Leonidas Illescas teje el cuero hace cinco décadas
Una a una entrelaza las tiras de cuero para darle forma a las tradicionales sandalias de la “chola cuencana”.
Leonidas Illescas es uno de los pocos artesanos que aún se dedica a la confección del elegante calzado que lucen las mujeres en combinación con la pollera, el centro, el bolsicón, la blusa bordada, el sombrero, el paño y los zarcillos, que acompañan con sus largas trenzas.
Illescas nació en Cuenca, pero hace cinco años se radicó en el cantón Girón. Su taller se encuentra en una calle aledaña al Parque Central de la localidad.
Sentado en un pequeño banco de madera, rodeado de sus herramientas, Illescas usa distintas hormas para crear los diseños, entre los que se destacan los tejidos de rosas y telarañas en los colores negro, blanco y beige.
“Tengo 55 años de experiencia. Empecé este trabajo cortando el cuero y haciendo botas para hombre, pero hace 18 años hago las sandalias que aprendí por habilidad en Yanuncay”, asegura el experto zapatero, de 65 años.
Orgulloso señala que su calzado es de calidad con auténtico cuero. Le toma entre dos y tres días elaborar un par.
“Primero se corta el material, se seca el cuero siquiera dos días, aunque depende del clima; luego se vira, se destalla y en la mitad de cada cinta se coloca un cordón resistente que le da durabilidad”.
Según el diseño trenza las tiras de cuero para darle un acabado atractivo en la parte de adelante de la sandalia.
La materia prima la adquiere en Cuenca por decímetros a un costo de $ 0,51; la suela cuesta $ 5 la libra y el taco lo hace de madera y su forma y medida depende del modelo.
Los costos
Illescas lamenta que con los años el uso de esta prenda se pierda por su costo y el ingreso de calzado desde otros países.
“Las mujeres de pollera son las únicas que usan este zapato. Lucen elegantes. Mi señora es de pollera, pero una vestidura de ellas llega, por lo menos, a $ 800 y como ahora tenemos zapatos baratos se ponen solo las que tienen”, indica el artesano, quien comercializa el par de sandalias entre $ 45 y $ 50.
Illescas conserva los saberes antiguos de la confección de este tipo de calzado.
Recuerda que hace unos 30 años empezó a declinar el negocio porque vino el zapato de China. “Bajaron las ventas y nos quitó la fuerza”.
Sin embargo, él se resiste a dejar de fabricarlos y señala que lo hará “hasta que Dios me dé vida y salud”.
Yolanda Vera acude al local de Illescas y aunque pide una rebaja en el precio, el artesano se niega.
“Aquí conocen mi trabajo, saben la calidad y por eso me compran”. (I)
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