El párkinson no le quitó su eterna pasión por el fútbol

- 02 de marzo de 2019 - 00:00
Niños y jóvenes atienden las indicaciones que da “Machito”. Ellos siempre motivan a su entrenador..
Andrea Cañar / EL TELÉGRAFO

La enfermedad no alejó a José Uyaguari de los entrenamientos que realiza con jóvenes y niños. Cincuenta personas se entrenan con él. Hace 10 años ganó la copa en la categoría Sub 17.

Luego de dos horas y media de viaje desde Guayaquil, por vía terrestre, está el recinto Esperanza del Carmen que pertenece a la provincia de Guayas.

Ahí se encuentra el domicilio de José Uyaguari, más conocido como “Machito”. 

Hace 13 años, en el Hospital Francisco de Icaza Bustamante, de Guayaquil, le detectaron el párkinson, una enfermedad degenerativa que con el transcurso del tiempo afecta las neuronas.

Desde niño su pasión fue el fútbol  y por su talento en este deporte lo seleccionaron en equipos de su recinto. También participó en selecciones de otras provincias.

Su vida siempre ha girado en torno al balompié. Por ello  incentiva a los niños a practicar este deporte.

“Machito” recuerda que inició sus entrenamientos con 22 personas, entre niños y adolescentes.

Hace 10 años, cuando participó por primera vez en un campeonato, ganó la copa en la categoría Sub 17.  Los jóvenes de esa época tienen  grabado en su memoria el triunfo de su director técnico. Eso les ha servido de incentivo. En las tardes los niños acuden al domicilio de su entrenador para realizar los ejercicios correspondientes a la rutina diaria.

Joel García, seleccionado de la Sub 14, manifiesta que se siente feliz de que él lo entrene, porque siempre está con sus equipos en todos los lugares que lo invitan.

“‘Machito’ es una persona que no solo nos ayuda en los entrenamientos, sino que también nos aconseja”.

Antes de cada entrenamiento toma su pastilla para  realizar su rutina de actividades con los 50 niños del Club Atlético Nacional de su recinto.

Por la falta de recursos económicos no tiene las herramientas necesarias para efectuar un entrenamiento profesional, pero les enseña lo fundamental para que se defiendan en la cancha. 

Luis Alvarado, padre de familia, argumenta que no importa su capacidad especial, pues ellos no dudan ni un solo momento de que “Machito” se lleve a sus niños porque siempre los cuida.

Alvarado aplaude la labor desinteresada que él realiza con los menores y adolescentes.

“Machito” es feliz  como  DT y dice que seguirá así hasta cuando ya no tenga fuerzas.

Sin embargo, los dolores constantes en su espalda y torceduras en los dedos son  síntomas de esta enfermedad degenerativa.

Aun así él no se amilana y continúa entrenando a los niños y jóvenes de su sector. (I) 

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