Ecuador / Domingo, 01 Febrero 2026

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Los artesanos de Guangopolo mantienen el oficio de la elaboración de artesanía con el pelo del caballo.

Guangopolo y el caballo: un oficio ancestral revive en el Año Nuevo Chino

Los artesanos de Guangopolo mantienen el oficio de la elaboración de artesanía con el pelo del caballo.
Foto: El Telégrafo
El Año Nuevo Chino está a punto de comenzar y un oficio destaca: la elaboración de artesanías con el pelo del caballo, pero no en el gigante asiático sino en Ecuador.
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Entre risas, miradas tímidas y mucha complicidad, las artesanas de Guangopolo dan forma a largas y finas tiras del pelo del caballo. Con un peine de plástico, estiran con cuidado cada hebra hasta anudarlas en un solo manojo. 

Este proceso se hace dos veces hasta lograr que el pelo del mamífero quede totalmente liso y ‘parejo’. Mientras cumple con estos pasos, las mujeres y -en menor cantidad hombres- conversan sobre su vida diaria. 

Sus familias, sus quehaceres y sus ventas son parte de la tertulia que se vive en el Centro Cultural El Cedacero, ubicado a una cuadra de la iglesia central de esta parroquia rural del Distrito Metropolitano de Quito. 

Este espacio no solo es un lugar de trabajo sino un sitio de convivencia de nueve artesanos, que se dividen en grupos para vender sus productos elaborados con el pelo del caballo. 

En las mesas están distribuidas ordenadamente las artesanías. En un lado están los llaveros y las cintas para los sombreros. También están los aretes, pulseras y cepillos, pero la estrella es el cedazo

Narcisa Alomoto tenía apenas siete años cuando sus manos comenzaron a anudar y trenzar la larga cabellera del caballo. A su lado, sus padres le enseñaban con paciencia a trabajar en el telar, una herramienta que hoy casi nadie conoce, pero que para ella sigue siendo parte de su vida cotidiana. 

Con mucha destreza, la mujer de 60 años introduce cada hebra y va formando la tela que le servirá para realizar las artesanías que no tienen un precio alto. Oscilan entre USD 1 y USD 35. 

El valor más alto -reconoce Alomoto- es del cedazo porque es una artesanía que guarda una historia. Este utensilio estaba en las cocinas de las familias, casi siempre junto a la tulpa o fogón y servía para tamizar la harina que es un producto muy común en la Sierra ecuatoriana. Con él se preparan coladas de sal y de dulce, sopas, pan y demás. 

Hoy, este utensilio ha quedado rezagado y en las casas solo se observan cedazos de plástico que cuestan menos de USD 5. Sofía Cuji, de 57 años, sabe que el cedazo elaborado con la crin del caballo está desapareciendo, pero se resiste a que el oficio que aprendió de niña siga el mismo camino. 

“Antes éramos más artesanos, pero se han ido saliendo por diferentes factores como lejanía, familias y demás. Nos quedamos quienes estamos en la lucha para que prevalezca nuestra cultura y lo que nuestros ancestros nos enseñaron”, relata convencida de que las nuevas generaciones valorarán el trabajo realizado por las manos de quienes viven en las zonas rurales de la capital.

Alicia Coluba tiene 65 años y aunque reconoce que es un oficio laborioso sí le ha enseñado a una de sus hijas. Sin embargo, no es la única actividad que realiza, ya que no se gana mucho. 

“Nos falta más publicidad. Años atrás tenían una funcionaria del Municipio que hacía afiches o llevaba a los medios de comunicación para promocionar el centro cultural, pero ya no está. Necesitamos más apoyo”, declaró Alicia. 

Pese a que no tienen muchos visitantes, el año anterior visitaron Cuenca para mostrarle al mundo que su oficio “aún vive”. 

Guido Paucar, el único hombre de la asociación de cedaceros, aprendió el oficio de su bisabuelo. Mientras trenzaba el pelo del caballo, recuerda las historias sobre cómo sus antepasados comercializaban el cedazo. Hacían trueque: un cedazo por frutos secos y otros productos de la Costa. “Así traíamos los alimentos que necesitábamos a la casa”, relató.

¿Ha enseñado a sus hijos? Con tristeza señala que sí, pero ya no hay interés, porque ellos ya lograron estudiar y encontrar trabajo en la ciudad. “Hoy en día ya no se puede vivir de la artesanía. No es bien pagada”. 

Sin embargo, Guido y las ocho mujeres de la asociación El Cedacero tienen confianza de que turistas nacionales y extranjeros regresen a ver a Guangopolo y valoren la belleza de esta localidad. 

Además saben que el material que trabajan pertenece a uno de los símbolos de su comunidad: el caballo, el cual representa fuerza y vitalidad. “Es un símbolo de progreso para nuestras familias y nuestra parroquia”. 

Mientras en China se alistan la celebración del Año Nuevo del Caballo, en Guangopolo este animal sigue siendo símbolo de sustento. Para los artesanos, no es solo una figura festiva sino parte de su historia y de su identidad. 

El Año Nuevo Chino del Caballo está por comenzar 

A diferencia del calendario occidental, China basa su año en ciclos lunares. Es decir, comienza tradicionalmente en la segunda luna nueva después del solsticio de invierno, por ello cambia cada año. Este año el Año Nuevo Chino se celebrará el 17 de febrero de 2026. 

Este año es del Caballo de Fuego, una de las combinaciones más dinámicas de los signos del zodiaco. Ocupa el séptimo lugar de los 12 animales del zodíaco. 

La libertad, la independencia, la iniciativa y la energía en movimiento son sus características principales, por lo que será un año de acción, creatividad y transformación. 

Actividades que se hacen en China por el Año Nuevo del Caballo 

Los festejos por el Año Nuevo Nuevo pueden extenderse hasta 15 días. Uno de los eventos centrales y más llamativos es el Festival de los Faroles. 

En ese día, en los pueblos y ciudades se colocan faroles colgantes; hacen desfiles con figuras tradicionales y hay una explosión de luz y color. Simbolizan la despedida del invierno y se da la bienvenida a la primavera. 

En las casas se realizan reuniones familiares, entrega de sobre rojos con dinero (hongbao), comidas tradicionales, danzas de leones y dragones y espectáculos de fuegos artificiales. También se desean buena fortuna, prosperidad y protección frente a la mala suerte. 

Viralización del peluche ‘crying horse’ 

En el mundo digital también se preparan para celebrar el Año Nuevo Chino del Caballo. Recientemente se viralizó un peluche conocido como ‘crying horse’. Es de color rojo y tiene una expresión triste. Se ha convertido en un ícono en las redes sociales. 

La moda de lujo también aprovechó el impacto del Año Nuevo Chino para sacar sus colecciones. Marcas como Hermés, Dior y Burberry han integrado motivos ecuestres mostrando la fuerza, libertad y elegancia del caballo. 

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