Aficionados a las aves recorren nueve rutas

Los 1.000 expertos contabilizaron las especies que existen en las zonas urbana y naturales del país. El conteo se efectúa hace 22 años en el territorio nacional.
22 de diciembre de 2017 00:00
Daniel Arias, que pertenece al colectivo Aves Quito, y Adela Espinosa, integrante de la Fundación Jocotoco, realizaron el fin de semana un avistamiento en el Parque Rumipamba (Quito).
Fotos: Mario Egas / El TELÉGRAFO
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El sonido que emiten las más de 200 especies de aves que habitan y llegan al Jardín Botánico, en el parque La Carolina (norte de Quito), es envolvente.

El reloj marca las 06:50 del último domingo y un colibrí de cola larga se posa sobre la rama de uno de los frondosos árboles del lugar. En menos de un minuto, el colorido ejemplar mueve sus alas y se pierde entre la vegetación. 

Su fugaz vuelo no es impedimento para que un grupo de jóvenes capte su presencia con los binoculares.

El huirachuro se encuentra frecuentemente en los parques de Quito. Los adultos son amarillos con cola y alas negras moteadas con blanco.   

Daniel Arias, del colectivo Aves Quito, no necesita ver el ejemplar para identificar a la especie que pertenece, le basta escuchar su canto.

Él es guía turístico y desde hace dos años vive en Guayaquil. Sin embargo, cada diciembre regresa a la capital de la República para participar en el Conteo Navideño de Aves, evento que se organiza desde 1994 en Ecuador.

La iniciativa ambiental  surgió en Estados Unidos, en la década del noventa, con el objetivo de suplir la cacería de patos que se realizaba en el último mes del año. 

Los organizadores nacionales comentan que cerca de 1.000 participantes, entre expertos, aficionados, guías turísticos y voluntarios, registran -durante 24 horas consecutivas- todas las especies de aves que habitan en una zona.   

El evento
Este año se delimitaron nueve rutas, incluida una urbana, que abarca igual número de parques capitalinos, tres cerros, el Jardín Botánico y el Reservorio de Cumbayá.

Adela Espinosa, quien pertenece a la Fundación Jocotoco, estuvo en una el pasado fin de semana.

Ella y Arias efectuaron un corto recorrido por el Parque Rumipamba. Los mirlos, gorriones y quindes fueron registrados en su lista.

Otra de las rutas se encuentra a tres horas de Quito, en  Cosagua. Sandra Morocho, que es guía y coordinadora del conteo en esa localidad, expresó que ahora el único “armamento” usado para el avistamiento son unos binoculares, un telescopio y una libreta.

Justamente, por cuatro años consecutivos (2011-2015),  Cosagua Narupa obtuvo el primer lugar del certamen navideño. 

En 2016 observaron 430 especies. Destacaron 27 migratorias, 43 tropicales, 65 atrapamoscas y 68 tangaras. Llamó la atención de los participantes la localización del águila arpía, una especie que actualmente se encuentra en peligro de extinción.

Mindo Tandayapa es otra ruta del conteo. A escala mundial, en 2016 esa zona logró registrar la mayor cantidad de especies (456).

Sandra Patiño, coordinadora del conteo en la zona, es una de las más antiguas “pajareras”. Ella ha participado en 20 de las 22 observaciones del circuito.

Patiño y Morocho coinciden en que la conservación es el objetivo principal del acto.

“Las aves son indicadores ambientales precisos. Su presencia y permanencia  permiten conocer si un ecosistema es saludable”. 

Este año fue el segundo en el que se incluyó al Parque Nacional Yasuní. Jarol Vaca, guía nativo, indicó que el censo iniciado el pasado 18 de diciembre concluirá justamente hoy.

Está previsto que los resultados mundiales se conozcan en enero de 2018.

En Quito destacan tres especies
Los resultados del conteo del año pasado revelaron que en la urbe capitalina habitan 120 especies.

Las tres más comunes son tórtola orejuda (color plomo, parecida a las palomas que se encuentran en las plazas), el mirlo (negro, de pico naranja) y el gorrión chingolo (especie pequeña).

Seguido de aquellas se registraron  dos tipos de golondrinas: azul y blanca. Se sumaron el quinde herrero, el águila pechinegra, tres clases de búhos y cinco de colibríes gigantes. (I)  

Población de cóndores pasó de 19 a 28 en el sur del país
El cóndor andino, la imponente ave considerada por los indígenas como el ‘mensajero de los dioses’, continúa en peligro crítico de extinción en el país.

De acuerdo con los resultados del primer censo regional del cóndor en el sur del país -desarrollado en septiembre de este año- se encontraron 28 individuos, nueve más que en 2015, cuando se identificaron 19, revela el informe del Proyecto de investigación del cóndor andino en el Ecuador (PICE). “Pero esto no quiere decir que la población aumentó, porque el 79% es adulto y el 14% subadultos y juveniles. Hay una alta mortalidad o una baja tasa de reproducción. Esperemos, en los próximos días, observar algún huevo, porque una de las parejas que encontramos copuló”, comentó ayer Sebastián Kohn, del Centro de Rescate Ilitio.

De los 22 individuos adultos, siete son machos; siete, hembras; y de ocho no se identificó el sexo.

Hubo dos subadultos: un macho y otro sin identificar. De ninguno de los dos juveniles se definió su sexo y de otros dos no se determinó el sexo, ni la edad.

Por ello, Kohn sugiere que se realicen más investigaciones y trabajos de campo en la zona. La principal amenaza aún es la caza de este animal.

El Código Orgánico Integral Penal (COIP), en el artículo 247, establece privación de libertad de uno a 3 años a quien capture, pesque o trafique especies amenazadas o en peligro de extinción.

Otra conclusión del estudio es que el 70%  de los cóndores pasan en áreas privadas y el 30% dentro del sistema de zonas protegidas. “Quizás una de las razones sería la expansión de la frontera agrícola y las pocas cabezas de ganado que existen en el interior de los sitios vigilados”, refirió Andrés Ortega, del Instituto Tueri de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ).

El Censo Regional se efectuó en 87 sectores de uso de la especie, distribuidas en seis provincias: Cañar, Azuay, El Oro, Loja, Morona Santiago y Zamora Chinchipe.

Estas zonas se identificaron por el monitoreo satelital de la cóndor hembra Chunka (diez en quichua) que lleva un rastreador desde 2015. Cuando la especie fue capturada le hallaron seis perdigones, cuatro de los cuales fueron extraídos.

“Hemos hecho análisis de plomo en la sangre y se ha comprobado que las especies no tienen una alta concentración de este metal por lo que no sería este una causa de su muerte”.

Durante los tres días del censo en el sur se identificaron 10 en Loja, nueve en Azuay y siete en Cañar. Por ese motivo, se creó la “Nueva reserva sur para la conservación del cóndor” que comprende 35.000 hectáreas.

“Esta información ayudará a mejorar las políticas de conservación de la especie”, manifestó Paúl Aulestia, especialista en vida silvestre del Ministerio del Ambiente. (I)   

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