Niños cuidan el ambiente en primera escuela sustentable
La temperatura exterior es de 7.5°C, en una mañana de invierno, sobre Jaureguiberry, 85 km al este de Montevideo (Uruguay). Sin embargo, dentro de la primera escuela pública sustentable de América Latina, la temperatura llega a 20°C.
La escuela se distingue por su arquitectura peculiar, cuya construcción está pensada para que ningún residuo se arroje al entorno. La infraestructura no está conectada a la red eléctrica, ni a tuberías de agua sino a paneles solares que se observan a simple vista en el techo del recinto. Tiene 39 alumnos, algunos son muy pequeños y otros están terminando su educación primaria. Ellos saben que tirar basura está mal y aprendieron que con los residuos orgánicos pueden hacer compost, un fertilizante natural que utilizan para la huerta que crece, delante de los tres salones de clase.
Plantas de albahaca, tomates, frutillas y acelgas, berenjenas o brócolis, y también un banano poco adaptado al frío invernal, se desarrollan gracias a la temperatura controlada y el riego permanente.
En el techo, el agua de lluvia se recoge mediante canaletas que van hacia un sistema de filtrado. De allí a los baños, a la huerta, para terminar, el sobrante, en un humedal donde todo se descompone con impacto mínimo sobre el entorno. (I)
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