El enlace ya no es refugio económico, sino social y amoroso”, indicó.

En cambio, Guillermo Flores, sociólogo de la Universidad de Especialidades Espíritu Santo, consideró que el fenómeno se debe a la falta de valores y principios.

Antes -manifestó- la relación duraba, pero ahora es más fácil divorciarse con la figura del mutuo consentimiento en las notarías o juzgados.

La separación creció
Evelyn Sánchez, de 29 años, pronto cambiará su estado civil de casada a divorciada. Ella  tramita su separación después de nueve años de relación. 

 ¿La causa? Su esposo le confesó que ya no la amaba. Para ella ya no tiene sentido quedarse junto a alguien en esas condiciones. “Así que decidí separarme”.

En los últimos 10 años el país también registró un incremento de 33,3% en los divorcios.

Yong, quien da terapias a matrimonios que rompen después de 20 años y otros que lo hacen tras un año de relación, ha identificado la incapacidad de asumir el compromiso y las responsabilidades de la relación.  “Ellos no están dispuestos a modificar su proyecto de vida para ajustarse al de la pareja”.

El egoísmo y la inmadurez no les permiten dejar de lado cosas individuales y darle paso a lo que como pareja pueden crear. “Así empiezan los problemas”.

Otra de las causas de la culminación es la violencia, maltrato, abandono sexual y la diferencia de gustos, según el psicólogo clínico y terapeuta familiar Isaac Villacreses.

“Algunos señalan que el matrimonio ha sido una mala experiencia y otros que dieron el paso muy jóvenes”.

A esos factores se suman el adulterio de uno de los cónyuges y los tratos crueles contra la vida del otro. El año pasado se registraron 1.140 divorcios originados por este tipo de situaciones. (I) 

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