Aún no se halla la cura para la enfermedad

Estimular al paciente con párkinson mejora su calidad de vida

- 14 de abril de 2014 - 00:00

Aún no se halla la cura para la enfermedad

Cantarle, hablarle o leerle un libro a un paciente con la enfermedad de Parkinson es parte importante de la terapia a la cual debe someterse. Los encargados de brindarles esta compañía no solo pueden ser familiares sino cuidadores especializados en dicha tarea.

El neurólogo y especialista en Geriatría, Pedro Pablo Gómez, señala que la clave en la recuperación de un paciente con párkinson está en manos de una persona tolerante que pueda ayudarle a diario.

“Debe saber cómo le da de comer, cómo le ayuda a vestirse y en ocasiones hasta bañarlo, porque la lentitud del parkinsionano es propia de su enfermedad”, expresa Gómez.

El temblor y la rigidez muscular son otras de las características comunes de esta patología que afecta al sistema nervioso central y produce la descoordinación del movimiento y de la postura.

Según la Asociación Civil de Enfermedad de Parkinson (Acepar) la patología afecta al 1% de la población que supera los 60 años de edad en el mundo, es decir a 6,3 millones de personas.

Dentro de este grupo se encuentra la guayaquileña Aída Cabezas, quien se enteró de que padecía la enfermedad hace cuatro años y asegura que desde entonces depende de las medicinas para no temblar.

A sus 73 años se encuentra bajo el cuidado de una de sus hijas. Una de las medidas que han tomado para prevenir accidentes y que pueda desplazarse con facilidad es adaptar el piso para su condición.

El especialista Pedro Pablo Gómez señala que la adecuación de los espacios también interviene en el acompañamiento del paciente con párkinson. (Ver infografía).

Sin embargo insiste en que lo principal “es encariñarse con la persona que tiene la enfermedad y saber que la presencia de nosotros es mejor que la medicina”.

Además de eso recomienda que el enfermo de párkinson debe realizar actividades constantes para que su cerebro esté siempre activo.

El jefe del servicio de Neurocirugía del Hospital Abel Gilbert Pontón, Héctor Pesántez, señala que el dinamismo de estos individuos evita alteraciones psicológicas como depresión, déficit cognitivo e incluso demencia parkisoniana (conocida comúnmente como locura).

Menciona que el apoyo multidisciplinario de las áreas de neurología, neurocirugía, fisiatría y psicología también son importantes en la recuperación, pues si bien hasta el momento el mal no tiene cura, representan mejoras paliativas.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) esta afección tiene mayor incidencia en el grupo etáreo que va de los 55 a los 65 años, pero también se da en personas más jóvenes, de 20 a 50 años y cuando eso ocurre es una situación difícil de enfrentar.

Pesántez manifiesta que las personas que sufren infartos cerebrales de manera consecuente pueden llegar a tener un parkinsonismo secundario y ante ello se recomienda un tratamiento inicial farmacológico, la evaluación médica y si lo amerita, someterse a cirugía.

Entre las más efectivas está la estimulación cerebral profunda que consiste en colocar “a nivel de los núcleos subtalámicos algo similar a electrodos, en el fondo del cerebro, y luego conectarlos a una batería que transmite pequeños voltajes para regular la actividad neuronal”, explica Pesántez.

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